Jorge Eduardo Arellano
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Como Directivo Nacional de la Juventud Conservadora, órgano adyacente del Partido Conservador PC, siento imperativo expresarme públicamente ante la coyuntura política actual, en donde se habla de la unidad de las fuerzas democráticas.

Con orgullo proclamo ser parte de una especie política muy valiosa, aunque no perfecta, que se encuentra en peligro de extinción, por culpa de la infertilidad y de los depredadores, tanto externos como internos; es decir, SOY CONSERVADOR, ideología que vive desde hace más de 150 años en Nicaragua encarnada en los principios e ideales supremos de Dios, Orden y Justicia.

El Partido Conservador, más que ser historia, es una realidad política en nuestro país. Es indudable que el mejor legado conservador ha sido la alternancia en el poder, principio fundamental de la democracia, dado que en más de 30 años ninguno de los presidentes conservadores trataron de reelegirse; a diferencia de la dinastía liberal de los Somoza o del régimen totalitario del danielismo en los años ochenta, mismo que quiere reeditarse en la actualidad.

El conservatismo hoy en día se encuentra vivo y activo, con una organización estructurada y moderna, que apuesta su renacer en los jóvenes y en las mujeres, con fuertes y sólidas relaciones internacionales con Partidos Conservadores gobernantes en países como Canadá, México, Francia, El Salvador y Colombia, por señalar algunos.

Contemporáneamente, hemos formado parte integral de alianzas tales como el APRE y el ALN, asociaciones poco fructíferas en las que hemos sacrificado nuestra casilla y nuestra bandera verde, demostrando con hechos y no con palabras nuestra disposición a la unidad.

Hoy escucho hablar de la “gran unión de los liberales” entre ALN Y PLC y en la que algunos dejan entrever implícitamente que estamos nosotros los conservadores, entre los que indican eso está Eduardo Montealegre, a lo que enfáticamente tengo que indicar como joven conservador que ni Montealegre ni el ALN representan los intereses del Partido Conservador, por lo que no puede ni debe hablar en nombre de nosotros arrogándose nuestra representación.

Mi organización política se llama Partido Conservador y mi presidenta nacional se llama Azalia Avilés, única y legítima representante de los conservadores. Gozamos de una personería jurídica sólida e indiscutible y con una casilla número cuatro que es indisputable, y a diferencia del ALN nos hemos medido en elecciones municipales anteriores, logrando cuatro alcaldías y 75 concejales a nivel nacional, no serán deslumbrantes logros pero sí son propios.

Por lo anterior y ante la actual minimización de los conservadores en el campo político, EXIJO a mi dirigencia nacional y a los diputados conservadores ante la Asamblea Nacional, Javier Vallejo, Jorge Matamoros, Stanford Cash y Alejandro Ruiz, tener un papel más beligerante y hacer valer los ideales conservadores así como nuestra bandera verde del PC para demostrar que hoy, al igual que siempre, el conservatismo está presente en los esfuerzos por reestablecer la democracia, la paz y la institucionalidad del país.


*Directivo Nacional Juventud Conservadora