• |
  • |
  • END

Uno
Cuando una imagen se apaga, en un país carente de programas propios de televisión, nuestra visión de la realidad se empobrece. La desaparición de Vidas y Confesiones, concebido y conducido por María Lilí Delgado, fue una pérdida dolorosa, un duro revés para miles de hogares nicaragüenses que domingo a domingo se pegaban a la pantalla, para seguir de cerca las alegrías y padecimientos que enardecen o afligen a una sociedad estresada por los malabares y sinsabores de la politiquería. Plantear desde una perspectiva diferente sus múltiples facetas, era asomarse a una ventana diferente para percibir una sensibilidad distinta, que abría las puertas de las esperanzas a millares de personas desencantadas. Vidas y confesiones mostraba historias cotidianas del más común de los nicaragüenses, empalmando con sus ansias de trascender las desgracias, para renacer de nuevo cada día.

Desde la primera puesta en escena, el 8 de agosto de 2004, enseñando los rostros de los Mayangnas, en las profundidades del Caribe Norte de la geografía nacional, estábamos frente a algo nuevo. María Lilí Delgado no escatimó tiempo ni recursos, para que identificáramos a través de su programa y la propia voz de esta etnia olvidada, sus modos de vida, su sensibilidad particular, las omisiones gubernamentales, sus luchas ancestrales para recuperar sus tierras, su comunión con la naturaleza y su religiosidad a flor de piel. Era la visión fantasmagórica de los olvidados de Dios y de los hombres. Con este homenaje Vidas y Confesiones restituía su dignidad mancillada. Su trascendencia quedó expresada al hacerse merecedor ese mismo año, del segundo lugar en el primer certamen del Premio a la Excelencia Periodística Pedro Joaquín Chamorro en Televisión.

Convencida en que detrás de cada persona hay una historia que contar y una lección que aprender, Vidas y Confesiones descubrió la cara oculta de Eulalia Orozco, una campesina de Caño Negro, en las montañas de Matagalpa, propuesta a Premio Nobel por la Organización de Estados Americanos. Un tributo merecido a su doble condición de mujer y campesina. María Lilí también fue la primera en haber mostrado la sensibilidad especial de Tony Méndez, el virtuoso que enmudeció al Papa Juan Pablo II, durante su segunda visita a Nicaragua, al haberse inspirado interpretando de nuevo con los pies, puesto que carece de manos. María Lilí viajó a Miami y lo hizo confesarse para todos nosotros.

El 12 de noviembre de 2006, una semana después de que Daniel Ortega ganó las elecciones para su segundo mandato presidencial, María Lilí logró entrevistar al periodista de Univisión, Jorge Ramos. El conductor de los noticieros de una de las dos cadenas hispanas de televisión que transmiten en los Estados Unidos, ratificó que no existe el periodismo objetivo tal como lo repiten algunos locos de hoy. A lo sumo lo que trata de practicarse es un periodismo justo, apostilló Ramos. Igualmente le hizo saber cómo lidiar con el miedo. En agosto de 2005 la periodista nicaragüense había viajado a Afganistán, invitada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. María Lilí fue la única mujer de América Latina que atendió la invitación, todos los demás eran machos.

En ese viaje hacia los confines de los talibanes, sintió en carne propia el desprecio que estos sienten hacia las mujeres. En Kabul, al entrevistar a los hombres, estos jamás levantaron su mirada para ver su rostro. Padeció los mismos ultrajes sufridos por la periodista italiana Oriana Fallaci y la argentina Olga Wonart. Todavía retengo en mis pupilas ese reportaje desacralizador. La veo cruzar temerosa por las calles peligrosas de Kabul. En un momento determinado María Lilí entró en pánico. Las enseñanzas de Ramos llegaron después de esta experiencia.

Todo buen periodista puede contar sin jactancia, que sus recortes de la realidad han contribuido a cambiar de alguna manera los modos de pensar y sentir de las gentes. Tal vez ésta sea una de sus mayores recompensas. María Lilí con su saga acerca de la salud pública obtuvo esta retribución. En un país machista, un hombre después de ver uno de sus programas, le escribió conmovido diciéndole que en sus relaciones amorosas “los problemas él los ocasionaba, no su mujer”. En Nicaragua nadie ha planteado hasta ahora los problemas de la niñez como lo hizo Vidas y Confesiones. Con especial sensibilidad develó el comportamiento de los niños hiperactivos, autistas, sordo mudos, diabéticos, con VIH Sida y con capacidades especiales que se encuentran trabajando. Paradojas de la vida, ninguna empresa donde laboran estos niños, cuyo orgullo vimos rescatado en la pantalla, quiso apoyar esta iniciativa.

