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¿Inconcebible? No. En este país cualquier barbaridad podemos esperar de cualquiera que ostente un puesto público o privado. Por eso no me asombra la orden del Presidente de la Unión de Periodistas de Nicaragua, Roberto Larios, para no permitir que el periodista Juan Ramón Huerta presentara su libro en una sala alquilada, en la casa de la UPN, a la Escuela de Música.

Ya nada me sorprende, aun cuando no dejo de indignarme ante la barbarie, batallar para mantener el equilibrio entre la ira y la razón, aplacar la necia furia que inevitable brota ante la injusticia y la sandez.

Juan Ramón es periodista afiliado por casi treinta años a la UPN, y fue Secretario de su Junta Directiva, y como tal más bien debió ser acogido para presentar su libro sobre la historia de cincuenta años del Instituto Benjamín Zeledón, del norteño departamento Jinotega, donde se graduó con honores.

Juan Ramón, no sólo es colega, sino destacado en su historial profesional, aun con desaciertos, como todo humano que se inserta en los compromisos sociales, y más en este convulsionado país dominado por los absurdos.

¿Qué pensaba el presidente de la UPN cuando ordenó al inquilino de la casa de la organización que revocara la cortesía para con el colega? No logro colocarme en las neuronas de Roberto, máxime que recuerdo sus actitudes críticas y profesionales de antaño.

Roberto debió ofrecer a Juan Ramón la Casa del Periodista para que presentara su nueva obra. Y si Larios no estaba de acuerdo, la Junta Directiva debió pronunciarse en apoyo al colega Huerta. Es inaudito que un directivo niegue el uso de la casa del gremio a un colega afiliado, y más cuando se trata de presentar un libro de su autoría.

Orgullosos están del trabajo del colega Juan Ramón quienes valoran la profesión, pues él la ennoblece creando, contribuyendo a la historia y el intelecto de esta sociedad oprimida y obligada a vitorear lo ignoto.

No quiero en este momento que explote en las entrañas el habla del vulgo, aun cuando en Nicaragua nos han dicho que no hay otro lenguaje, para calificar la acción ignominiosa contra Juan Ramón.

El periodismo nicaragüense honrado, digno y sensato, integrado a las batallas en beneficio del bien común, contribuyendo a la transformación de la sociedad, para vencer la miseria humana y económica, no calla frente a las arbitrariedades que forjan aquellos que desde un cargo se yerguen autoritarios.

¿Y dónde está la directiva del Colegio de Periodistas de Nicaragua? ¿Acaso el CPN no tiene entre sus propósitos contribuir a la superación profesional del gremio? ¿Y no es la obra de Juan Ramón un ejemplo de crecimiento académico? Tanto la UPN como el CPN debiesen más bien promover el intelecto entre sus miembros.

Debemos revisar seriamente las directivas de organizaciones de periodistas, exhortarlas a la reflexión, aun cuando las torceduras difícilmente enderezan su senda, peor tratándose de correcciones neurológicas o conceptuales que exigen el rigor de la dedicación al conocimiento. Prueba de ello es la censura, el atropello a un profesional del nivel académico de Juan Ramón, como periodista, escritor, conferencista y catedrático universitario.

Con la reacción de las Juntas Directivas del gremio, ahora que lo pienso, es probable que en la Casa del Periodista “Álvaro Montoya” hayan quemado las obras ubicadas en los anaqueles de la biblioteca especializada con libros de periodistas, inaugurada el año pasado.

Y mejor no sigo escribiendo, para que no emane la rabia y me convierta en una especie iguánida similar a quienes me causan el malestar. Lo lamento por nuestro presidente de la UPN, y los directivos del gremio, no por Juan Ramón quien desde hace tiempo construyó un sitial.


*Director Centro de comunicación y estudios sociales (CESOS)
Managua y Matagalpa, Nicaragua. http://sergiosimpson.ysublog.com