Jorge Eduardo Arellano
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Ésta es la historia de una adicta al cigarro, que desde la edad de 13 años se inició en el vicio del fumado, pasando 25 años consumiendo hasta dos paquetes por día, dice así: Mi salud peligraba hasta el grado que ya se me hacía difícil la respiración normal, cansancio para toda actividad, dificultad para caminar pocos metros, mucho menos deportes, como la natación, a la que era aficionada, piel reseca y amarillenta, hasta dormir sentada porque en la posición normal era dificultosa.

Como todas las adicciones, que se comienza de a poco, sin darse cuenta que se está cayendo en la trampa de la dependencia, es increíble cómo se inicia, con qué facilidad, no se cree nada de todos los peligros, prohibiciones: que disminuye la calidad de vida, que da cáncer, que afecta a otras personas, provocándoles más daño que a una misma.

En fin, estás dentro del vicio y nada importa, más que darte el “gusto”, a esa edad temprana de la adolescencia no se toman precauciones de ningún tipo, una se siente dueña del mundo, desafiante, que te sostenés en un cigarrillo, que te acompaña, que se da la imagen de una súper mujer.

Por lo menos ése era el sentimiento, el pensamiento absurdo, y más aún llegar a la adultez, con la dependencia de no poder dejar de hacerlo desde que abría los ojos, hasta que los cerraba.

Todavía recuerdo que en esos años no había la campaña que existe hoy sobre no fumar, porque hacerlo produce cáncer a vos y a los tuyos, dañás el medio ambiente, y un sinnúmero de invitaciones a no hacerlo.

Entonces se gozaba de “libertad” para hacerlo donde quiera que fuese, en lugares cerrados, no importaba quiénes estuvieran.

Mis respetos para todos aquellos y aquellas que tienen por costumbre el fumado, digo, la adicción, para que tengan más cuidado tomando en cuenta que estando bajo los efectos de la droga es casi imposible tener la capacidad de medir los estragos, el daño que esto provoca en uno y en la familia.

Debo decirles que aun teniendo un hijo maravilloso con todos los cuidos que se le deben brindar, no cuidaba del daño que le estaba causando.

Empezó a presentar malestares bronquiales que se estaban tornando crónicos, malestar que le impedía hacer muchísimas actividades normales como niño, por los extremos cuidados que había que tener para prevenir que no recayera.

El especialista diagnosticó que su malestar era originado por tabaco que había en casa.

El amor a la vida de mi hijo y mía me instó a agarrarme de una voluntad férrea, sostenida por una fuerza inclaudicable, y poder decir con convicción no más vicio, te acabás cigarro, puedo más yo que vos.

La vida espiritual me ha ayudado muchísimo, en Dios me sostengo, él me da fuerzas.

La invitación es: Si usted quiere, usted también puede, si yo pude, porqué usted no va a poder. Las decisiones, firmes y convincentes, son indestructibles.

Hoy, por supuesto, me siento orgullosa de poder decirlo, en este mes estoy de pláceme, cumplo l8 años de haberme liberado de una de las adicciones más difíciles de dejar.

Esa paciente soy yo, la suscrita.


*Psicóloga
lediagutierrez@cablenet.com.ni