Jorge Eduardo Arellano
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Segunda Entrega

Pedirá interpelar por responsabilidad en los grandes “batazos” legales que le han dado al Estado. (EL NUEVO DIARIO, 1 de julio de 2003, p. 3)
En el béisbol, el nica utiliza vocablos y expresiones despojados de su contenido semántico puramente técnico --casi siempre estereotipado-- para sustituirlos por otros verdaderamente expresivos. Son expresiones espontáneas del alma del pueblo con su inmenso caudal de sensibilidad creadora, de lozana fantasía y agudo saber.

Advertimos, como puede ocurrir en cualquier lengua, un juego variado de frases fijadas por el uso y que expresan sentimientos determinados. Así, es corriente escuchar en la relación amorosa: “¡Portate bien, porque si no, yo tengo un bateador emergente!” como clara advertencia de que tiene un enamorado que espera turno, o mejor dicho, la mejor oportunidad.

La intensidad se hace coincidir generalmente con la cantidad vocálica. Cuando se quiere enfatizar que alguien se ve frustrado en sus propósitos, especialmente por falta de iniciativa, se le grita: “¡poooooonche!”.

Es usual la repetición de palabras para acentuar una idea única. Por ejemplo, de alguien que se esfuerza en su trabajo o se empeña en la novia y nunca ve el éxito, se oye decir: “Este tipo batea y batea, y nunca se embasa”. O del que siempre paga los gastos: “¡Bueno, se acabó la pendejera: yo siempre picho y picho, y ustedes sólo cachan y cachan”.

Pero la repetición de palabras para subrayar el contraste tiene también valor expresivo. Por ejemplo, cuando se quiere destacar el mérito de alguien: “¡Jonronero hijo de jonronero!”; o cuando se repiten palabras idénticas para señalar los matices diferentes: “El campeón que conocí no es el campeón que estoy viendo”. El otro día visité el Mercado Oriental y me sorprendí cuando en presencia de muchas personas tres ladrones desvalijaron un vehículo sin que nadie de los presentes hiciera algo para impedirlo:
-”Aquí - me dijo un ayudante de camión- nadie dice nada porque se muere de un puyonazo. Todos esos que usted vio son auténticos big liguer.”

La perífrasis describe y define, aunque muchas veces oculta una realidad que lógicamente se sobreentiende. Si afirmo: “Un hijo de manayer no puede ser mal carterista”, quiero dar a entender que un hijo de un hábil ladrón tiene las mismas “virtudes” de su padre.

Un recurso habitual en este tipo de lenguaje es el uso de la antítesis: el choque de dos ideas expresadas en el discurso. Esa oposición y contraste que encierra, destaca vívidamente las ideas como el claroscuro en la pintura, para colorear la expresión imprimiéndole un valor pictórico. Por ejemplo: “Te las das de cuarto bate y hace poco te dejaron con la carabina al hombro”.

Otra expresión figurada, por cierto vecina a la antítesis, es aquella cuyas formas expresivas del pensamiento están implícitas y manifiestan lo contrario de lo que quiero dar a entender. Si digo: “ahí viene el picher!”, para dar a entender que es una persona que nunca invita, la interpretación correcta depende de la situación y de la entonación irónica de la frase.

Rico y pintoresco este lenguaje anda siempre al acecho de expresiones nuevas y sorprendentes. “Pegar un jonrón” es lograr un gran éxito: convencer a la enamorada, alcanzar la victoria en la competencia, ser el primero en categoría en el grupo, obtener la mejor calificación en los exámenes, etc. Como cuando el profesor le comenta a un estudiante de Derecho, destacándole la máxima calificación obtenida: “¡jonroneaste en Civil!”.

El picher es, por lo general, la figura más visible y clave en un juego. De aquí se ha formado el verbo pichar, que no es otra cosa que “pagar los gastos”. Por ejemplo: “Pichate una gaseosa que ando palmado”; “vos nunca pichás nada, sólo batazos das”.

La otra figura que se combina con el picher es el cacher. El cacher no gasta, sino que come y bebe a costas de otro, del picher: “¡Ve, aquí nos vamos a morir de hambre porque sólo cacheres estamos!”. Y cuando un individuo es inútil “en todo” (¡y Dios me libre si se lo dice una mujer!), lo fulminan con una expresión realmente degradante: “¡Ve, niñá, este tipo si que está listo: ni picha, ni cacha, ni deja batear”.

De alguien que ha perdido toda posibilidad u oportunidad se dice que está ponche. Y de ponche se ha formado el verbo ponchar: “Me poncharon”, dice el alumno aplazado; “te poncharon del trabajo”, le dicen al que ha sido cesanteado de sus labores. Y cuando se quiere expresar que una persona está desmoralizada, desanimada la expresión más corriente es: “Tenés ponchadas las llantas”.

Bate es el miembro viril. Jorge Eduardo Arellano me comenta que en el urinario de “El Filete”, un restaurante ubicado frente a la entrada a Nindirí, se lee esta advertencia: “Bateador de bate corto acérquese más al plato”.

rmatuslazo@cablenet.com.ni