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La aparición de una propuesta de reforma a la Ley del Colegio de Periodistas de Nicaragua ha sorprendido a varios periodistas. Alegan que dicho documento, introducido ante la Secretaría de la Asamblea Nacional por la diputada sandinista Martha Marina González, no ha sido conocido, discutido ni alcanzado consenso alguno en el seno de dicha entidad.

El jefe de esa bancada, ingeniero Edwin Castro, declaró muy prudentemente que si los periodistas no estaban de acuerdo en reformar esta ley, el FSLN no daría sus votos en este momento. Todo un mensaje a quienes, sin consultar antes la propuesta, se adelantaron con mucha iniciativa a presentarla en el Poder Legislativo. Ojalá lo dicho por Castro sea cierto. Ya sabemos cómo pueden cambiar de curso las aguas en la política.

A lo mejor, luego de este mensaje, se puede deshacer el entuerto. ¿Podría Martha Marina González, y quienes le acompañan en esta iniciativa, volver a donde fueron y proceder a retirar el documento para que sea debidamente discutido antes de un nuevo intento?
Si yo fuera líder del FSLN, eso le aconsejaría a Martha Marina. El procedimiento empleado contrasta negativamente con el discurso de consultar directamente con el pueblo las decisiones trascendentales. ¡Imagínense, colegas, que se discuta y apruebe una ley que ustedes no han solicitado, ni conocen, y a lo mejor ni quieren ni necesitan! Una imagen parecida a esa proviene de mi infancia, cuando mi madre blandía una faja en una mano y un confite en la otra mientras yo sostenía aquel vasito con cañafístula, y ella me exhortaba a apurar el trago horrible.

Un Comité multiusos

Pero ése no es el único problema. La introducción se hizo a pesar de que la Corte Suprema de Justicia no ha fallado los recursos que por inconstitucionalidad se presentaron hace varios años. Los recurrentes alegaron desde entonces que la Ley del Colegio de Periodistas de Nicaragua viola nuestra Constitución Política y jurisprudencia expresa de rango interamericano, pues manda a afiliarse forzadamente a todo periodista para que pueda dedicarse a la profesión.

¿Será prudente proceder a reformar una ley con esta situación jurídica de por medio? ¿No sería mejor que el Colegio invite a la Corte Suprema de Justicia a que falle lo antes posible estos recursos que, como otros tantos, siguen en la “morgue” judicial? ¿Le conviene al gremio de periodistas asociados a dicho colegio que continúe sin resolverse tal situación? ¿Qué pasaría si esta reforma se aprueba y más tarde los honorables magistrados se recuerdan y discuten y fallan a favor de los querellantes?
El tercer detalle de esta propuesta es que no aporta nada útil al Colegio de Periodistas de Nicaragua. Más bien añade elementos perturbadores, pues sugiere que el Comité de Ética y Honor – que no ha sido capaz de lograr que se apruebe el Código de Ética para su membresía – se convierta en una instancia multiusos. La propuesta de reforma dice que podría tener funciones que le han sido adjudicadas hasta ahora a la Junta Directiva. Si esto se aprueba, la instancia que dirige Martha Marina González, podría ser Fiscal, convocar al Congreso del Colegio y otras más. Es decir, en la práctica sería un petite comité con rango de Comisario.

No es aconsejable darle tantas funciones a esta instancia del Colegio. Quien mucho abarca, poco aprieta. ¿Si no han podido siquiera generar consenso sobre las dos propuestas de Código de Ética existentes, cómo creer que podrían lograrlo en otras áreas, que nada tienen que ver con la ética y el honor? Como diría el presidente Ortega: zapatero a tu zapato. Y el par de calzado que le toca atender al mencionado comité tiene dos nombres: ética y honor.

El reto es ser profesionales de verdad

Finalmente, no sería bueno discutir tal propuesta de reforma pues el documento mantiene y agrega contradicciones importantes, y, además, un espíritu asistencialista que más bien atenta contra la esencia de todo colegio: la calidad profesional de sus asociados y la calidad de servicio que prestan a la sociedad.

Uno entiende la precariedad en la que usualmente se realiza la labor periodística en Nicaragua. Yo me he encontrado casos de periodistas que cambian anuncios por comida. Ese es su “salario”. Es una situación bien dura, difícil. Duele mucho. Pero la labor del Colegio, y de los otras asociaciones del gremio, es demandar básicamente educación para el buen dominio de los temas que se deben cubrir periodísticamente, un comportamiento verdaderamente profesional entre sus miembros, y una parte justa de los recursos que la sociedad le confía al Estado y a la Empresa Privada. No he visto al Colegio, por ejemplo, demandando se elimine esa perversa política que al actual gobierno le permite centralizar todos los recursos económicos en los medios de comunicación que administran los hijos de la pareja co-ejecutiva.

Entonces, aquí radica la esencia del problema. No es obligándome a mí, o a cualquier otro periodista, a pertenecer a esa institución que se va a lograr un mejor Periodismo para Nicaragua. No es ampliando el rango de funciones de un Comité de Ética y Honor, que llega a invadir las funciones de otras estructuras, que se va a fortalecer esta organización todavía en ciernes. No es procurando asistencia social para quienes padecen graves limitaciones económicas que habrá mejor labor informativa, útil para el desarrollo de la Nación.

¡No! Habrá Colegio de Periodistas en la medida que sus asociados se preocupen por ser profesionales, lo mejor instruidos posibles, portadores de ética profesional, independientes, autónomos y críticos, tanto de todas las formas del Poder como de nuestras propias actuaciones y omisiones. Es decir, mientras el Periodismo de este país no se asuma ni se comporte como un Poder real, como un factor para la Democracia, como un agente del Cambio, tendremos el Colegio que tenemos. O peor.
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