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Junto a los 30 años de la revolución sandinista --en este septiembre, mes de la patria--celebramos el 30 aniversario del Ejército de Nicaragua y de la Policía Nacional, precisamente instituciones surgidas y creadas por la revolución, la que marcó e impuso su impronta de patriotismo y de humanismo que las caracteriza.

Este Ejército y esta Policía de nuevo tipo no surgen de la casualidad, son producto de un largo proceso histórico, en el que –y sobre todo desde Zeledón y Sandino- se produjo una lucha por la defensa de la soberanía nacional contra el intervencionismo imperialista, en el que hubo fuerzas que trajeron, se subordinaron y se sostuvieron por el intervencionismo extranjero (las fuerzas vende patria libero-conservadoras) y fuerzas populares patrióticas-populares que se opusieron a dichas fuerzas, primero con el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN), liderado por Sandino, contra los Marines Yanquis y la Guardia Nacional, y luego principalmente por el FSLN contra la dictadura somocista y la genocida Guardia Nacional. Fue el FSLN como movimiento político-militar popular, revolucionario, que lideró al pueblo en una estrategia revolucionaria, hasta insurreccionarlo y conducirlo al derrocamiento de la dictadura en 1979.

Ese ejército del pueblo, los muchachos, con armas rudimentarias pero con una alta conciencia popular y patriótica, hizo posible acabar con 45 años de dictadura. Y de esos muchachos, de esos guerrilleros, surgieron el Ejército y la Policía, que por el indiscutible liderazgo del sandinismo en las luchas patrióticas y populares de Nicaragua se les denominó sandinista en los años 80 del siglo XX, y precisamente ese origen ha sido la garantía de los altos valores y del profundo compromiso que tienen dichas instituciones con Nicaragua y los nicaragüenses, con real vocación nacional y popular. La creación y desarrollo de dichas instituciones vinieron a superar el papel casi determinante de los bandos político-militares, de los ejércitos, de lo castrense o de lo militar, en la historia nacional, que casi siempre actuó contra el pueblo y contra la soberanía nacional.

El Ejército y la Policía de hoy son la síntesis y la continuidad de la experiencia guerrillera, patriótica y popular de Nicaragua del siglo XX y de la alta experiencia de defensa nacional que dichas instituciones protagonizaron en defensa de la revolución y contra la agresión imperialista en los años 80; así se “forjó el acero” de la dignidad, de la fortaleza moral e institucional con que hoy cuentan el Ejército y la Policía, que vino a superar la lucha y la etapa de los ejército de bandos o partidos surgidos después de la independencia durante todo el siglo XIX y parte del siglo XX, vino a superar al ejército mercenario y antinacional que presentó la Guardia Nacional de 1927 a 1979, convirtiéndose en instituciones del pueblo y del Estado nicaragüense en los años 80, proceso que culminó con la consolidación de la carrera militar y el profesionalismo a inicios de los años 90, en que precisamente dichas instituciones en una sociedad de postguerra , con su liderazgo y legitimidad, fueron y son garantía de la estabilidad y la democracia en Nicaragua.

En el nuevo contexto político que experimentamos en Nicaragua y en el mundo desde los años 90, en que los gobiernos y las políticas neoliberales abandonaron su responsabilidad en el desarrollo, profundizaron el atraso económico, la pobreza y la desigualdad social en Nicaragua y en el mundo, en que se ha profundizado –vinculado a lo anterior- el tráfico de drogas, el crimen organizado y otros ilícitos y peligros denominados como “nuevas amenazas”, dichas instituciones con poco presupuesto, pocos medios y pocas fuerzas humanas –en relación a la que tienen las fuerzas armadas de la región- ha sido efectivas y ejemplares en la lucha contra dichos flagelos y amenazas en Nicaragua y en Centroamérica.

Nicaragua sigue siendo el país más seguro de Centroamérica, con una alto nivel de seguridad ciudadana y pública, con fronteras bien resguardas, la más efectiva en la lucha contra el narcotráfico en tierra firme y en sus costas, con alta efectividad y vocación humana en la prevención, atención y enfrentamiento a los llamados desastres naturales y otras necesidades o eventos sociales (como la salud), la defensa del medioambiente, apoyo a los procesos electorales, y en medio de la conflictividad social generadas por las políticas neoliberales y el enfrentamiento político, en lo fundamental –y no carentes de errores- han sabido enfrentarlos, administrarlos y estar en el fiel de la balanza, sin ser instituciones deliberantes. En ello ha incidido la experiencia de lucha acumulada, el alto profesionalismo alcanzado, su vocación social expresada en su interrelación con el pueblo y la indiscutible vocación patriótica y humanista que las identifica.

Celebramos con orgullo el 30 aniversario del Ejército de Nicaragua y de la Policía Nacional, porque están y han sabido estar a la altura de las circunstancias, no sólo porque son y han sido respetuosas de la legalidad y la institucionalidad que las sustenta, que deben defender y acatar, sino sobre todo porque han sabido proteger la soberanía nacional y la seguridad del pueblo; tienen -y también tenemos- mucho que hacer para que continúen con sus fortalezas sobre todo las profesionales y éticas, las que aseguren que nunca jamás tendremos un ejército y una policía como la Guardia Somocista, sino un ejército que responda siempre a los altos intereses del pueblo y la nación.


*Docente universitario UNAN-Managua
fredyfranco@hotmail.com