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En La Prensa, del 9 de septiembre de 2009, se lee un titular en la página 4-A: “Presentan plan para limpiar a Managua”, en donde figura la preposición a, cuyo uso queremos analizar brevemente en este artículo.

Dentro de los diversos usos y significados que tiene la preposición a, el sentido más importante es el que indica “movimiento”; por ejemplo:
“Los muchachos flacos/ se asoman a la calle/para verla pasar”. (Guillermo Rothschuh Tablada: “Pequeño responso a la vaca del pueblo”)
Otro sentido, muy importante también, es el que indica ‘finalidad’, que no es sino un sentido figurado de movimiento; por ejemplo:
“… que los mineros ofrendan/ a los pozos de Bonanza, Siuna y Rosita/ tosiendo en Waspán, Wiwilí, Bilwaskarma, Raití…” (Carlos Rigby: “Palabras del campesino en la inauguración del Palo de Mayo”).

“Les enseñaba a amar la tierra, y a trabajarla, como ella…” (José Coronel Urtecho: “Pequeña biografía de mi mujer”).

“Y vagaban las mentes en un ocio divino, /muy propicio a los cuentos de Simbad el Marino”. (Azarías H. Pallais: “Los caminos después de las lluvias”).

Pero el uso de la preposición a presenta algunos casos de vacilación.

La preposición a está relacionada con el objeto (o complemento) directo. En español, este objeto directo requiere a en cinco circunstancias que vamos a ver por separado.

1. Con nombre propio de persona o animal

- “Yo conozco a Azorín”. (José Coronel Urtecho: “Discurso sobre Azorín para ser traducido en lengua nahuatl”).

- “Después de esto, don Quijote ensilló a Rocinante…(Cervantes: El Quijote, I. Parte).

La presencia de la preposición a en estos casos se debe a factores semánticos o gramaticales. Observe la ambigüedad de estas construcciones si omitimos la preposición a:
-* Yo conozco Azorín.
-*Don Quijote ensilló Rocinante.

2. Con algunos pronombres cuando se refieren a personas y a colectivos de personas:
A éste lo busca Juan, No he visto a nadie, No quiere a ninguno, Ella los odia a todos, Todos iremos a la asamblea. Veamos este ejemplo tomado del poema de Pablo Antonio Cuadra: “Himno nacional en vísperas de la luz”: “ Voy recorriendo a tantos, llamando a cuantos tienen/ ganado su silencio”.

3. Con nombres colectivos de instituciones

Es importante recordar que con los nombres colectivos de instituciones se usa la preposición: Admiro a la Policía o Admiro a la Iglesia, significa que siento admiración por la institución policial o por la institución religiosa.

En cambio, si digo: Admiro la policía o Admiro la iglesia, significa que siento admiración por el edificio policial o la construcción religiosa.

4. Cuando la acción que denota el verbo se ejerce sobre los individuos:
- Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra… (Joaquín Pasos: “Canto de guerra de las cosas”)
- Ama a su pueblo,/ama a sus semejantes, ama a los dioses… (Salomón de la Selva: “Evocación de Píndaro”)

5. Con nombres comunes o apelativos de personas, cuando se les quiere dar un carácter individualizado
- Busco a mi chofer
- Busco a mi amigo.

Observe usted en estos ejemplos: no busco un chofer cualquiera ni un amigo cualquiera, sino a mi chofer (individualización) y a mi amigo (individualización). Significa: Busco a una persona que sabe manejar automóviles, y a una persona que sabe ser amiga mía. Pero si digo: Busco un chofer y Busco un amigo, evidentemente se trata de nombres indeterminados de persona (un chofer cualquiera o un amigo cualquiera). Significa: Busco una persona que sepa manejar automóviles y una persona que sepa ser amiga.

El caso de los nombres propios de países o ciudades

Referente a la fuente citada arriba, ¿por qué el autor del titular del periódico incluyó la preposición a? Queremos recordar que con nombres propios de países o ciudades, el uso de la preposición era habitual en épocas pasadas. Pero, como nos aclara el Diccionario panhispánico de dudas, ha desaparecido de la lengua actual. Ahora se dice, sin vacilación: No conozco México, Visité Venezuela, Conozco París.

Igualmente ocurre con los nombres de países o ciudades que llevan artículo: Visité La Habana, Conozco El Salvador.

Volvamos con el titular de La Prensa:
“Presentan plan para limpiar a Managua”.

¿Por qué es incorrecto el uso de la preposición en este caso? Por dos razones:
La primera: en la lengua actual no se usa la preposición con nombres de países o ciudades.

La segunda: Managua es un complemento directo de “cosa”, no de persona ni de cosa personificada. ¿Por qué? Porque el “plan” tiene como propósito “limpiar” una ciudad, Managua, no las personas que la habitan. La construcción correcta es: “Presentan plan para limpiar Managua”. Gabriela Mistral en su ensayo “El grito” dice: “Describe tu América”. (No dice *Describe a tu América”). Y más adelante agrega: “Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu Darío y a tu Nervo”. ¿Por qué emplea aquí la preposición “a”? Porque Lugones, Valencia, Darío y Nervo son complementos de persona.

El gran maestro de la gramática, Emilio Alarcos Llorach, afirmaba que la enseñanza del idioma español era algo más que aprenderse de memoria la lista de las preposiciones. Efectivamente, nuestra lengua materna no la aprendimos estudiando gramática, sino con la práctica. Pero no podemos negar la importancia del conocimiento de la gramática para mejorar el acto comunicativo. Todos hemos aprendido más o menos las reglas del juego con la práctica –nos recuerda Manuel Seco en su Gramática esencial del español- como hemos aprendido a andar andando. Pero podemos hacer un buen uso de nuestra lengua si estudiamos sus normas y principios que la rigen y reflexionamos sobre su organización y funcionamiento.

rmatuslazo@cablenet.com.ni