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En un diario de circulación nacional (LP/09/03), se lee el siguiente texto que merece un breve comentario: … responsabilizó a la institución de ser la responsable de la explotación irracional de los bosques de pino en esa zona.

El diccionario de la Academia define pleonasmo (del lat. pleonasmus, y éste del gr. pleonasmós), en su primera acepción, como una figura de construcción que “consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para el recto y cabal sentido de ella, pero con los cuales se da gracia y vigor a la expresión”. La otra acepción que registra se refiere a “demasía o redundancia viciosa de palabras”.

En cuanto a la primera acepción, el empleo de pleonasmos comunica a la expresión viveza, energía y colorido. Veamos:
Lo toqué con mis propias manos.

Firmó el documento de su puño y letra.

Lo escuché de su propia boca.

De Manolo Cuadra, dice Emilio Quintana en su Bananos: “Huyó de Nicaragua para no encontrarse con esa diaria procesión en las calles. A fuerza de ser humilde aquí iba a terminar por confundirse con los olvidados de todas las leyes y que, en la montaña, sólo buscan el más leve motivo para darse una ley con su propia mano”.

Y José Coronel Urtecho, en “Programa práctico para monjes” de su Pol –la d’ananta katanga paranta: “… Cada cual/considere su propio corazón, con su conciencia,/noche y mañana.”

Es frecuente el uso de pleonasmos con las variantes pronominales:
A mí me lo dijeron.

A usted se lo entregaron.

A él lo aplaudieron.

Observemos que los “complementos pleonásticos” (a mí, a usted, a él) están demás, pero le imprimen a la expresión de un carácter enfático:
Me lo dijeron (a mí).

Se lo entregaron (a usted).

Lo aplaudieron (a él).

Estos “complementos pleonásticos” pueden también llevar agregados como “mismo”, “propio”, “en persona”, etc. Veamos:
A mí mismo me lo dijeron.

A usted propio se lo entregaron.

A él en persona lo aplaudieron.

Dice Rabindranath Tagore en “El jardinero”: “Dejé el mundo, me olvidé de todo y, arrobado, miraba día tras día la imagen que yo mismo puse en el altar”.

Es común el empleo de pleonasmos con variantes pronominales que indican enfáticamente posesión o interés de la persona a que se refieren:
Se te ha roto el pantalón.

Me compré un libro.

Dice Sergio Ramírez en ¿Te dio miedo la sangre?: “Eso es, platíqueme a calzón quitado todo lo ocurrido, de bróder a bróder”.


El empleo incorrecto del pleonasmo es el que se refiere a “demasía o redundancia viciosa de palabras”. Veamos los siguientes textos:

Derribar por tierra.

Entrar adentro.

Volar por el aire.

Nadar en el agua.

Desterrar de la patria.

¿Por qué son incorrectos estos pleonasmos? Porque estos verbos (derribar, entrar, volar, nadar, desterrar) no necesitan estos modificadores o complementos (por tierra, adentro, por el aire, en el agua, de la patria) porque los incluyen, los llevan implícitos en el contenido semántico. “Desterrar”, por ejemplo, significa “expatriar” (salir o hacer salir de la patria) o “echar a alguien de un territorio”. Veamos el pleonasmo en el que incurre el gran trágico griego, Sófocles, en su Edipo rey (versióndigital:http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/sofocles/ediporey.htm): “CREONTE.- Hermana, Edipo, tu esposo, pretende llevar a cabo decisiones terribles respecto a mí, habiendo elegido entre dos calamidades: o desterrarme de la patria o, tras hacerme prisionero, matarme”.

Error que repite más adelante con la otra acepción de desterrar: “MENSAJERO.- Está gritando… profiriendo expresiones impías, impronunciables para mí, como si se fuera a desterrar él mismo de esta tierra”.

Ahora, observemos estos ejemplos:
Lo desterraron de la amada patria.

El avión vuela por el aire enemigo.

Cleto nada bien en aguas tempestuosas.

Estos enunciados son correctos porque se ha alterado o modificado el significado del adverbio o del complemento, y casi siempre son pronunciados con vehemencia y afectividad.

A veces, construimos expresiones en las que se repite el verbo como en estos ejemplos:
Vamos a ir al cine.

Mire a ver quién es el dueño.

Veamos a ver qué podemos comprar.

El extremo lo encontramos en el habla informal y descuidada: “Anda viendo a ver qué ve”.

Enunciados como estos pueden prescindir perfectamente de los verbos iniciales. Veamos:
Iremos al cine.

Mire quién es el dueño.

Veamos qué podemos comprar.

Pero aquí, la reiteración es correcta, aun cuando los verbos (vamos, mire, veamos) implican la idea de ir y de ver. ¿Por qué? Porque los verbos (vamos, mire, veamos) indican, primero, propósito o intención. Así:
Nos proponemos (o pensamos) ir al cine.

Propóngase (o piense) ver quién es el dueño.

Propongámonos (o pensemos) ver qué podemos comprar.

Si queremos evitar el pleonasmo innecesario y vicioso, debemos recurrir al diccionario para conocer el significado preciso del vocablo en riesgo. Así, no se dice “retroceder hacia atrás”, porque “retroceder” significa volver hacia atrás. No se dice “Colmar hasta el borde”, porque “colmar” significa: “llenar un recipiente hasta el borde”. No se dice “hemorragia de sangre”, porque “hemorragia” significa “flujo de sangre por rotura de vasos sanguíneos”. No se dice “recordar de memoria”, porque “recordar” es “traer a la memoria”. No se dice “resumir brevemente”, porque “resumir” significa “reducir a términos breves y precisos, o considerar tan solo y repetir abreviadamente lo esencial de un asunto o materia”. No se dice “erario público”, porque “erario” significa hacienda o “Departamento de la Administración Pública que elabora los presupuestos generales, recauda los ingresos establecidos y coordina y controla los gastos de los diversos departamentos”. No se dice “respetuosa reverencia”, porque “reverencia” significa “respeto o veneración que tiene alguien a otra persona”. No se dice “puerilidad de niño”, porque “puerilidad” significa “hecho o dicho propio de niño, o que parece de niño”. Darío emplea bien el término en su carta de despedida a Rosario Murillo, fechada el 12 de mayo de 1886: “Te perdono sus puerilidades”. Y luego, como para enfatizar el contenido semántico del vocablo, agrega: “… tus cosas de niña”.

Eso sí, cuando queramos comunicarnos con vigor, vehemencia y expresividad, podemos asegurarle categóricamente a nuestro interlocutor:

“Yo lo vi con mis propios ojos”.


rmatuslazo@cablenet.com.ni