Jorge Eduardo Arellano
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En Nicaragua, como también lo es normal en Latinoamérica y en cualquier otro país del orbe que se rija bajo los parámetros de un sistema político presidencialista, vertido de la sempiterna influencia derivada del modelo político, social y cultural estadounidense, la figura de la primera dama le corresponde a la esposa del presidente o primer mandatario de dicho país o en ausencia de ésta, es decir que el mandatario no sea casado, le corresponde el cargo a su familiar más cercano, entiéndase aquí a su madre, hermana o hija.

Entre las funciones más destacadas correspondientes a dicha figura, le compete a ésta cumplir las disposiciones de carácter protocolario en recibimientos oficiales y viajes presidenciales, además de poseer la facultad de participar activamente en instituciones de gobierno para fines benéficos o sociales. Pero mas allá de estas actividades, a mi parecer, le corresponde a la primera dama representar y proyectar dignamente y con orgullo, tanto a nivel nacional como internacional, la imagen símbolo de la mujer natural de su patria, personificada en su sujeto y en sus actuaciones.

Me es oportuno así destacar el papel que ha desempeñado nuestra primera dama (‘compañera’ como le gusta ser llamada) la señora Rosario Murillo, frente a las disconformidades que ha creado en la sociedad en general, en especial de la clase política, por su peculiar estilo de hacer las cosas.

En este inmenso mar de contrariedades y enfrentamientos al que nos vemos sometidos los nicaragüenses bajo el látigo de la batuta política cotidiana, resalta a sobremanera la atención que prestan los medios de comunicación, la elite política y la sociedad en general por el accionar de nuestra primera dama, que si bien es cierto y digno de mencionar, a mi juicio no todo puede ser de cal, también hay que rescatar la porción de arena que dicho personaje aporta al rol político de nuestro país, sin duda alguna que ya era hora distinguir en la imagen de una señora primera dama de la República, esa figura de tesón y voluntad, de esmero y de compromiso con el pueblo que representa, ya era momento de que alguien le diera el valor que se merece a tan prestigioso cargo y dejar de ser éste una posición meramente de presencia en fiestas y cócteles de bellos trajes y zapatos caros, y que su función después de eso se limitara a pasar inadvertida.

Sin embargo, me indigna excesivamente la forma en que despotrica la libertad de expresión en nuestro país hacia su figura, especialmente cuando esta libertad se convierte en libertinaje y se pierde por completo el sentido del respeto, cuando yerran los lápices con caricaturas vulgares, denigrantes y en algunos casos hasta obscenas, cuando frente a una computadora se desatan los más viles sentimientos y deseos hacia una persona impregnados en una nota escrita en los diarios, cuando un comunicador visual o radial abre su boca para emanar palabras grotescas y banales contra la imagen de dicha mujer, una mujer. Parecieran no darse cuenta, o acaso olvidaron, que a este mundo vinieron del vientre de un ser humano quien también para algunos fue y es mujer. Que la persona que les ha dado la dicha de procrear hijos en sus hogares es mujer. Esposas con quien comparten sus vidas, anhelos, metas y esperanzas, son mujeres. Que nuestras hijas algún día llegaran a ser igual hermanas, esposas y madres, ciudadanas que aspiren no a convertirse en primeras damas pero sí en mujeres que por igual conlleven las ganas y deseos de ver una patria diferente, de sueños transformados en realidades por el bien de nuestra nación.

Si bien la constitución nos concede a todos el derecho a expresarnos libremente, eso no significa tener potestad alguna para denigrar y humillar a nuestros semejantes. Así que mientras sus coloridas flores, sus descontinuadas prendas, sus gafas estilo John Lennon y su menjurje de collares y pulseras sigan trabajando con buena voluntad por su pueblo, yo me sentiré orgulloso de que Nicaragua cuente con primeras damas como ella, en especial por ser hija, hermana, esposa, madre y ante todo por ser mujer.


*Estudiante de la Facultad de Diplomacia & RRII de la Universidad Americana (UAM)
correodemariocruz@gmail.com