Jorge Eduardo Arellano
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Fundación Violeta Barrios de Chamorro
(Primera Parte)

“Mientras haya una máquina de escribir, un papel, un micrófono, una plaza pública, un balcón o espacio para hablar, aunque sea en la celda de una cárcel, seguiremos denunciando a los inmorales, especialmente cuando trafican con la necesidad social de los más pobres. Ésa es la razón principal de nuestra existencia, como hombres, como periodistas y como ciudadanos.” (Frente a un atraco que llaman Ley, La Prensa 28-09-73)
Así pensaba Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. A treinta años de su magnicidio, invocamos hoy la vigencia de su ideario pluralista y la coherencia entre su pensamiento y su acción, que fue sellada con el sacrificio.

Un ideario sostenido durante más de tres décadas de una práctica política valiente y honesta, entrelazados con una fecunda labor periodística que inició en 1948 al incorporarse al diario La Prensa. Entonces proclamó en un editorial titulado: “Al servicio de la verdad y la justicia”:
“Censuras, suspensiones, cierres, posiciones y destierros han servido sólo para superar las etapas críticas, reanudando con ánimo inquebrantable el trabajo diario y la labor perentoria de crear día a día durante todas las semanas de los meses del calendario un órgano que represente exactamente y en vivo el carácter de nuestro pueblo, de acuerdo con el pensamiento, la realidad y la esperanza del pueblo nicaragüense.”

“La Prensa de Nicaragua es el papel moneda de la verdad y la voz justiciera del pueblo al cual servimos”. La Prensa, 1948
En 1954, al celebrar los primeros veintiocho años de La Prensa, advirtió premonitoriamente
“Los hombres pasan y se terminan; las ideas se eternizan en la conciencia de las generaciones. Se puede a veces maniatar y hasta privar de la vida a quienes hacen los periódicos; pero siempre que esto sucede surgen otros hombres nuevos que ligados a la idea primitiva van haciendo una gigantesca cadena de pensamientos que al fin termina por ahogar toda actitud que no está fundada en la libertad, en el bien de la república y en los imperativos categóricos de la moral, los cuales pueden ciertamente oscurecerse por mucho tiempo, pero no eternamente.

“Pero la justicia, la verdad y la narración verídica de lo que ocurrió en nuestra época, seguirá martillando las conciencias de los ciudadanos de entonces, desde el mismo lugar, y con la misma fuerza”. (“Veintiocho años de La Prensa, 3 de marzo de 1954)
En 1962, durante un homenaje que le tributaron, pronunció un discurso que tituló “Mi mayor ambición es seguir siendo periodista”. Y decía:
“En este homenaje se rinde tributo no a un hombre, sino a la primera de todas las libertades, que es la libertad de prensa, la libertad de expresión. Están aquí porque desean respaldar al periodista que lleva escrito en el alma y en el cuerpo el gran reportaje de todos estos años de lucha. De lucha contra la corrupción, contra el robo, contra la injusticia, contra la opresión, un reportaje que se sigue haciendo y produciendo como la vida misma, el reportaje de nuestro tiempo y de nuestro pueblo.

“Un reportaje que se hace a través de la libertad de expresión, la primera de todas, porque sin ella no hay libertad de acción política, ni libertad de asociación sindical, ni libertad de reunión, ni libertad electoral.” ( La Prensa, 12 de febrero de 1962)
En 1973, en un editorial sobre los pactos libero-conservadores entre Agüero y Somoza”, titulado “Ni con los unos, ni con los otros”, proclamó:
“Nuestro país necesita otra alternativa diferente a la creada por el pactismo, y si es verdad que en estos días lo más urgente es la comida, el agua, la luz, el trabajo, la atención a los damnificados, también es cierto que no se puede dejar de pensar en la expectativa futura de un libre juego democrático cuyas bases deben irse planificando con calma y firme, para hacer una Nicaragua sin damnificados permanentes.

