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La derrota electoral sandinista el 25 de febrero de 1990 fue la razón determinante para la fundación de Radio Ya. Una vez conocidos los resultados adversos de la contienda electoral, los sandinistas tomaron las providencias necesarias en materia de comunicación. La decisión inmediata fue disponer de sus propios medios. Contaban con el precedente exitoso de La voz de Nicaragua, bajo la conducción de Carlos Guadamuz. La competencia entre Radio Sandino y La voz de Nicaragua fue ganada con una amplia ventaja por la emisora oficial del gobierno. Las contradicciones entre los miembros del directorio sandinista se extendían al campo de los medios.

En la distribución de poderes, la Sandino quedó bajo las directrices del FSLN, igual que el Sistema Sandinista de Televisión, canales 2 y 6, los únicos existentes en el país. La misma determinación se tomó con las radioemisoras confiscadas, que conformaron la Corporación de Radiodifusión del Pueblo y con el diario Barricada. El Coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, Comandante Daniel Ortega designó a Carlos Guadamuz para que tomara las riendas de la emisora que serviría como pivote central del gobierno revolucionario.

El director de La voz de Nicaragua, nunca asistió a las reuniones del Departamento de Propaganda y Educación Política (Depep), ni a las reuniones del Departamento de Agitación y Propaganda, (Dap). Guadamuz jamás aceptó someterse a las orientaciones partidarias. Con suma habilidad el Comandante Ortega capeaba el bulto. Con astucia evadió que La voz de Nicaragua quedase sujeta a las directrices del Dap. La correlación de fuerzas en el directorio sandinista se inclinaba a su favor. Guadamuz había compartido con Ortega siete años de cautiverio en las cárceles somocistas. Una relación que le permitió actuar con independencia y acatar únicamente las órdenes provenientes del Coordinador de la Junta de Gobierno.

Contando con suficiente apoyo financiero y político, Guadamuz hizo de La voz de Nicaragua la emisora de mayor impacto. Estructuró una sólida programación. Conrado Pineda, que había llegado a la radio como periodista, fue nombrado por Guadamuz programador. Pineda tenía la suficiente experiencia como para hacer de la radio una emisora pujante. Su bagaje como locutor, animador y programador lo había adquirido en distintas emisoras. Su trajinar lo comenzó en la 590 en el año 1966. Llegado de San Jorge, un pueblecito de Rivas, costero del Lago Cocibolca, tocó las puertas de esta emisora, Pepe Barrantes le franqueó el paso. La 590 era la segunda emisora más escuchada del país.

La creatividad y perspicacia de Conrado Pineda convenció a Carlos Guadamuz de promoverlo a cargos de mayores responsabilidades. En la medida que Pineda presentaba nuevos argumentos para hacer de La voz de Nicaragua la voz más escuchada, se ganaba la confianza y su incidencia crecía. En un lapso muy breve Pineda pasó de programador a director artístico y luego a subdirector. Para entonces La voz de Nicaragua invadía con su programación los cuatro puntos cardinales del país. En la medida que la contrarrevolución auspiciada por Estados Unidos incrementaba sus acciones desestabilizadoras, los medios de comunicación en Nicaragua entraban de lleno en la contienda. Esta circunstancia impidió que los medios afines al sandinismo pudieran articular otro discurso que no estuviese asentado en las premisas de la agitación y propaganda. Las condiciones político militares existentes en el país lo propiciaban.

La voz de Nicaragua había atraído hacia sus predios a Edgard Tijerino, Otto de la Rocha, Adrián Roque, Roberto González, Teatino Santana, Carlos Reyes, Enrique Armas, Luis Cabrera, Pepe Areas, Pepe Ruiz, Gixa Torres y Noel Fuentes. Sus deseos de multiplicar su voz fueron compensados. Las tres frecuencias radiales disponibles le permitían una flexibilidad absoluta. Según el discurrir cotidiano del país, Guadamuz programaba a Daniel Ortega en la 620, a través de la 640 transmitían béisbol y en la 780 música. Con esta plasticidad satisfacían las diversas demandas y los diferentes gustos de sus audiencias. Conrado Pineda siempre ha sido un mago de la programación. Con deleitación se impuso la tarea de elaborar una propuesta que sedujera a los nicaragüenses.

Esa feliz combinación de recursos tecnológicos y humanos coincidió en La voz de Nicaragua. Con una fonoteca envidiable siempre puesta a disposición de su audiencia. Edgard Tijerino fundó Doble Play, el programa deportivo más popular del país. Enrique Armas conformaba la dupla. Luis Cabrera primero y Noel Fuentes después eran los encargados de realizar Hablemos una radio-revista ágil, amena y crítica. Con su entusiasmo de siempre y su alegría desbordante, Otto de la Rocha cautivó a los nicaragüenses con La Palomita Mensajera, recurriendo a los dobles sentidos, haciendo malabarismos con el lenguaje popular.

