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Taiwan ha donado al pueblo de Nicaragua generadores de electricidad, que usan fuel oil como fuente primaria de energía, con una capacidad total de 30 MW. Lo que equivale, aproximadamente, al 6 % de la demanda total del país. La eficiencia de estos generadores es relativamente baja, de 15.76 KWh por galón. Esto implica que sus costos de operación son relativamente elevados.

Como referencia, hay que considerar que en el país contamos, desde el año 2000, con generadores que muestran una eficiencia superior a los 18 kWh por galón, o sea, un rendimiento 15% superior. Esta eficiencia baja de los generadores de Taiwan, en un año de operación con un factor de planta de 0.9 puede representar un consumo extra de 43,800 barriles de bunker que, a un costo de 60 US $ el barril, implicaría un gasto en exceso de dos millones seiscientos mil dólares.

Esto significa, que mientras más baja es la eficiencia de un motor-generador, mayor será el peso que esa generación ocupará en la factura total de petróleo que debe pagar el país (si hace mérito de despacho). Y a medida que se incrementa el precio del combustible, mayor será el porcentaje de nuestras exportaciones requerido para importar el volumen de petróleo alto que demanda ese generador. Lo cual, es obvio, empeora el déficit comercial y sustrae recursos económicos escasos, provenientes de nuestras exportaciones, a la inversión en mayor producción y productividad, con tanta mayor fuerza cuanto más adverso sea el escenario económico, por efecto del costo exógeno del petróleo.

A simple vista, entonces, instalar generación térmica, de baja eficiencia, opera en una línea de insostenibilidad económica del país, ante el escenario más probable de mayores precios del combustible que, a su vez, es el más adverso para quienes no producimos petróleo.

Por ello, los responsables de adoptar los planes de emergencia en el tema energético, deben persuadir a la población que con la ejecución de las acciones oportunas que se realizaron en las circunstancias concretas para superar la crisis de racionamiento de 2007, y con la instalación de nueva generación a partir de entonces, se ha tenido como resultado la alternativa más eficaz, desde un punto de vista estratégico, para no empeorar las perspectivas de seguridad energética de largo plazo del país, a fin de afrontar, en las mejores circunstancias posibles, las tendencias internacionales a crisis futuras inevitables en el tema de combustibles fósiles.

Este tipo de análisis está aún pendiente, con relación al costo, a la operación técnica, y al factor de planta de las unidades Hugo Chávez (que usan diesel – el combustible más caro - como fuente primaria, con una eficiencia alrededor de 14.3 kWh/galón, y que operan con una disponibilidad baja, diseñadas como plantas de emergencia para generar en la punta del sistema). Y que en un plazo muy corto, un año apenas, no hacen más mérito de despacho en el sistema interconectado. Un pueblo culto, relativamente conciente de sus derechos, exigirá cuentas claras a sus funcionarios sobre los costos hundidos por las decisiones tomadas, en especial en temas técnicos sensibles para la estrategia del país, como la seguridad energética.

Una política energética sana, además de transformar la matriz energética a fin que disminuya el peso de la generación térmica (que nos obliga a importar la fuente primaria de energía, a costos cada vez mayores), no puede sino pretender que la eficiencia promedio del parque térmico suba, en adelante, con cada nuevo generador que por necesidad deba instalarse en el sistema.

En el caso de las plantas donadas por Taiwan, su eficiencia coincide con el valor promedio del parque generador instalado en el País. En consecuencia, con los costos de operación derivados de esa eficiencia media, desplazan la generación más ineficiente, y contribuyen positivamente a reducir el costo promedio y el costo global del suministro de la energía en el país (siempre que el sobre costo de la generación obligada, que por razones técnico-económicas producen cuando generan fuera de mérito de despacho, durante algunas horas, diariamente, no llegue a superar el beneficio que producen cuando generan exclusivamente por mérito económico). Esto significa que su aporte positivo, en todo caso, tiende a ser muy breve, y que con un factor de planta cada vez menor, saldrán de operación en la medida que para 2014-15 se instale nueva generación renovable (Tumarín, 220 MW, Polaris, 72 MW, Cerro Colorado, 100 MW, etc.).

He aquí otro elemento importante al negociar y decidir la instalación de nueva generación. Medir el impacto relativo de los costos fijos, a partir del factor de planta del generador, en el corto, mediano y largo plazo. El factor de planta de un generador es el resultado de la disponibilidad y de la confiabilidad propia de su tecnología, por un lado; y del mérito económico que presenta en el despacho del parque generador del país, por otro. De esta forma, el factor global que determina la competitividad de un generador es el precio monómico, que resulta al integrar el costo fijo y el costo variable (o sea, al dividir el cargo por potencia entre el volumen de energía generado, y agregarle el precio unitario de esa misma energía). De manera tal, que cuando el factor de planta es muy bajo, el precio monómico se eleva, hasta un punto, por encima del promedio, en que resulta, entonces, altamente perjudicial para el país pagarle, por contrato, el cargo por potencia a ese generador.

En suma, se concluye que al país no le conviene firmar un contrato en el que se le reconozca un cargo fijo por potencia a un generador, sobre todo si es térmico, más allá del plazo en que el precio monómico resulta competitivo.

Para prever la evolución en el tiempo del precio monómico de cada generador, los centros de planificación de la expansión del sistema, y los centros de compras de energía, hacen simulaciones con algoritmos de computación que optimizan el despacho económico hidrotérmico del sistema, en función de la disponibilidad de las unidades del parque generador, de las variaciones en la disponibilidad y en los costos de las fuentes primarías de energía, agua, viento, combustible fósil, biomasa, etc., (algunas de ellas de carácter estacional e influidas por cambios climatológicos).

Al final de este análisis resulta, que en las condiciones del país, no es aconsejable firmar un contrato con generadores como los que ha donado Taiwán por un plazo que supere el año 2014.

Por otro lado, dada las condiciones y las reglas de mercado que rigen al sector eléctrico en nuestro país, no se obtiene el más mínimo beneficio para la población nicaragüense si la donación de los generadores que ha hecho Taiwan no se refleja en un contrato específico entre el Estado (que por medio de ENEL debe administrar y operar legalmente los 30 MW donados al país) y las distribuidoras DISNORTE y DISSUR. Actualmente, no existe ningún contrato que involucre de forma concreta a las plantas donadas.

El cargo por los 30 MW de potencia de este contrato específico –cuyo plazo no debe superar inicialmente más allá de 2014-, que las distribuidoras enteren al Estado, por un monto superior a los 5 millones de dólares anuales, debe integrar un fondo para el desarrollo de infraestructura pública, aprobada de previo por la Asamblea Nacional, del cual se le debe rendir cuenta, en primer lugar, al pueblo culto de Taiwan.

La inauguración de dicha infraestructura (escuelas, centros de salud, caminos comunales, agua potable, etc.) debe ser presidida por los representantes del generoso pueblo de Taiwán, con el reconocimiento agradecido de la nación
Mientras no exista este contrato comercial, inscrito en el Mercado de Contratos del sector eléctrico de Nicaragua, preguntamos: ¿dónde están los 30 MW donados por Taiwan?

*Ex Presidente del Consejo de Operación
Del Mercado Eléctrico de Nicaragua