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Todo parece indicar que lo peor de la crisis mundial está quedando atrás. La recuperación económica, sin embargo, será un proceso gradual y muy lento que tardará mucho en hacer sentir sus efectos en la economía global.

Tras este episodio de crisis sin precedentes en la historia, muchas lecciones se tienen que aprender para evitar, en el futuro, que las causas que nos arrastraron a esta terrible situación se repitan, por el bien de la economía mundial.

Uno de los puntos esenciales que deberán fortalecerse tras haber superado completamente la actual crisis debe ser el de la regulación de los mercados financieros internacionales. Como producto de la globalización e interdependencia económica y financiera de las principales economías del planeta, la virulencia y capacidad de contagio de la crisis se vio exponencialmente acrecentada. La regulación es, por lo tanto, una línea esencial de defensa y prevención de abusos que se debería seguir para estabilizar y dar viabilidad renovada a los mercados financieros mundiales para que operen con un nivel razonable de libertad pero dentro de ciertos parámetros sistémicos que brinden también la oportunidad a las autoridades pertinentes de intervenir, de manera preventiva, y en el momento más oportuno, con el fin de evitar que las incipientes causas de crisis alcancen niveles insospechados de devastación económica.

La regulación de los mercados financieros internacionales es mucho más que un álgido discurso político que muchas veces se usa de plataforma ideológica por parte de los renovados liderazgos izquierdistas de nuestro continente así como por otros detractores del sistema neoliberal capitalista en distintas partes del planeta; todo con el objetivo de apuntalar un enfoque de economía política que responde a necesidades coyunturales muy precisas del momento histórico que vivimos pero que no aportan una solución estructural para la renovación o transformación del sistema en el largo plazo.

Las fallas y debilidades del sistema de integración global del capital financiero y de sus prácticas especulativas --que son inherentes a su naturaleza misma-- han sido, por demás, reconocidas y señaladas con toda claridad por los líderes de las principales economías desarrolladas. Las voces que en todo el mundo se han alzado para señalar los desajustes y abusos que se cometieron dentro de este criticable paradigma de total apertura y de bajos niveles de regulación han expresado, en términos tajantes, la imperiosa necesidad de un nuevo marco regulatorio que encuadre el rango de acción de los inversionistas que se mueven en los distintos mercados financieros internacionales. Desde Washington hasta París, pasando por Londres y otros centros geopolíticos de gran relevancia para la economía mundial, la necesidad de un rediseño y armonización de las legislaciones nacionales para proveer el sustento legal sobre el cual habrá de fundarse la nueva realidad en la que se deberán desenvolver, en el futuro, los mercados financieros internacionales ha sido puesta en evidencia.

Tras haber superado lo peor de la crisis hará falta alinear la voluntad política internacional y tratar de comenzar a definir la nueva estructura regulatoria y los mecanismos de control que regirán sobre los mercados financieros. En este proceso muchos son los retos que se deberán enfrentar puesto que se trata de un reacomodo que va a afectar a enormes grupos de inversionistas que tienen importantísimos intereses económicos en juego.

Las buenas intenciones que han expresado los líderes de las economías más importantes del mundo en el sentido de impulsar un proceso de corrección de fallas y reforzamiento del control sobre los mercados financieros parecen ser lo bastante apropiadas. Sólo resta saber si, efectivamente, las acciones concretas acompañarán a las buenas intenciones. Además, habrá que ver si los presidentes, primeros ministros y jefes de gobierno de las economías desarrolladas están dispuestos a absorber el enrome costo político de una reforma de esta magnitud.

Por otra parte, los detractores del sistema neoliberal capitalista se posicionan, desde su condición de observadores, en el perfil crítico más radical contra este sistema cuyas fuerzas intrínsecas, que le dieron vida y pujanza, ahora representan su amenaza más importante y le plantean la más compleja encrucijada que jamás haya enfrentado.

¿Existen alternativas al sistema neoliberal capitalista? Claro que las hay. Sin embargo, lo que hasta ahora se ha planteado como alternativa, en especial en lo que tiene que ver con el desempeño de los mercados financieros, ha carecido de una estructura político-económica viable en actual contexto global. Sería interesante que surgiera una propuesta para un nuevo sistema político-económico debidamente estructurada y adaptable en las actuales condiciones de interconexión económica mundial. Desafortunadamente, en América Latina, la mayoría de los líderes no hace más que reprochar los errores, fallas y aspectos negativos del neoliberalismo que nos condujo a la crisis. En vez de potenciar las fortalezas de cada uno de los países y las experiencias positivas que nuestra región podría aportar a este proceso de redefinición de paradigmas económicos mundiales, algunos líderes de nuestra región están recurriendo a teorías momificadas como aquella de la Dependencia, el marxismo más radical, el antiguo socialismo fracasado en Europa del Este o, incluso, el conceptualmente retocado Socialismo del siglo XXI. Una vez más América Latina sólo será testigo mas no protagonista de la historia económica mundial y de la redefinición de nuevas tendencias en términos de economía política global.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.