La noche del domingo 11 de mayo de 2008, al encender la pantalla del televisor para atender en Canal 8 mi cita con Vidas y Confesiones, me topé con la desgracia de que éste había desaparecido. Se lo tragó el infortunio. Un programa que había estado en el aire durante ciento sesenta y cinco domingos consecutivos, era víctima una vez más de la sordidez de los anunciantes y de la injusticia de los publicistas.

Siempre que un medio de comunicación o un programa de televisión desaparecen, nuestra visión del mundo se empobrece. Al cerrarse una ventana que nos conecta con la realidad nacional, la gran perdedora es nuestra sociedad. Debo reconocer la altiva terquedad de María Lilí, que habiéndose quedado sola en el páramo de la producción nacional televisiva, trató de sostener su programa. ¡Al final fue devorada por el estrabismo interesado de quienes pautan los anuncios! ¡Hay quienes resentimos la desaparición de Vidas y Confesiones!

Dos
Fiel a su palabra, María Lilí Delgado trató de rescatar Vidas y Confesiones. El domingo 7 de septiembre de 2008, apareció a las cuatro de la tarde en Canal 2. Volvía sobre sus pasos. No hizo ni la más mínima concesión. Los televidentes apreciamos su empeño por continuar ventilando asuntos que a la ciudadanía interesa, pero a los anunciantes no. El tema central fue sobre el hambre en Nicaragua. Con su tradicional esmero daba rostro y prestaba voz a un fenómeno que causa estragos y produce ceguera entre los habitantes de la región matagalpina. El panorama que mostró fue desolador. La dieta del campesinado en las áreas rurales de Jinotega, Matagalpa y Madriz, se reduce a guineo, sal y jabón.

La incorporación del jabón parecía extraña a los ojos de los televidentes. Las campesinas se encargaron de aclararlo. El jabón no puede faltarles porque permite que las mudadas de sus hijos estén siempre limpias. Acudir a la escuela significa garantizar por lo menos dos raciones de comida diarias. Los programas apoyados por el Programa Mundial de Alimento, permiten a niños y niñas que acuden a clases, agregar la ración del vaso de leche. El Programa Hambre Cero era conocido por algunas campesinas. En lenguaje cifrado dijeron que “estaba diagnosticado a quienes llegaba y a quienes no”, aludiendo que sus alcances no son generalizados y favorece únicamente a un sector del campesinado.

El siguiente domingo Vidas y Confesiones dio seguimiento al tema. Para paliar el déficit alimenticio presentó La soya alimento milagroso. Las nutricionistas nicaragüenses continúan apostando por introducir nuevos hábitos alimenticios. Desde los ochenta del siglo pasado, la soya ha sido presentada como una alternativa viable y menos onerosa. La renuencia en los hogares persiste. Todavía no se convencen que se trata de un alimento rico en proteínas, con el que pueden preparar diversos platos. La crisis energética que impactaba en el corazón de la economía nicaragüense, motivó el programa del domingo 21 de septiembre. La vida económica de los Nicas mostró lo poco que han variado sus hábitos y costumbres, pese a estar sumergida en una crisis de grandes proporciones.

En esta ocasión María Lilí comprobó que la mayoría de los nicas no están dispuestos a dejar de utilizar los tres automóviles que disponen en sus casas. La tenencia del carro constituye una manifestación de prestigio y estatus. Prevalece la cultura del Pick Up. Los carros pequeños son vistos como juguetes y sus propietarios son objeto de burlas. Disponer de un carro lujoso se ha convertido en un signo distintivo, en una época en que las apariencias valen. Medios y anunciantes han atrapado con su discurso a los buscadores de prestigio, que ven en la marca de un carro un símbolo de reputación.

El 28 de septiembre de 2008, Vidas y Confesiones acompañó el arranque de la campaña de las elecciones municipales. Salió a las calles de Granada, Masaya, Jinotepe y Managua, a entrevistar ciudadanos que pocas veces aparecen en los medios. María Lilí quería mostrar que los electores todavía no se reponían de los sucesos acontecidos el 22 de septiembre de 2008 en la ciudad de León. No comprendían cómo un candidato a Alcalde propinaba garrotazos a la policía. Las imágenes proyectadas a través de los canales de televisión causaban repelos. Los entrevistados pedían paz y cordura. Un deseo compartido.

El domingo 5 de octubre me quedé burlado. Vidas y Confesiones no apareció en el horario asignado. Las causas de su nueva desaparición fueron las mismas: falta de apoyo de los anunciantes. Aun con este traspié, estoy seguro que María Lilí volverá con su programa. ¡Su terquedad contagia!