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La maldición del cheque fiscal ha llegado. Testigos de este mal augurio sobre ese tipo de cheque son los trabajadores del Estado. Autores intelectuales y materiales de tal maldición son los bancos privados.

Ser trabajador del Gobierno o más ampliamente del Estado, representa una gran desventaja al momento del pago (esa fecha que oscila entre el 5 y 13 de cada mes). La desventaja es real, no es ningún invento ni alucinación. El empleado del Estado sufre, es humillado y maltratado por los bancos privados cuando los trabajadores de estos últimos le dicen: este cheque fiscal no puede ser cambiado en esta sucursal o en esta fecha; o bien, únicamente lo puede depositar si tiene cuenta de ahorro con nosotros.

Y es que los bancos privados han dispuesto un período de días para que los trabajadores estatales puedan cambiar sus cheques. Para estar más tranquilo con Banpro, dicho banco ha dispuesto que los trabajadores del Gobierno sólo pueden cambiar su cheque fiscal en determinadas sucursales. Éstas se encuentran en la periferia de la capital o fuera de ella, es decir, en otros municipios (Ciudad Sandino, Tipitapa).

El libre cambio, como el comercio libre, no existe. No existe libertad para que el trabajador del Estado cambie su cheque cuando quiera y donde quiera. ¿Se trata de una violación de los derechos humanos de los trabajadores estatales y sus familias? ¿Está la banca privada violando flagrantemente la libertad individual de los empleados del Estado nicaragüense? ¿Cuál es la razón? ¿Qué respuesta tiene el Estado nacional ante tal arbitrariedad de la banca privada en contra de la gran masa de asalariados estatales? ¿Es una medida democrática? ¿Fue una decisión consultada a los trabajadores? ¿Es así que funciona el verdadero Estado de Derecho de los empresarios bancarios privados? ¿Es acaso una manifestación más de los poderes fácticos, elitistas y por lo tanto oligárquicos que le pasan de esta manera una factura al gobierno sandinista? ¿Es parte del contragolpe de los banqueros privados por el juicio de los Cenis debido al fraude de los 500 millones de dólares? ¿Es la forma en que el capital que más ha crecido exponencialmente en los últimos 19 años defiende a sus muchachos: Montealegre, Ramírez y sus 40 ladrones de los 17 mil millones de córdobas? ¿Es una medida para crear descontento y malestar hacia el gobierno encabezado por el FSLN?

Dicen los banqueros que desean descongestionar las sucursales centrales o principales. La razón es de pesos, pero no es de peso. Y los pesos de los trabajadores parecen interesarle mucho al oligopolio bancario privado. Sin importar que la mayoría de los trabajadores estatales ganen poco, cuando se suma todo el dinero ganado mensualmente por los miles de empleados gubernamentales, entonces sí, el total importa. La suma es una cantidad fabulosa que no debe pasar por otras manos que no sean las que tienen guantes de seda: las manos de los bancos privados. Manos que desean y deberían tocar el salario de los trabajadores estatales mucho antes que lo haga la mano manca e invisible del mercado.

Recientemente sindicalistas han señalado que los bancos privados quieren que las instituciones estatales paguen a través del sistema digital de las tarjetas de débito. La fórmula es fácil: el Estado deposita el dinero en los bancos privados y éstos usan a su gusto y antojo los millones de córdobas, y le permiten al trabajador retirar su salario con una tarjeta de débito en un cajero automático. También puede ser que los banqueros quieran obligar a los trabajadores a abrir cuentas de ahorro para que prefieran depositar sus cheques fiscales en cualquier momento y sin importar la sucursal.

Ya no les basta a los banqueros controlar de manera significativa el salario de los trabajadores a través de las tarjetas de crédito (es muy triste ver cómo se acumulan los sobres de dicho dinero plástico en la recepción o planta telefónica de más de algún centro de trabajo estatal). Ya no digamos qué pasa con el trabajador del Estado o de la invicta empresa privada a quien los bancos privados le han enviado a sus equipos de cobranza, embargado su salario o le han hecho renunciar a su domicilio para entablarle juicio en cualquier juzgado del país.

Los trabajadores deberían poder cambiar sus cheques fiscales cualquier día del mes, en cualquier banco, en cualquier sucursal; siempre –eso sí- dentro del límite de vencimiento del cheque. El gobierno de los trabajadores y para los trabajadores tiene algo que hacer al respecto. El próximo mes puede ser demasiado tarde. Lo demás, es asunto del gobierno y los bancos privados.

Mientras tanto, tranquilo, que estás con el banco que te ha embargado el salario. Y simplifícate sin enojarte ante la pérdida de tu libertad para cambiar tu cheque fiscal. ¡Viva el libre y democrático mercado de cambio!