Jorge Eduardo Arellano
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Para que la educación superior sea para el país una verdadera fuente de conocimiento, investigación y propuesta de solución a los problemas que padece, es necesario, también, preservar la calidad de la preparación previa que tienen los jóvenes que llaman a sus puertas. Por tal razón, es preciso que los subsistemas educativos implicados, logren examinar con responsabilidad y transparencia la problemática recursiva que presenta el ingreso de miles de bachilleres, cada año, a la educación superior.

El tema, tristemente, se pone de moda cada año por estas fechas. Las universidades informan brevemente de la dinámica y resultados de las Pruebas de Ingreso, pero por lo general, obvian presentar a la sociedad los análisis correspondientes de tales resultados. El Ministro de Educación, por su parte, reconoce que tales resultados se deben a la baja calidad de la educación secundaria, ante lo cual ya ha decidido dar pasos importantes para transformar su currículum. Por su parte, miles de bachilleres, ante los resultados negativos obtenidos, quedan a merced de su frustración y desesperanza, sin alternativas de educación técnica, ni arma alguna que les permita defenderse para obtener un trabajo. Su falta de aprestamiento para el ámbito laboral obstaculiza su contratación, siendo susceptibles a la delincuencia, las drogas y otros vicios.

El Consejo Nacional de Educación, que tiene la función de coordinar las políticas educativas de todo el sistema educativo, discutió esta problemática en 2006, en una de sus reuniones, sin embargo, ninguno de los acuerdos que tomara, en esa oportunidad, llegaron a cristalizarse. El problema persiste, mientras tanto, su tratamiento espera una salida integral, tratándose de un problema muy grave para toda la Nación. En resumen, frente a un problema nacional, ni las universidades públicas ni las privadas, como tampoco el Ministerio de Educación, la UNEN y los sindicatos docentes han coordinado ningún esfuerzo dirigido a analizar conjuntamente el problema. De alguna manera, esto pone en evidencia tres rasgos de fondo:
-Un desacato a la Ley General de Educación que mandata al Consejo Nacional de Educación articular y conformar el Sistema Educativo, consensuar políticas educativas nacionales y abordar los nudos críticos que atañen al sector.

-Abierto desinterés de los Subsistemas Educativos para dar continuidad al Foro Nacional de Educación, al que a partir del año 2006 no se le permitió dar continuidad a sus propósitos de articulación y propuestas de políticas educativas nacionales.

- Desarticulación práctica entre los subsistemas para abordar temas que competen a todo el sistema educativo, respondiendo a tales problemas, únicamente, desde los intereses de cada subsistema y no de todo el sistema educativo y del país.

Este problema de los malos resultados de los bachilleres recibe, por parte de las universidades, diverso tipo de respuestas superficiales o parciales, según el caso, entre las que podemos mencionar las más evidentes:
-Algunas universidades eluden el problema y deciden mantener sus objetivos sin implementar ninguna estrategia de inducción y preparación, lo que acarrea mayor fracaso académico de los estudiantes mal preparados.

-Otras, muy preocupadas por los déficit de calidad que presentan, implementan estrategias para nivelar o dar seguimiento a los estudiantes con peores resultados.

-En el peor de los casos, otras universidades simplemente bajan sus niveles académicos para no ver menguada su matrícula, sin importarles la calidad de la formación.

Frente a tal situación, se requieren varios niveles de respuesta:
-Una respuesta nacional: el Consejo Nacional de Educación, en el que están representados todos los subsistemas, ha de formular una agenda comprometida con el tema. A su vez, el Foro Nacional de Educación debiera alzar nuevamente sus voces para formular propuestas sostenibles para los nudos críticos, como éste, que urgen solución. La convocatoria de los subsistemas para analizar la problemática y encontrar soluciones nacionales no debe esperar.

-Una respuesta estratégica: Apoyar decididamente al Mined para transformar los currículos de secundaria con el concurso de las partes, lo que implica proporcionar la preparación adecuada al profesorado, los recursos financieros y didácticos requeridos, y los libros de texto para los estudiantes. Las Facultades de Educación han de revisar sus currículos de formación de profesores, ajustándolos a las nuevas demandas.

-Una respuesta coyuntural: El problema requiere, también, respuestas inmediatas. Tras desarrollar actividades conjuntas orientadas a examinar a fondo las raíces y características del problema, deben identificarse estrategias conjuntas que posibiliten medidas correctivas: Cursos especiales para profesores de Matemáticas y Español del país, programas televisivos y radiales de reforzamiento a los futuros bachilleres, programas de asignatura y medios didácticos y bibliográficos básicos para los profesores, textos para los estudiantes, reorientación de actividades lúdicas de aprendizaje de las matemáticas y el español, etc.

Los tres caminos convergen en la solución, para recorrerlos, sólo se requiere una pequeña dosis de iniciativa y voluntad, una mirada de país y el desencapsulamiento de los subsistemas educativos al interior de sí mismos con la mirada puesta en el sistema educativo.


Ph. D. Ideuca*