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Matagalpa tiene razón especial para celebrar en triunfo en la batalla de San Jacinto, para comprenderlo veamos los antecedentes. Es conocido que los indios matagalpas fueron los más rebeldes a través de la historia de la conquista española. Hubo varias rebeliones contra esta corona, en los años 1679, 1773, 1881, entre otras.

El área de Matagalpa y sus comarcas siempre ha sido conocida por su gran número de indios puros, estos tenían su propia lengua y la conservaron hasta finales del siglo XIX.

Tenemos datos de que en 1824 indios flecheros lucharon al lado del padre Estrada, en 1844 combatieron en León contra la ocupación del general salvadoreño Malespín. En 1854 las tropas de los legitimistas Clemente Rodríguez y Tomás Martínez se hacen acompañar de 1000 indios matagalpas para desalojar de Jinotega a las tropas hondureñas del general Antonio Ruiz, que apoyaban a los liberales de León.

En agosto de 1856 el capitán legitimista Manuel Gross es ayudado por indios matagalpas a acarrear las armas de El Sauce a Metapa, que el general Paredes de Guatemala había cedido al presidente legitimista José María Estrada.

Ese mismo mes el general legitimista Fernando Chamorro, quien estaba acosado por el general Goicuría en Chontales, recibe un correo clandestino (posiblemente indio matagalpa que viajó a pies hasta Chontales) invitándole a refugiarse en la comunidad indígena de Yúcul, adonde llega Chamorro acompañado de varios oficiales granadinos y chontaleños, que luego lucharon en San Jacinto.

En Yúcul comienza la liberación de Nicaragua contra la ocupación de los filibusteros. ¿Por qué? El único lugar libre de la ocupación de Walker y de sus amigos los democráticos de León, era Matagalpa y sus cañadas, y era precisamente porque los indios no toleraban los planes racistas y esclavistas de Walker.

“Este departamento lleva la imperecedera gloria de haber hostilizado a los filibusteros cuando los demás enmudecían… eran rodeados por centenares de indios armados de flechas…” escribe el testigo historiador Jerónimo Pérez (Obras históricas completas, p. 216)
Los indios matagalpas habían sido afines a los conservadores matagalpinos como Francisco Amador, Liberato Abarca, Perfecto Altamirano, Modesto Bonichez, Rafael Morales, Ramón Castillo, Nazario Chavarría y los hermanos López de Metapa.

Desdichadamente la historia no recoge nombres de indios que lucharon en San Jacinto, podemos suponer que fueron contemporáneos de los padres de indios como Lorenzo Pérez, Toribio Mendoza, Higinio Campos, Pantaleón Guido, Hipólito López, Juan Manuel Hernández, y Secundino López, que lucharon en las insurrecciones de marzo y agosto de1881 contra las drásticas medidas del Prefecto granadino de Matagalpa: Gregorio Cuadra.

Sin embargo, la relación entre los ladinos de Matagalpa con las comunidades indias fueron buenas, al menos hasta finales del siglo XIX, pues el escritor Enrique Guzmán apunta en sus Memorias que el Prefecto Gregorio Cuadra señalaba a los líderes matagalpinos Salvador Amador (hijo de Francisco) y Nazario Vega como simpatizantes de los indios, así como a los padres Jesuitas misionando en ese tiempo en Matagalpa.

Esta vieja armonía fue aprovechada por líderes Legitimistas que lograron escapar de Granada después de la toma de esa ciudad por Walker el 13 de Octubre de 1855.

Las intenciones esclavistas de Walker eran conocidas por todos, y las quiso realizar cuando se hizo elegir presidente, por ejemplo para conseguir fondos Walker ofreció en garantía para un empréstito en el sur de Estados Unidos, la cantidad de 2,300.000 acres precisamente en el partido de Matagalpa, incluidos los indios que las poblaban. La publicación en su periódico bilingüe El Nicaragüense, añadía: “los indios son tan aptos como los negros para el servicio de la agricultura”. (J.D. Gámez, Historia de Nicaragua, p. 431)
Más que por su simpatía por los Legitimistas los indios lucharon por su libertad, nadie tenía que engancharlos, ellos sabían que tenían que luchar, así lo hicieron en San Jacinto y en otras batallas como El Jocote, cerca de Rivas, como parte del Ejército del Septentrión, y en ambas ganaron.

Ahora, lo menos que corresponde a los historiadores modernos es darles su debido crédito.