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En la historia de Nicaragua no se registra, en el plano militar, un hito de tanta trascendencia para la institucionalidad, la soberanía y la paz, como la creación del actual Ejército de Nicaragua, cuya existencia y desarrollo es, sin dudas, uno de los legados más ostensibles de la revolución del 79 y de la democracia nicaragüense.

Hablar de ejército en Nicaragua antes de 1979, salvo escasas excepciones, es hablar de bandas armadas que a la cabeza de un caudillo se organizaban para asaltar el poder, es decir del imperio del sable sobre la razón, la ley y el orden como ocurrió en el siglo XIX durante período de la anarquía; es referirse también a los ejércitos golpistas y entreguistas que lejos de contribuir al país, eran factores de inestabilidad política o de ruptura institucional y, por supuesto, es hablar de la guardia pretoriana, la “Guardia Nacional” (G. N), el instrumento represivo por excelencia de la dictadura somocista que el pueblo, durante el período insurreccional, llamó “La Genocida”.

La formación del nuevo Ejército de Nicaragua que surge el 19 de julio del 79, no fue producto de un decreto, sino el resultado de un proceso que hunde sus raíces en la tradición de lucha del pueblo nicaragüense, antecedente que jamás debe perderse de vista ni omitir.

Ese proceso deviene desde que Nicaragua ha luchado por su libertad y tiene como una de sus principales fuentes inspiradoras, la lucha del Gral. Augusto C. Sandino y su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, otra de sus raigambres brota de las jornadas de la lucha guerrillera de los años 57, 58 y 59 que impulsó el Gral. Ramón Raudales y una pléyade de patriotas que, entre otras cosas, rescatan el nombre de Sandino, le dan el nombre de Frente a su destacamento armado y sientan la tesis de que la única forma de poner fin a la dictadura es por la vía armada. Sin duda ellos ocupan un lugar innegable por sus aportes, experiencias y sacrificio; y el antecedente más inmediato del Ejército es, por supuesto, la lucha guerrillera del histórico FSLN, la cual alcanzó su mayor expresión político-militar en los frentes de guerra que lucharon durante la insurrección y ofensiva final hasta el derrocamiento de la dictadura.

En ese sentido ocupó un lugar significativo el Frente Sur “Benjamín Zeledón”, que, como se recordará, durante la guerra contra Somoza se convirtió en un ejército regular, liberó la más importante guerra de posiciones y entró a Managua como el único Frente organizado como fuerza militar regular, con su estructura de mando, cuerpo de oficiales y asesores, unidades de infantería, artillería, defensa antiaérea, tropas especiales, comunicaciones, armamento, retaguardia, Fuerza Aérea, etc.

Al respecto vale la pena recordar tres hechos importantes que poco se conocen o mencionan. El primero es el nombramiento que hizo --previo al 19 de julio del 79-- la Dirección Nacional Tercerista, del jefe del Frente Sur, comandante Edén Pastora como Jefe del Ejército Sandinista; le dio posesión de su cargo el comandante Daniel Ortega en el Campamento Central de Santa Rosa, un 23 de octubre de 1978.

El segundo hecho es la formación de la 1ra Brigada de Infantería del Ejército en la Hacienda El Retiro, con fuerzas del Frente Sur. Dicha Brigada se estructuró con tres batallones de combate de tres compañías cada uno. Para el 28 de julio del 79 la Brigada ya estaba organizada bajo el nombre de 1ra Brigada de Infantería “Gaspar García L.” Y el tercero es que de las filas del Frente Sur salieron también los primeros instructores del Ejército en las especialidades de infantería, artillería, defensa antiaérea, tanques, zapadores, comunicaciones, inteligencia, organización militar, formación de cuadros, etc. En ese aspecto jugaron un papel importante los internacionalistas chilenos y de otras nacionalidades.

En la década de los años 80 el nuevo Ejército se desarrolló conforme las exigencias de la Defensa y la guerra, registrando un crecimiento sin precedentes en términos cuantitativos y cualitativos. Tras el fin de la guerra que devino de la firma de los Acuerdos de Paz de Sapoá (1987), el Ejército se adecuó a nuevas circunstancias, experimentando una serie de transformaciones que condujeron a su profesionalización. Posteriormente, en los años 90 continuó su desarrollo institucional y modernización.

Muchos son los logros relevantes que ha alcanzado el Ejército de Nicaragua en sus treinta años de existencia, entre ellos vale la pena mencionar primeramente su estructura orgánica, Comandancia, Estado Mayor General, Fuerza Aérea, Fuerza Naval y unidades territoriales, luego está su marco jurídico legal: Ley de Auditoría Militar, de Delitos militares, Reglamento Disciplinario (1980-82), Ley de Grados Militares (1986), la reconversión militar, la desvinculación del mando militar del partido sandinista, su subordinación al poder civil (1990), su carácter no deliberante; el cumplimiento periódico del Traspaso de Mando, su Código de Organización, Jurisdicción y Previsión Social Militar que representó un avance esencial para el ordenamiento de su marco jurídico; la institucionalización de la carrera militar mediante la promulgación de la Normativa Interna Militar (1998) y la concreción de una sólida doctrina militar de la Defensa Nacional.

Finalmente no podemos dejar de destacar también los logros que el Ejército ha alcanzado en cumplimiento de sus misiones en tiempo de paz, particularmente en el orden de la Defensa de la Soberanía, vigilancia territorial, desminado, ayuda humanitaria, atención de desastres, protección del medioambiente y recursos naturales, vigilancia ante las amenazas emergentes (narcotráfico, piratería, tráfico de personas, lavado de dinero, etc.) y apoyo al Consejo Supremo Electoral, entre otros.

Nicaragua debe sentirse orgullosa del Ejército que posee, no sólo por su alta capacidad combativa, profesionalismo o prestigio, sino también por ser un Ejército Nacional, del pueblo, no de un partido o caudillo como antaño, asimismo por tener un sólido bastión en la defensa de la soberanía y una fuerza determinante para la paz.


*Historiador
orientbolivar@hotmail.com

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