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Simple y sencillamente soy una aficionada del fútbol, deporte que a pesar de tener más de 90 años en nuestras tierras sigue siendo incipiente.

Recientemente disfrutamos nuestro más grande logro: competir en la Copa Oro, donde no pasamos de la primera fase pero al menos vimos la cara de los monstruos de la región. Por Dios, llegar a este torneo es nuestro mayor mérito, mientras vecinos como Costa Rica y Honduras ya han estado en Copas del Mundo y en eliminatorias mundialistas. ¿Qué pasa? ¿Será que los futbolistas de estos países y de los demás destacados tienen piernas mágicas y los nuestros no? Por favor, ni ellos tienen hada madrina ni nosotros somos retrasados.

Sucede que al fútbol nunca se le ha prestado importancia. Y algunos que han puesto sus ojos en él, lo han visto como una mina de oro inextinguible y se han erigido en caudillos.

No niego que muchos futbolistas son indisciplinados y que la mayoría de directores técnicos padecen preferencia aguda por algunos jugadores, pero esto es secundario cuando la Federación que lleva las riendas del deporte (Federación Nicaragüense de Fútbol-Fenifut) quiere monopolizar todas las actividades y centralizar todos los derechos, como si los equipos fueran las vacas lecheras de su productiva hacienda.

Soy diriambina y fiel seguidora de los Caciques del Diriangén, sin embargo, no puedo asistir a todos los partidos porque la economía y el tiempo no dan como para andar de estadio en estadio. Hace algunos años, los aficionados que nos encontramos en esta situación, tuvimos la dicha de presenciar algunos encuentros futbolísticos a través de la televisión nacional. Sin embargo, de un fin de semana a otro, el sueño se esfumó. El espacio del fútbol fue ocupado por programas internacionales. ¿Qué pasó? Los señores de Fenifut cobraban un ojo de la cara por los derechos de transmisión.

Ni modo, tuvimos que seguir conformándonos con las locuciones radiales que nos describen cada jugada, pero nos privan de presenciarla. Sin embargo, al iniciar hace algunas jornadas el torneo de apertura, las camisas rojiblancas de Estelí y las rojinegras del Ferreti volvieron a dibujarse en nuestras pantallas. Eureka, había fútbol televisado nuevamente.

No obstante, otra vez el fantasma de la opera-ción dinero espantó las cámaras y frenó el avance. Los mismos señores pretendían multar a dos equipos por haber permitido que en sus sedes se televisaran partidos. Cuánta sinvergüenzad a. Tal parece que el señor Julio Rocha y compañía, lejos de promover el desarrollo del balompié, procura mantenerlo en el letargo y sigue el pregón de los choferes de ruta: “Avancen para atrás, que ahí hay espacio”.

Se abrió el telón y Fenifut interpretó excepcionalmente el acto del yo mando aquí y el dinero me pertenece. Señores, por favor, no sé hasta que punto esos dizque derechos les corresponden, si hasta donde tengo entendido, cada equipo se encarga del mantenimiento de su estadio, anda de puerta en puerta buscando patrocinio, se quiebra la cabeza para garantizar el salario de sus jugadores, y para colmo paga el arbitraje. Entonces, derecho a qué tienen ustedes si prácticamente no invierten en nada que no sean sus jugosos salarios. Ya vimos que a los chavalos de la selección ni siquiera les querían garantizar un viático digno, ni los avituallamientos básicos para jugar en la Copa Oro.

Yo no me meto en política, no soy dueña ni tengo intereses económicos en algún equipo, y mucho menos busco denigrar la imagen de nadie, simple y sencillamente tengo derecho a preguntar por qué no querían que gozara del fútbol en mi casa.

Constantemente se dice que el béisbol es el deporte rey de los nicaragüenses, realidad innegable sobre todo porque tenemos una cultura de béisbol creada. En la televisión, en la radio, en los periódicos y en la internet tenemos nuestro béisbol. Sus promotores lo promueven (valga la redundancia) de verdad, lejos de erigir vallas para su difusión.

El torneo de béisbol Germán Pomares fue televisado, y fui testigo de cómo mis vecinos, e incluso yo, nos sentábamos los domingos a ver los partidos. En cambio se nos niega esa posibilidad con el balompié.

Señores de Fenifut, el fútbol también tiene seguidores y se los hemos demostrado cuando abarrotamos los estadios en las semifinales y finales, gritando vivas y hasta improperios cuando las cosas nos son adversas.

Nuestro fútbol no es anémico sino que ha sido afectado por una patología llamada centralismo, provocada por una bacteria conocida como Fenifut.

Es inconcebible que trataran de multar a dos equipos por permitir que los partidos llegaran a todos los rincones de Nicaragua, siendo ésta una excelente estrategia de promoción y posicionamiento, porque en realidad necesitamos posicionar el fútbol, no posesionarnos de él. Entiendan que no es necesario tener el desarrollo y el dinero de los europeos, basta con esforzarnos. Vean los ejemplos del área. En Costa Rica siempre se transmite el fútbol nacional, sin importar el día o la hora. Sintonicen el canal 5 o el 6 tico y verán que no estoy mintiendo. Entonces, por qué era tan difícil para esta elite permitir que la televisión nacional abra espacios a esta disciplina. Acaso no saben que mercancía que no se exhibe no se vende, y que fútbol que no se muestra no cala en el corazón de la gente.

Basta ya de silencio, los aficionados tenemos voz y voto, y no somos ciegos para no ver sus burdos ademanes, ya que después de que se había publicitado la funesta noticia, la medida fue suspendida. Rocha se retractó y la papa caliente le cayó a Florencio Leiva. Quién había tomado la decisión no me interesa, lo que hay que destacar es que en medio de tanta neblina política y económica el gobierno al fin mostró un gran acierto al apoyar las transmisiones televisivas de fútbol, porque todos sabemos que si Fenifut no se salió con las suyas es porque las órdenes de no cobrar y de ceder los derechos a los equipos vinieron de arriba, de muy arriba.