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Hoy, a las seis y media de la tarde en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, Luis Enrique Mejía Godoy cantará a los poetas de Nicaragua y así pondrá alma a la celebración de los 95 años del poeta José Cuadra Vega. Josecito nació en Granada, Nicaragua, el 21 de febrero de 1914. Veinte años más tarde sería la fecha en que Anastasio Somoza García, el iniciador de la “estirpe sangrienta”, ordenaría asesinar a Sandino. En aquel hecho sangriento participó el mayor de los hermanos Cuadra Vega, Abelardo, entonces oficial de la Guardia Nacional y quien en uno de los “mea máxima culpa” más estremecedores que he leído, en su libro “Hombre del Caribe”, la asume con estas palabras: “Total catorce asesinos, y conmigo quince”. Manolo Cuadra, el quinto de los hermanos y el más conocido por poeta dentro de “una familia poeta”, fue también narrador, periodista, boxeador, telegrafista y como soldado raso de la Guardia Nacional peleó “Contra Sandino en la Montaña”, título que dio a un libro suyo. Tanto Abelardo como Manolo, en sus momentos, se rebelaron contra la Guardia Nacional, padecieron cárceles, confinamientos y exilios, asumieron los ideales de Sandino y fueron para siempre antisomocistas. Señalo esto como una curiosa coincidencia que vincula a los Cuadra Vega, que fueron nueve, al General Augusto C. Sandino. Todos llegaron a él por diversos y hasta intrincados caminos, o premonitorios, como lo es la reivindicación total de Abelardo y Manolo, adelantada con su nacimientos en esa fecha histórica, del propio Josecito.

Perteneció Josecito a un singular linaje de poetas, soldados, legionarios, quijotes, sanchos, “ebrios y pendencieros”, como Ramiro Tipitapa Cuadra, fundador del “Partido de los Comesalteado”; Gilberto, el menor, imaginario combatiente del desierto y veterano de los Afrika Corps al mando del Mariscal Rommel, durante la Segunda Guerra Mundial; y Luciano, el segundo de los Cuadra Vega y el mayor de los seis varones, también andariego, aventurero, viajero como Squier y su insuperable traductor, y para mí “El Padrino” de aquella cervantina mafia unida en la entereza ante equivocaciones y adversidades.. El penúltimo de los hermanos, Josecito, no podía dejar de ser algo especial en aquel enjambre de personajes y antipersonajes, hasta el punto que poseído por un inconmensurable afecto, su hermano Manolo lo describió así: “El más correcto de la familia…Alguna vez ha hecho versos.”

“Una familia poeta” tituló José Coronel Urtecho su Prólogo reproducido en la “Antología” publicada por Hispamer en 2005, donde nos dice que: “En Nicaragua ha habido no sólo ciudades de poetas –como León o Masaya-, sino también familias de poetas, como la de los de la Selva. La de los Cuadra Vega ha sido, sin embargo, la más extraordinaria familia de poetas que yo he conocido…No cabe duda que todos los Cuadra Vega se han distinguido por el pudor de la poesía. Hasta el mismo Manolo hacía poemas como tratando de excusarse de ser poeta. Todos ellos se han escondido tras de sus propios personajes o –para corregirlo nuevamente- antipersonajes. Pero es José el que, entre ellos, merece llamarse el campeón del pudor literario.” Coronel evidencia en José Cuadra Vega dos antipersonajes, don José y Josecito, deambulando en su poesía “tras las celosías del humor, el juego de palabras y la forma ritual.” Tras esas celosías del humor se encuentra, acurrucadito y burlón, el Josecito que a falta de guerras y aventuras bélicas, pregona con orgullo que un enorme “lunar de sangre” que tiene en la frente es consecuencia de un botellazo que, por sus innumerables infidelidades y noches de bohemia, en un arrebato de celos le propinó su amada doña Julia. Ese, ahí escondido, es el Josecito que me hace pensar que sus “Poemas para doña Julia” es un libro de expiaciones, no por la grata ficción de sus infidelidades o excesos sexuales, sino por la realidad que fueron, a la par de sus correrías líricas sus correrías espirituosas con un revoltijo de escritores de diversas generaciones, que entre otras cosas logramos que el prostíbulo de mala muerte “La Conga Roja” fuera simultáneamente Ateneo Literario. Pero también está don José, “El más correcto de la familia”, tan correcto que era multado por conducir su “cabroneta” a exceso de lentitud. Entre estos dos antipersonajes, don José y Josecito, se dividen éstos 95 años. Pero me queda una curiosidad que quiero compartir con ustedes: ¿Convivirá doña Julia con los dos?

luisrochaurtecho@yahoo.com