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En la actualidad nos han sorprendido los grandes macroproyectos que con esfuerzo internacional están realizando las diferentes áreas de la ciencia. Vemos cómo el acelerador de partículas de hadrones tiene ocupados a los físicos. También observamos cómo la estación espacial internacional nos abre las puertas al Universo y de la experimentación en ambiente sin gravedad. Todos los días se emiten noticias científicas relacionadas con el desciframiento de genomas no sólo humano, sino de otros animales y de plantas.

Pero el último proyecto que nos abre la esperanza de un mundo nuevo para la ciencia y para el conocimiento de nosotros mismos, los humanos, es el “Blue Brain”, la creación de un cerebro artificial. Cuando hablamos de esto se nos viene a la memoria la supercomputadora “Deep Blue”, que desarrollara IBM y derrotara a Garry Kasparov en 1996. Desde ese entonces las computadoras han venido desarrollando su gran capacidad ligada a la Inteligencia Artificial, pero sólo desde el punto de vista de relaciones secuenciales lógicas que maneja nuestro hemisferio izquierdo cerebral. Sin embargo, la Inteligencia Artificial ve un gran obstáculo el trabajar con imágenes y el pensamiento holístico e integral, características de cómo funciona nuestro cerebro. El Proyecto “Blue Brain” quiere superar esta barrera.

En 2002, Henry Markran funda el “Brain Mind Institute”, para asumir el reto del desarrollo de un software y hardware que simule nuestro cerebro. En 2005 firma con IBM un acuerdo que pone en marcha el proyecto. Posteriormente se le suma el Centro de Supercomputación y Visualización de Madrid y luego Suiza.

La primera fase del proyecto finalizó en noviembre de 2007, la cual consistió en crear lo que llaman “columna cortical”, que es la unidad funcional del neocortex cerebral encargada del pensamiento conciente. Esta columna cortical tiene un espesor en el cerebro de 2 mm y contiene 60,000 neuronas que realizan millones de sinapsis en nuestro pensamiento conciente.

La segunda fase del proyecto pretende ligar las neuronas con los genes y profundizar más en otras capas cerebrales. Tanto el tamaño de la computadora como el tamaño de los programas necesarios son de muchos millones de chips y bytes.

La forma de desarrollo del proyecto es a través de “ingeniería reversa” un método usado mucho en la arqueología. Muchos arqueólogos al descubrir objetos en sus excavaciones deben explicar el uso de estos en la vida cotidiana de los ancestros, un típico ejemplo de esta ingeniería.

Pero lo importante es poder proyectar los frutos que puede generar esta iniciativa científica. El “Blue Brain” será como un simulador de vuelo que permitirá hacer diagnósticos y posibles curas de enfermedades derivadas del cerebro. Las enfermedades más beneficiadas podrían ser el Alzheirmer, Parkinson, la enfermedad de Huntintong, la epilepsia, entre otras.

Pero el “Blue Brain” también podrá tener aplicaciones preventivas, en especial sobre patologías de gran impacto social que presentan por ejemplo los psicópatas. Diversos estudios de las cárceles se han hecho para analizar a los criminales. A través de resonancia magnética intracraneal se ha podido mostrar que dentro del cerebro de los psicópatas existen lesiones en el fascículo uncinado que conecta la parte orbi frontal racional del cerebro con el sistema emocional gobernado por la amígdala. Estos estudios de la “geografía” cerebral en los psicópatas enfrenta un dilema moral, pues si ellos por naturaleza o accidente tienen esta deficiencia, ¿son dueños de su voluntad?. ¿Por ende, son responsables de sus actos? Pero eso es cosa de abogados y de legisladores. Lo más importante es que el “Blue Brain” puede llegar a pronosticar con mucha certeza la mente criminal, en consecuencia las posibilidades de cura y prevención del delito.

Con este proyecto en marcha, no estamos lejos de prevenir y curar muchas enfermedades degenerativas del cerebro humano. Nos imaginamos la masificación de masajes neuronales con electrodos muy bien dirigidos; nos imaginamos masificados los marcapasos cerebrales para ayudar al estímulo automático de neuronas que se desconectan involuntariamente; también nos imaginamos la regeneración neuronal de nuestro cerebro para que se mantenga siempre joven; y por último nos imaginamos la solución al autismo y todas las imperfecciones cerebrales derivadas de la mala percepción de nuestros sentidos. Pero la “Blue Brain” no está sola en la investigación mundial, existen otras supercomputadoras como la “Mare Nostrum”, en España, que se encuentra en lo que antes era la Capilla de Torre Girona, la cual promete en los próximos tres años tener descifrado todos los genomas del cáncer y en menos de una década la cura de todos los tipos de esta enfermedad. También existe la Supercomputadora “Earth Simulator”, en Yokohama, Japón, cuya especialidad son los asuntos climáticos y predicción de terremotos. La sinergia entre la ciencia informática y las diferentes áreas de la ciencia nos llena de asombro, y más al ver que IBM promete en pocos años hacer un “chip” similar a una hebra de ADN que bajará los costos y aumentará aun más la rapidez de los ordenadores. La esperanza que nos ofrece la ciencia nos llena de optimismo y de calidad de vida.


rcardisa@ibw.com.ni

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