Carlos Reyes fue reclutado de Radio Corporación. Una jugosa oferta lo indujo hacerse cargo de las transmisiones deportivas, junto con Pepe Ruiz. Por las tardes, Roberto González platicaba con los escuchas sobre sus necesidades, que eran muchas. Otto de la Rocha se acrecentó creando Lencho Catarrán. La voz de Nicaragua era la única emisora que contaba con la anuencia del mandatario para formular críticas a los funcionarios públicos. Muchas veces los ministros eran sorprendidos. Cuando arribaban a sus oficinas ya estaba un periodista de La voz de Nicaragua esperándoles para interpelarles. Con esta actitud La voz de Nicaragua ganaba simpatías. Los dirigentes revolucionarios y funcionarios públicos, siempre han sido alérgicos al fuego purificador de la crítica.

Las elecciones ganadas por Violeta Chamorro, produjeron un tsumani que estremeció las vértebras sandinistas. En una carrera contra el tiempo solicitaron un par de frecuencias a Telcor. Conrado Pineda fue el encargado de dar vida al nuevo proyecto radial. Con celeridad Pineda grabó las primeras cuñas que abrieron el telón para presentar a una nueva criatura en el augusto anfiteatro de la radiodifusión nacional. Desde los estudios de La voz de Nicaragua Pineda hizo las pruebas anticipando lo que sería Radio Ya. La actriz Violeta Rostrán fue la voz seleccionada para promocionar a la nueva emisora. A Pineda no le resultó difícil ponerse de acuerdo con Carlos Guadamuz para bautizar a la niña de sus ojos. Tomaron el nombre de una de las viñetas distintivas de La voz de Nicaragua.

Para ganar tiempo encargaron los ajustes técnicos de un viejo transmisor a Orlando Caldera. La frecuencia concedida por Modesto López, fue en los 600 kilohertz. Sin solución de continuidad, al día siguiente de la toma de gobierno de la presidente Violeta Chamorro, el 26 de abril de 1990, apareció en el dial Radio Ya. Guadamuz y Pineda echaron mano de la fórmula del éxito. Como los grandes cirujanos hicieron un trasplante a corazón abierto. La Ya amaneció más vistosa que nunca, enfundada en el ropaje de La voz de Nicaragua. Edgard Tijerino, Enrique Armas, Otto de la Rocha, Adrián Roque, Luis Cabrera, Noel Fuentes, Gixa Torres y Mauricio Matute, mudaban de radio.

El 28 de febrero de 1990, Daniel Ortega pronunció frente a la multitud sandinista congregada en la Plaza de los No Alineados, un discurso que marcó época. Dos aspectos sobresalieron en su intervención. Dando ánimo a sus seguidores afirmó que “gobernarían desde abajo”, una consigna que cumplió al pie de la letra. La otra consistió en expresar que desde ese mismo instante comenzaba la estrategia de recuperación del poder. Para convencer a los sandinistas esgrimió el ejemplo del expresidente Salvador Allende, quien después de haber sido derrotado dos veces, ganó en Chile las elecciones presidenciales en 1970. La Ya hizo eco de las afirmaciones del Comandante Ortega. ¿Acaso no había nacido para cumplir este propósito?
El país no gozaba aun del boom de la frecuencia modulada, cuando radio Ya asumió la misma agilidad con que funcionan estas emisoras. La Ya desde su alumbramiento ha sido una emisora ágil, dinámica, participativa y adversa a los críticos del sandinismo. Es la única radioemisora en Nicaragua, que se posicionó en el dial, desde el mismo momento que insurgió a la vida. Guadamuz y Pineda habían constatado por distintas vías y en diferentes países, el primero en Perú y el otro en Venezuela, que las radios exitosas debían ser breves. Sabían que la participación de las audiencias garantizaba el éxito. Una radio que no fuese crítica era una radio incolora e insípida. Estar en la oposición facilitaba las tareas.

La Ya arreció sus ataques contra los dirigentes del nuevo gobierno. Apuntaló un discurso de agitación y propaganda. Pasó a formar parte del estado mayor del equipo de propaganda del Comandante Ortega. Se definió como una emisora sandinista. Sus unidades móviles se desplazaban al ritmo vertiginoso con que los dirigentes rojinegros montaban sus protestas. Un grupo de ex militares jefeados por Donald Mendoza, se tomó las instalaciones de la Unión Nacional Opositora (Uno), en el barrio Bolonia, para contragolpear la toma de rehenes de parte del Comando 380 en Quilalí. Omar García transmitió durante cinco días ininterrumpidos estos sucesos. La Ya y la Corporación azuzaban los ánimos. Las heridas de guerra en vez de curarse eran profundizadas.

El Ministro de la Presidencia, Ing. Antonio Lacayo, en vez de dar a conocer a través de Radio Nicaragua, como fue rebautizada la emisora del gobierno, la creación del córdoba oro, una de las decisiones más trascendentales del nuevo gobierno, se fue a explicar la medida a los estudios de Radio Ya. Su gesto sirvió para ratificar que la nueva emisora gozaba de una creciente popularidad. Mientras algunos especialistas se dedicaban en Nicaragua a estudiar y proponer el nuevo tipo de radio que el país requería, Carlos Guadamuz y Conrado Pineda, habían develado la receta. ¡La Ya nacía coronada con los laureles ganados por La voz de Nicaragua!