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La actual crisis global puede haber tocado fondo, pero la intensidad que ha tenido durante los últimos dos años en todo el mundo hará que sus huellas sigan presentes aun cuando el orden y mayor optimismo en los mercados se restablezcan. Al cumplirse dos años de las primeras señales de lo que inicialmente se conoció como crisis “subprime” existe a nivel global un intenso debate acerca de cómo emergerá el mundo tras este episodio y cuáles serán las tendencias económicas que, incubadas o acentuadas por la presente recesión, marcarán los años venideros.


1. Se espera una economía mundial con una relativa mayor presencia del Estado y de regulaciones. El rol activo del Estado en la economía, debido al mayor gasto presupuestario que se ha adoptado en todos los continentes para contener la recesión, ha producido grandes endeudamientos fiscales y el un déficit público que en Estados Unidos superará el 11.2% del PIB en el año 2009. Temores sobre la licuación de la deuda vía impresión de dinero -como sucedió tras las guerras mundiales- alimentan las expectativas de inflación en los mercados. Ello eleva las tasas de interés y podría entorpecer el crecimiento económico.

2. Se abre una expectativa de una fuerte presión al alza de precios a partir de 2010-2011. Dada la tremenda necesidad de alimentos, combustibles, energía y metales duros por el desarrollo de la infraestructura, el crecimiento poblacional y el consumo en los mercados emergentes, el auge de las materias primas claramente va a seguir.

3. La crisis no está compuesta sólo de una burbuja: la burbuja de los bienes raíces inmobiliarios, que ya ha reventado. La crisis tiene muchas burbujas. Los indicadores muestran que el próximo posible estallido es el de la burbuja de los bienes raíces comerciales. Esta categoría incluye a edificios de apartamentos, hoteles, torres para oficinas y centros comerciales. Las oficinas vacantes en los centros de las ciudades en todo Estados Unidos podrían llegar a cerca de un 15% a fines de 2009, acercándose al máximo en 10 años de un 15,5% en 2003. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2009, los arrendatarios minoristas han desocupado 810.000 metros cuadrados de espacio comercial, lo que excede los 800.000 metros cuadrados de espacio minorista que fueron desocupados en todo 2008. El mercado de la propiedad comercial, de un valor de 6,7 billones (millones de millones) de dólares, que representa más de un 10% del PIB de Estados Unidos podría ser un obstáculo importante en el camino a la recuperación.

4. Sin embargo, el principal evento que se aproxima es la “burbuja de los rescates” y la burbuja de la deuda mundial en general. A fines de marzo de 2009, Bloomberg informó que: “El gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal han gastado, prestado o comprometido US$ 12,8 billones de dólares, una suma que se acerca al valor de todo lo que se produjo en el país el año pasado”. No hay que olvidar que “El producto interno bruto de la nación (Estados Unidos) fue de US$ 14,2 billones de dólares en 2008”. Neil Barofsky, inspector general especial para el Programa de Alivio para Activos en Problemas [TARP] dijo que si todas las promesas de apoyo anunciadas por el gobierno estadounidense se hicieran efectivas, la suma total de su desembolso sería de US$ 23,7 millones de millones de dólares. Y estos son sólo los compromisos estadounidenses a través del TARP, ya que hay más compromisos fuera del TARP.

5. A inicios de febrero de 2009, “The Telegraph” publicó un artículo con un titular sorprendente: “Bancos europeos pueden necesitar un rescate de 16,3 billones de libras, advierte documento de la CE”. Esa cantidad en dólares es de cerca US$ 25 billones de dólares. La cantidad es el total acumulado de los activos problemáticos en los balances de los bancos, una cifra asombrosa derivada del comercio con derivados. Si se combina con la burbuja de US$ 23,7 billones de dólares del rescate de Estados Unidos, entre la Unión Europea y Estados Unidos hay cerca de US$ 50 billones (millones de millones) de dólares que esperan para reventar. A fines de junio de 2009, el Banco de Pagos Internacionales (BPI, el banco central de los bancos centrales del mundo) informó que como resultado de los paquetes de estímulo, sólo ha habido un “progreso limitado” y que “las perspectivas de crecimiento están en peligro”, y que otras “medidas de estímulo no lograrán agarrar, y pueden llevar sólo a un aumento temporal en el crecimiento”. En última instancia: “Una recuperación pasajera sólo empeorará las cosas”. El BPI ha dicho, en lenguaje suavizado, que los paquetes de estímulo van a causar en última instancia más daño del que han evitado, demorando simplemente lo inevitable y haciendo que lo inevitable sea mucho peor.

6. Algo muy preocupante –además de la fuerte contracción productiva y del deterioro en las condiciones de vida de muchos– es que las condiciones previas a la crisis han empeorado, lo que impedirá que la recuperación sea vigorosa. Es decir, se prevé que los consumidores serán más cautelosos en sus gastos a futuro, lo que implica que comprarán menos productos en comparación con años anteriores.

7. Por último, se observa un cierto rebalanceo de fuerzas entre el mundo desarrollado y el emergente, que si bien se apreciaba antes de la crisis, se acrecentó con esta. Los países emergentes seguirán acortando la brecha, liderados por China.

Algunos especialistas estiman que la restitución de los fondos faltantes para restituir la “normalidad” al sistema financiero privado de Estados Unidos y la Unión Europea, y la suma a ser empleada para salvar de la quiebra a las empresas del sector industrial y comercial podrían superar los US$ 50 billones de dólares. Para tener una idea de esta cifra, hay que puntualizar que todo el PIB mundial es de aproximadamente US$ 65 billones (millones de millones) de dólares.

A pesar de que se trata de un desembolso sin precedentes en la historia moderna de fondos públicos para salvar al sistema capitalista privado de la quiebra, los “rescates” no han tenido hasta ahora ningún resultado para solucionar la crisis financiera que, como efecto más inmediato, contrae el crédito, desacelera la economía y el consumo, e impacta en la economía real con quiebras generalizadas de empresas y despidos masivos de trabajadores. Se trata, en suma, de una “socialización de las pérdidas” para subsidiar un “nuevo ciclo de ganancias privadas” con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los mega-consorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista.