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Los libros sagrados de las diferentes religiones del mundo, por lo general han puesto a los humanos como la cúspide de la creación; en la versión cristiana, hechos a imagen y semejanza de Dios. La ciencia actual ha puesto en evidencia las limitaciones humanas, al observar las grandes deficiencias que tenemos en comparación con otras especies, haciéndonos bajar la cabeza con humildad ante las maravillas de la evolución.

Lo mismo ha sido la visión que las religiones han tenido de la realidad del universo. Para ellas su cronología es tan solo en miles de años hasta llegar 10,000, en cambio cuando hablamos del tiempo geológico y más aún del tiempo del universo, los científicos lo hacen en millones y miles de millones de años. La visión en cuanto al espacio, para las religiones un diluvio universal es la visión que tenían cuando su río llamase Nilo, Eufrates o Tigris, se desbordaba. Para la ciencia geológica el diluvio son los eventos volcánicos y derivados de choques de meteoritos los que han protagonizado hace millones de años cinco grandes extinciones en nuestro planeta, la última dada en el cretaceo hace 65 millones de años, y la penúltima en el pérmico hace 250 millones de años; en ambas extinciones se destruyó el 99 % de la vida en la Tierra. Y si profundizamos más en el tiempo, llegamos a la edad del universo donde el bing bang puso fecha al inicio de la evolución astronómica, hace 13,500 millones de años. La ciencia en todos los campos de la cosmovisión y la realidad humana, ha dejado en harapos las explicaciones metafísicas derivadas de las religiones ancestrales; reduciendo éstas a cuentos provincianos y folklóricos.

A pesar de los avances de la ciencia, las religiones ancestrales y nuevas, siguen en su terquedad al aferrarse a causas sobrenaturales acomodadas con las “muletas” de la ciencia para no perder poder ante la masa de creyentes. Los nuevos apologistas de las religiones teístas, ahora nos informan que los días de Dios no son los mismos que los días de los humanos, pareciese que Dios se los “sopló” recientemente después de que la ciencia expandiera el tiempo. También argumentan con racionamiento seudo científico, el supuesto “Diseño Inteligente” de las criaturas en el marco de la evolución. La ciencia evolutiva establece que ni es diseño y mucho menos inteligente; por las deficiencias adaptativas de los organismos, mostradas a través del tiempo en las grandes extinciones provocadas por cambios drásticos en el entorno. Lo que es una cualidad de adaptación hoy, puede ser causa de extinción mañana.

La nueva apologética religiosa “endulzada con ciencia”, también se mete en la astronomía y dicta nuevos argumentos que aseguran que el planeta Tierra fue creado bajo especiales e improbables condiciones para sostener la vida. Argumentan que el Sol es de tamaño perfecto, pues si fuera de otra forma no podríamos vivir aquí. La Tierra está en la órbita exacta para sostener vida y es del tamaño perfecto, por lo tanto esto solo puede tener origen en una voluntad divina, la cual puso todas las cosas en su debido orden. La nueva parafernalia argumental de las religiones teístas que presumen su modernismo, continúan pensando que todo lo que existe está en función de la existencia del hombre o de la Tierra.

No obstante, la ciencia siempre tiene la inteligencia de destruir a las creencias absurdas aunque éstas jueguen al “camaleón” de la modernidad. Este año se celebró la XXVII Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional. El principal tema que se discutió con gran candencia fue el estudio de las condiciones astrofísicas favorables para el desarrollo de la vida y la sobrevivencia de la misma en los cuerpos celestes como la Tierra.

Nuevos estudiosos informaron en la asamblea que encontraron, comparando las nuevas estrellas con nuestro Sol de mediana vida, las primeras que se han formado recientemente giran más rápido, lo cual hace que generen campos magnéticos mayores y emisiones de rayos X más intensos. También generan más rayos ultravioleta y partículas cargadas; esto impacta sobre las atmósferas y tiene un efecto hostil para las nuevas formas de vida. Muchos investigadores concluyeron así que nuestro Sol tuvo en su momento esas mismas condiciones, que hacían la vida en la Tierra imposible.

El investigador Edward Guinan, profesor de astrofísica y astronomía de la Universidad de Villanova, Pennsylvania, explica lo más revelador de las investigaciones:
El Sol no aparenta ser la estrella perfecta para un sistema donde va a surgir la vida. Aunque no podemos discutir con el ‘éxito’ que éste ha logrado para generar vida pues es la única estrella que conocemos con un planeta con vida, nuestros estudios indican que la estrella ideal para generar vida por decenas de billones de años sería una estrella más pequeña como una Enana Naranja con una vida más alargada que el Sol. Estas estrellas son más estables con una zona habitable que permanece en el mismo lugar por billones de años. También son 10 veces más numerosas que el Sol y proveen el hábitat ideal para el largo plazo.

También la Tierra no es ideal para la vida. Afirma Guinan:

También hemos encontrado que los planetas como la Tierra tampoco son necesariamente los más ideales para la vida. Planetas que son dos o tres veces más masivos, con mayor gravedad, pueden retener su atmósfera mejor. También tienen un centro metálico líquido mayor, dándole un campo magnético que los protege de los rayos cósmicos. En adición, un planeta más grande se enfría más lentamente y mantiene su protección magnética.

Los científicos están de acuerdo con que el periodo de habitabilidad de la Tierra está acabándose, en una escala cosmológica. Para el investigador Guinan, el Sol y la Tierra no son buenas parejas para la vida. Esto lo muestran las evidencias de los pocos sobrevivientes que ella ha tenido si se compara a las cantidades de especies extintas.

La fragilidad de la Tierra para sostener vida es evidente para la ciencia y no se necesita amenazar con revelaciones apocalípticas de corto plazo para provocar la zozobra de la psiquis de los supersticiosos. La noción del tiempo de la ciencia y sus predicciones no tiene por qué preocupar a nadie, pues tenemos tiempo de sobra para que la ciencia nos defienda como especie, siempre y cuando las supersticiones religiosas se arrepientan de desviar el camino de la verdadera salvación de las especies de la Tierra.


rcardisa@ibw.com.ni