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El partido de gobierno, Frente Sandinista, está convocando una reunión de periodistas, pero no de todos, sino de “periodistas sandinistas”, sí, periodistas con apellido, no sólo periodistas. Ponerle apellido a los periodistas corre el mismo riesgo de ponérselo a la ética, porque al igual que ésta, el periodismo no necesita apellido, es uno sólo, y se caracteriza por unos principios generales basados en aproximarse lo más posible a la verdad. El mandato de “no matarás”, en el ejercicio de esta profesión se traduce en no mentirás, ni manipularás, no sesgarás, no difamarás, no calumniarás, no ocultarás. Y esto no se puede hacer subordinados a intereses partidarios de derecha, centro o izquierda o de cualquier otro signo.

Por supuesto, nada impide al FSLN convocar a una reunión de periodistas calificados como “sandinistas”, al igual que lo podría hacer el PLC con colegas “liberales” o el PLI con periodistas “liberales independientes”. Los calificativos nos distinguirían claramente unos de otros, nos diferenciarían a lo lejos, nos dividirían más de lo que estamos y quizás hasta nos enfrentarían. ¿Esto es lo que quiere la cúpula del Frente?

¿Conviene que los gremios se dividan por las opciones partidarias de los profesionales que los integran? No. El gremio de los periodistas debe ser uno sólo, sólido y fuerte alrededor de sus principios éticos, técnicos y profesionales, y sus objetivos gremiales. El escenario partidario no debe estar en los gremios de los periodistas, sino en los partidos y en las tareas que designan a su membresía. En el gremio todos debemos estar juntos, unidos por las normas y principios de la profesión, independientemente de que cada quién tenga su opción partidaria. En los gremios, los periodistas actuamos como tales, en el partido, como militantes. Quien quiera hacer partidismo, que lo haga en su partido. En el gremio, tratemos de mejorar nuestro desempeño para satisfacer las necesidades informativas de la población; y alcanzar mejores condiciones socioeconómicas.

El objetivo primordial de esa reunión de periodistas “sandinistas”, según los organizadores “es defender la revolución sandinista en su segunda etapa”. Esto plantea otra falacia: la existencia de una revolución, lo cual no es cierto, es un malsano invento y una perversa herramienta de la retórica del FSLN dirigida a engatusar a los sectores populares. Ofenden la memoria de Julius Fucik, un periodista amante de la libertad.

Desde el vergonzoso robo de valiosas propiedades del Estado a principios del año 1990, los dirigentes involucrados dejaron de ser revolucionarios y se convirtieron en corruptos y demagogos que se comportan y viven como lo que son: millonarios capitalistas. Su particularidad es que de boca se declaran “revolucionarios” y “defensores” de los pobres. Esta dualidad explica por qué, en la práctica, no desean un cambio de sistema, lo cual sí sería una revolución. Más bien mantienen un modelo explotador de acumulación acelerada de capital, como lo vemos en la familia gobernante y sus socios más cercanos. Una acumulación deshonesta más rápida que la que hicieron Somoza García y Arnoldo Alemán.

Otra falacia más: sandinistas no significa ser partidario o simpatizante del FSLN. El Frente no tiene la exclusividad sobre este hermoso concepto. Hay varias corrientes sandinistas en Nicaragua, como el Movimiento Renovador y el Movimiento del Rescate, y otros grupos no tan orgánicos, pero vigentes, así como personas en su carácter individual que reivindican un sandinismo que nada tiene que ver con el autoritario y antidemocrático proyecto político del partido de gobierno.

El llamado Foro de Periodistas Sandinistas (FPS) pretende partidizar el ejercicio del periodismo, subordinarlo a los intereses de una selecta y exclusiva cúpula dirigencial del FSLN. ¿Cómo podrán conciliar estos periodistas los intereses de la cúpula con el deber de informar, por ejemplo, cuando serviles militantes del partido junto a violentos pandilleros, estén garroteando a sectores de la población como hicieron recientemente con miembros de la Coordinadora Civil? ¿Criticarán a los nefastos herederos de la Nicolasa Sevilla? ¿Se justifica porque fue el partido el que mandó a reprimir?

Quieren imponerles a los periodistas “sandinistas” la defensa de la “Revolución”, para que no hablen de la privatización de la multimillonaria ayuda venezolana; tampoco de los esfuerzos por eliminar la Ley de Contrataciones del Estado para no licitar nada; ni del llamado “Seminolazo”; ni de la corrupción en la Contraloría, el IDR e Inpesca; y, por supuesto, absolutamente nada podrán decir sobre el nepotismo y los multimillonarios negociados de la familia presidencial. ¿Podrán hablar de los cinco sombreros estratégicos de Francisco López o de la extraordinaria acumulación de poder de la Primera Dama?

No satisfecho con el control que ya tiene sobre las juntas directivas de algunas de las más importantes organizaciones gremiales de periodistas, el partido de gobierno pretende meter en una camisa de fuerza a un importante sector de los periodistas. Este tipo de iniciativas, estos intentos de partidizar la actividad gremial y el ejercicio profesional, atentan contra el periodismo y la libertad de expresión de toda la población. No sólo promueve la división del gremio y, por consiguiente, su debilitamiento, sino también su degradación técnica. Quieren eliminar a los verdaderos periodistas y convertirlos en propagandistas, en meros subordinados reproductores del discurso oficial. Quieren que no piensen, si piensan son peligrosos. Y para los peligrosos ahí están las hordas nicolasianas. Y sino, pregúntenle a nuestro digno colega Mario Sánchez, un periodista sandinista que no estará en esa reunión.

Al celebrar el Día Internacional del Periodista, el periodismo nacional recibe agresión y escarnio de parte del gobierno. Ayer fue el somocismo, y hoy el nuevo somocismo camuflado de revolucionario, que trata de controlar a los comunicadores sociales, porque el FSLN se ha dado cuenta que su errada política de comunicación, por excluyente y autoritaria, ha fracasado. Ni siquiera ha sabido proyectar un logro tan extraordinario como la alfabetización, y menos evitar que, debido a sus desaciertos y corrupción, la población tenga cada vez una imagen más deteriorada de los dirigentes de gobierno.

¿Lograrán mejorar su comunicación organizando un batallón de periodistas “sandinistas”, como fuerza de choque ideológico que defienda el proyecto autoritario? No. Los hechos, rotundos, ahí están: en poco tiempo han vuelto a fracturar a la sociedad porque hay resistencia al modelo verticalista de un sólo partido y un sólo de todo, bajo el férreo control sólo de la cúpula del FSLN. El país requiere espacios democráticos. Y no resultará también porque los periodistas sólo pueden hacer periodismo en libertad.

Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com