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Con la muerte del Dr. Edgardo Buitrago desaparece el último representante de esa extraordinaria generación de humanistas leoneses que tanto brillo dio a la Universidad y a la ciudad de León, entre los que cabe recordar a Santiago Argüello, Alfonso Valle, Juan de Dios Vanegas, Azarías H. Pallais, Mariano Fiallos Gil, José Jirón Terán, Nicolás Buitrago Matus, Presbítero Marcelino Areas, los hermanos Carrillo y otros no menos ilustres. Edgardo Buitrago era justamente considerado como el representante por antonomasia de la cultura de la doctoral y universitaria ciudad de León de Nicaragua y uno de los pensadores más sobresalientes de nuestro país.

Calificado por Jorge E. Arellano como “intelectual orgánico de la leonesidad”, Edgardo provenía de una de las familias de mayor abolengo universitario de la ciudad de León: la familia Buitrago. Su tatarabuelo, el célebre Dr. Nicolás Buitrago Sandoval figura entre los fundadores de la Universidad de León; su bisabuelo, el Dr. Nicolás Buitrago Benavente, fue miembro del primer Consejo de conciliares de la antañona Casa de Estudios Superiores. De ellos procede la estirpe de Edgardo Buitrago Buitrago: una sucesión ininterrumpida de decanos y catedráticos universitarios que han sido, como lo fue el propio Edgardo, columna vertebral de la enseñanza del Derecho en Nicaragua, entre los que me permito recordar a los doctores Bruno Hermógenes Buitrago, Roberto Buitrago, Aristides Buitrago y Nicolás Buitrago Matus.

Por más de cincuenta años, a mi esposa Rosa Carlota y a mí nos unió una entrañable amistad con Edgardo. Compartimos con él y con su ya difunta esposa, la singular poeta y pintora Mariana Sansón Argüello, una linda amistad que se transformó en un verdadero lazo fraterno. Esa amistad será siempre para nosotros un recuerdo imborrable.

Tuve el privilegio de participar con Edgardo en el equipo más cercano de amigos y colaboradores del Rector Mariano Fiallos Gil, que le acompañó en su admirable lu cha para obtener la autonomía universitaria. El nombre de Edgardo Buitrago estará siempre en la lista de honor de quienes apoyamos el histórico esfuerzo de Fiallos Gil. También estuvieron Edgardo y Mariana en el pequeño grupo de matrimonios que nos propusimos la tarea de localizar las ruinas de León Viejo, empresa culminada con éxito en abril de 1967.

Podría referir otros de los muchos méritos de Edgardo. Pero es mejor aludir a los valiosos legados que nos deja este universitario del siglo XX y del XXI, es decir un universitario de todos los tiempos.

Nos deja un modelo de trayectoria universitaria. Como catedrático, ¿quién podría olvidar sus lúcidas lecciones de Historia de la Cultura e Historia del Derecho y su feliz desempeño como Decano, por dos períodos, de la Facultad de Derecho, cuyo edificio se construyó por su iniciativa durante mi rectorado y se inauguró en 1968?; como folklorista, su labor de investigador es pionera en este campo: queda pendiente la publicación de la segunda edición de su estudio sobre “Las Purísimas”, en cuya preparación Edgardo puso tanto esmero; como municipalista, fue autor de excelentes trabajos sobre la historia del municipio en Nicaragua; como eminente jurista, nos aportó sus trabajos sobre el Derecho Indiano en Nicaragua y otros estudios jurídicos. Pero, donde su legado es más trascendental es el campo de los estudios darianos. Edgardo Buitrago fue un fiel devoto de la obra del Príncipe de la poesía en español. Su extraordinario estudio introductorio de la Trilogía publicada por la UNAN – León y la Universidad de Alcalá de Henares merecería que se publicara como libro de texto de lectura obligatoria en todos los colegios, institutos y universidades del país.

Sin duda, la obra imperecedera de Edgardo Buitrago, es la fundación, gracias a sus denodados esfuerzos, del Museo y Archivo Rubén Darío, del que fue Director Ad-Honores por casi cincuenta años. Debemos todos, autoridades estatales, universitarias y municipales, así como todos los darianos del país, comprometernos a darle continuidad y seguridad al Museo y Archivo Rubén Darío, hoy institución emblemática de la ciudad de León. Este sería el mejor homenaje a la memoria de tan ilustre ciudadano, que dedicó su vida a la conservación de los recuerdos de nuestro gran Rubén.

Edgardo Buitrago siempre fue un católico de profunda fe. Por eso, no dudo que ya está en la presencia del Señor, acompañado de Mariana, quien le estará mostrado sus nuevos poemas y quizás le recuerde aquel en que describe la fragilidad de nuestra existencia:
“Dan las horas
En el reloj de la iglesia
Ellas te hacen sentir
Dentro del corazón un mito
Sumando eternidades,
Mueres…
(Y él repite: tic, tac…
Tic, tac…)
¡De frágiles segundos eres”.

Hasta siempre, Edgardo Buitrago: te despido con una hermosa frase que tomo prestada de mi Maestro Mariano Fiallos Gil: “Sobre tu nombre resbalará el tiempo sin herir”.

León, 14 de septiembre de 2009.