•  |
  •  |
  • END

Las reformas educativas son prolijas en cambios de políticas y currículum, pero la brecha entre el discurso y la práctica sobre la profesión docente se amplía. En Nicaragua, la brecha es más profunda, aún cuando las investigaciones confirman que el fracaso de las reformas está en razón directa de la atención al magisterio. La visión eficientista predominante ha llevado a pensar y actuar de forma irracional. Interesa que el maestro obtenga excelentes resultados, sin importar lo que ello suponga. En ellos se hace recaer el peso de la educación. Sólo interesan los resultados sin pensar que son personas, padres y madres de familia; se les exige dedicación exclusiva sin horario, a cambio de nada. El romanticismo de las administraciones es evidente.

Se les pide mucho sacrificio sin mejorar su calidad de vida y desempeño profesional. Se les evalúa sin proporcionarles los medios para un desempeño exitoso. Se les exige vocación y conciencia, pero no se les proporcionan medios y trato que les hagan sentirse profesionales bien reconocidos por la institución y la sociedad. Con un salario y apoyo de pobres se espera que obtengan ricos resultados. La sociedad espera todo de ellos sin comprender su problemática, abogar por sus derechos ni apoyarles en el aprendizaje de sus hijos. Urge resolver como país esta paradoja profunda.

Juana Francisca podría una de tantas maestras del país. Sus venturas y desventuras son un simple ejemplo. Tiene información imprecisa, por capacitaciones superficiales recibidas, de que la educación está cambiando, que el currículum trae nuevas exigencias, y que el Modelo de Calidad y Equidad debe desplegarlo en su centro. Alimenta el interés de comprender estos cambios por su deseo de mejorar la enseñanza, pero al aplicarlos en su aula se siente sola, sin apoyo de nadie, no cuenta con material didáctico y tiene prohibido pedir a los alumnos que gasten en medios de estudio, guías, folletos, por los que paga con sus propios recursos. Sabe que el Mined ha elaborado textos pero no conoce, por lo que copia en la pizarra contenidos, lo que le cansa excesivamente, aburriendo e inhabilitando a sus alumnos para comprender.

Es madre soltera con tres hijos, su salario no le alcanza para vivir. Trabaja en dos turnos para sacar adelante a sus hijos. A mediodía sale rauda de su centro para llegar a tiempo al otro, engaña su estómago con gaseosa y baratijas para quitar el hambre, y esto todos los días de la semana, dejando mella en su salud. Su escuela no tiene luz eléctrica ni agua potable. Inicia clases muy temprano y permanece de pie todo el tiempo, pues no tiene donde sentarse. Su columna vertebral se ha curvando por el peso y falta de descanso. Imparte las distintas áreas de cuarto grado de Primaria, y entre clases debe resguardar el recreo de los alumnos, sin poder reclinar la cabeza ni sentarse y descansar algo. En su aula atiende cincuenta y dos alumnos en la mañana y cuarenta y cinco en la tarde, y a todos les da seguimiento personalizado para evaluar un conjunto diverso y complejo de logros de aprendizaje en cada área que enseña. Esta tarea compleja le satura y estresa cada día. Las escuelas están ubicadas en comunidades pobres y ruidosas, por lo que debe forzar la voz de forma tal que, al final del día, tras hablar mañana y tarde, su garganta queda lastimada, y así día tras día… Necesita visitar al médico pues tiene presión alta, cansancio profundo, le duele la espalda y su garganta se agota, pero no logra contar con un sustituto.

Regresa a su casa repleta de cuadernos y trabajos y tras corregirlos, prepara sus planes de clase para el día siguiente. Sus hijos, casi abandonados, le reclaman atención. Ella, nerviosa, cansada y tensa les prepara su comida, ayuda en las tareas, lava la ropa sucia y plancha los uniformes del día siguiente. Cada día se desvela, parece no tener fin; el sueño, el cansancio, las pocas horas de sueño y las preocupaciones educativas, no le dejan dormir lo suficiente. Se olvida de sí misma para entregarse sin descanso a su empeño educativo. Al día siguiente, repleta de tensiones, sueño y tareas, vuelve a saturarse psíquica y físicamente, hasta que, algún día, el estrés la supere. Ante sus alumnos se esfuerza para brindarles cariño y atención, pues sabe que esperan de ella el cariño que no tienen en el hogar. Aún así, con frecuencia se siente irrespetada al llamarles la atención, sin poder reaccionar frente a sus amenazas. Siente que sus derechos han quedado reducidos, ante el protagonismo desbordado de los derechos de sus alumnos y el desconocimiento de sus deberes.

Quisiera que el Tepce le ayudara a intercambiar y resolver muchas dudas, pero la prisa, el formalismo de la evaluación, programación y planificación, sumado a la cantidad de información que recibe, le frustran sus intenciones. Tiene esperanza en que el sindicato vele por sus intereses, pero está cansada de esperar lo que nunca llega. La maestra Juana Francisca, a pesar de este escenario de frustraciones no ha perdido la esperanza, sigue luchando, quiere avanzar mejorando su comprensión del currículum, no se amilana y elabora medios didácticos de su entorno. El amor y la esperanza por una mejor educación la mantienen derecha mirando al futuro. Frente a este escenario de generosidad, ¿dónde está la sociedad, el país entero?

*Ideuca