Jorge Eduardo Arellano
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Alejandro Bolaños Davis
Señor Guillermo Cortés Domínguez

Me refiero a tu comentario a mi artículo de opinión “dos mil siete”. Comentario que también se convirtiera en artículo de opinión publicado el 6 de enero de este año en END titulado “Una nueva década de estupidez está a la puerta”. Me halaga que te haya impactado el contenido de mi artículo al punto que te motivara con dramatismo emotivo a subrayar y apoyar lo que escribo.

Algunas cosas no comprendí de tu comentario hecho artículo, como que hubieras inventado un diálogo enigmático con mi señora esposa, a la cual desconoces y por ello raya en la impertinencia ¿será esto un simple recurso literario de tu parte? Tampoco entendí tu “aparente ingenuidad” relativa a la existencia del no muy clandestino aparato de inseguridad de la antigua DGSE disuelta ahora entre los Poderes del Estado, principalmente el Judicial y Electoral, y bajo la dirección de la Secretaria del FSLN con oficina en la Presidencia de la República.

Aprecio tu reconocimiento a mis señalamientos sólo que hubiera preferido que los hubieras expresado a la par mía, de lado mío, y no disminuyéndome, detrás de mi, señalando con el dedo acusador diciendo: “¡Alejandro es quien lo dice, no lo digo yo (aunque estoy de acuerdo, ja, ja, ja), es a él a quien hay que castigar”! ¿Será temor de decir directamente que concuerdas conmigo y por ello recurres a hacer conjeturas y preguntas locas como: “¿Qué cosas terribles sabe Alejandro Bolaños?” “¡Ve que hijueputa con lo que salió!” “¿Ha quedado en peligro la vida del político conservador socio del ALN?”

Explico que apenas incursiono ahora como político y lo hago por deber cívico. En 1990-1991 había facilitado el proceso de Concertación Económica y Social Fase I (de la fase II no me hago responsable) para la Presidencia de doña Violeta. No era muy conocido sino hasta hoy que me despojaron de mi diputación y no tengo resentimientos por ello. Aclaro que en Tola no perdí nada. Trabajo para ayudar a cambiar a nuestra clase política tradicional, no hago distancia de ella, trato de hacerlo desde adentro aunque me expulsen de algunos círculos como el de la Asamblea Nacional sólo por ser diferente.

Sabemos todos que es un secreto a gritos lo de los “cadáveres en los roperos”. Algunos verdaderamente tienen esos cadáveres en sus roperos, otros vieron y/o han sido mudos cómplices de esos actos atroces, para otros la figura es más bien literaria al pesar sobre su conciencia los cadáveres de miles de compatriotas víctimas de su incompetencia moral y política.

La angustia y desesperación no es mía, pues me siento muy tranquilo, sino de nuestro sufrido pueblo nicaragüense por el que debemos tener amor y consideración, pues pertenecemos y nos debemos a él. Por ello exclamo ¿hasta cuándo? Y quisiera creer que a nuestro espécimen político-criollo le queda algo de decencia, orgullo y amor propio para decir ¡NO! a las extorsiones y los cañonazos dolarizados.

Independientemente de tus inventos, conjeturas y preguntas que más bien parecen ser una cortina de humo para ocultar tu valioso apoyo a mis planteamientos, lo que importa es que concuerdas con lo que digo, y esperemos ahora que lo que decimos ambos, aunque lo digamos de forma diferente, ayude a componer la realidad que vivimos en nuestro país.

Cordialmente