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Quizás estaríamos de acuerdo muchos si nos dijesen que un sol pasa a diario y de forma suprema, y que en su trayectoria, los rayos de luz que desprende solo tardan 8 minutos para estar encima de vosotros. Así como el tiempo requerido de 1 segundo para que un rayo de luz alcance la luna.

Lo que a veces nos cuesta entender, y aún así vivirlo, es que cuando diseminemos pensares por tratar de ubicar los daños económicos que en la actualidad ocasionan pobreza y pocas oportunidades. Logramos creer entender con firmeza, dadas las lógicas económicas que hábilmente y sin ética alguna, son utilizadas para conjeturar y crear laberintos llenos de aprensiones en medio de la fragilidad de muchos inversionistas.

Es relevante cómo muchas tribus indígenas, donde no se escuchan noticias, ni comparten ciencias y estrategias, tienen, a vista de buen cubero, buena asociación con las oportunidades que le ofrece su habitad. Tal como lo hace con gran asombro y maestría la diminuta ave colibrí.

Esta extraña crisis no es circunstancial. Como grandes artistas ante la desaprobación de sus espectáculos y sin espectadores de sus circos, muchos economistas se disfrazan de profetas y gurús en economías, utilizando hábilmente los medios de comunicación como focos de propagandas para tomarse los espacios necesarios, y alertar con toda la subjetividad de supuestos termómetros, que la economías caerán y que por desgracia los países de primer mundo, sufrirán colapsos en los diferentes sectores de sus economía.

De tal manera que si ponemos una pizca de atención, observaremos que lo que vivimos no es una crisis en sí, sino, una experiencia de trauma psicoeconómica, donde, sin éticas ni parámetros que controlen tales emociones sensacionalistas, ha alcanzado como un mortal virus extensiones jamás imaginadas. Hasta donde han llegado las secuelas de los actos de terrorismos.

Atentamente, los inversionistas tratan de proteger su capital, mientras que el flagelo del gran show de los renombrados economistas, convencidos de sus acertijos y cayendo en sus propias trampas, comienza a exponer otras variables como posibles despidos masivos, que al final, por fóbicos trastornos copulados en las mente de grandes empresarios y principiantes en las materias de finanzas y economías, terminan materializando o haciendo realidad las tramas de sus juegos.

Dicho lo anterior, y sin la elocuencia artística, como lo pudiera definir un MBA en Administración, o un Doctor en Economía, nos atreveríamos a pensar si jugamos un poco al monopolio, que las catástrofes alcanzadas o calamidad laboral que el mundo vive hoy día, luego pasará al esquema de recuperación económica, es decir, desde los escombros causados, se comenzará a discursar sobre las estrategias de recuperación. Una mente ilustrada, sin ética y desenfrenada, es capaz de confundirse en la creación y eliminación sigilosa de grandes quimeras.

Lo que podemos aprender de esta crisis es la débil e irresponsable percepción que aceptamos en nuestros mundillos. Todo en la vida sigue su curso, excepto nosotros, que ante los daños experimentados, nos volvemos al miedo y la aversión. Perdemos la libertad en nuestras decisiones económicas, todo por tomar con exquisito agrado el juego de la medición de riesgos. Hay nuevos muros y murallas que a falta de pericia se levantan con convexas maestrías.

Todas las variables en un mercado de capitales son las mismas y deberían seguir su normal curso. Remontemos al momento histórico de la gran recesión. Solo el coraje y la valentía por erradicar el trágico pánico nos ayudo comenzar sentir el significado de invertir con mas atino y sanos propósitos.