“No estuvimos con los pactistas de ayer porque creíamos que su acción no convenía al país, y tampoco podemos estar con los pactistas de hoy (sucesores de los otros) porque nuestra posición se deriva de una interpretación recta del bien común, de la política como instrumento para lograr el proceso y la paz verdadera del pueblo, y jamás de simples consideraciones personales”. (La Prensa, 9 de marzo de 1973)
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal jamás ostentó un cargo público, ni aceptó recibir alguna prebenda del Estado. Pero fue el más celoso defensor de la probidad pública, demandando el uso correcto y transparente de los dineros del pueblo. En 1976, al pronunciarse sobre la proyección política y social de La Prensa escribió:
“La Prensa, sin cerrar sus páginas a quienes discrepan en sus tesis, y aún a los críticos acerbos de ella, ha considerado como indispensable para la liberación integral del individuo, la erradicación del sistema dinástico en el poder público, proponiendo siempre sustituir la dictadura familiar de ahora, por un régimen democrático y pluralista, donde tanto los gremios de producción como los núcleos profesionales o empresariales, y los obreros organizados, tengan participación en las decisiones de gobierno, y se logre, en forma ordenada y pacífica, una más justa distribución de la riqueza.” (“Un manifiesto de cultura y libertad” La Prensa, 1 de marzo de 1976)
Y en uno de sus últimos discursos pronunciado en noviembre de 1977, definió la unidad del pueblo en los siguientes términos:
“Unidad para luchar por la justicia. Unidad para luchar por la libertad. Unidad para iniciar un proceso de democratización que abra camino a transformaciones estructurales en base a las cuales establecer un régimen de democracia política, de justicia económica y social, y de efectiva independencia externa de nuestra Patria.

“Y la unidad, la unidad de todo el pueblo, de todos sus sectores políticos, económicos y sociales, para luchar por la democratización de Nicaragua es el mandato de nuestra historia y la exigencia apremiante de las circunstancias que vive el país. La unidad es un mandato de la historia porque ella enseña que la dictadura dinástica se ha fortalecido y perpetuado por nuestras divisiones. Y la unidad es una exigencia apremiante de las circunstancias que vive el país porque estamos enfrentados, aquí y ahora, con más posibilidades que nunca, a resolver el futuro de Nicaragua entre la alternativa dramática de la dictadura o la alternativa llena de esperanza de la democracia.”

Así pensaba Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Y en consecuencia a ese pensamiento, luchó hasta el último día de su vida, para erradicar la dictadura somocista y lograr la democratización de Nicaragua.

A treinta años del asesinato del Mártir de las Libertades Públicas, presentamos a la nación el siguiente decálogo de principios, reflexiones y propuestas, para construir y enriquecer, con la participación de todos, una agenda nacional en defensa de la libertad:
Primero, reafirmamos que la libertad de expresión no es una dádiva del gobierno, pero tampoco es patrimonio exclusivo de los medios de comunicación y de los periodistas. Representa un derecho humano universal, consignado en nuestra Constitución. Un derecho ciudadano conquistado por la lucha del pueblo y sellado con su sangre, y por lo tanto estamos moralmente obligados a defenderlo a cualquier costo.

Proclamamos con Pedro Joaquín Chamorro Cardenal que la libertad de expresión es el sustrato básico sobre el cual se asientan todas las otras libertades y derechos fundamentales de la persona humana, y por lo tanto representa el fundamento del estado de derecho. Y en este 10 de enero, convocamos a todos los ciudadanos, sin distingo de color político, a reivindicar este derecho como propio, a ejercerlo y defenderlo, sin temores ni vacilaciones.

Segundo, al cumplirse el primer año de gobierno del presidente Daniel Ortega, constatamos con preocupación que en Nicaragua hoy hay más pobreza y desempleo, y menos libertad. Observamos un grave deterioro del clima para el ejercicio de libertad de expresión. Contrariando sus promesas de tolerancia y reconciliación nacional, el Presidente Ortega ha hecho una práctica de su estilo de gobierno, el atacar de forma virulenta a periodistas, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos que fiscalizan su gestión de gobierno.

Estas amenazas representan una expresión de intolerancia extrema ante las críticas, y además constituyen una peligrosa incitación a la violencia de parte de sus partidarios. Por ello demandamos al Presidente cesar sus ataques, y convocamos a todas las fuerzas vivas de la nación a practicar la solidaridad, para que prevalezca el principio de cero tolerancia, contra cualquier agresión directa o indirecta a la libertad de expresión, a las libertades públicas, y a la institucionalidad democrática.


10 de enero 2008