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Durante la última década la humanidad ha sido testigo de grandes avances tecnológicos en todos los campos de la ciencia, especialmente en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), lo cual ha contribuido de muchas formas a derribar fronteras geográficas, idiomáticas y culturales.

Sin embargo, este desarrollo tecnológico no ha contribuido a disminuir las brechas socioeconómicas de las personas y los pueblos del mundo, porque el acceso a la información y las posibilidades de comunicación mediante las nuevas TIC no ha sido homogéneo en las diversas regiones del planeta.

Por ejemplo, América Latina, donde Carlos Slim -empresario mexicano de las telecomunicaciones y uno de los mayores magnates del mundo- ha desarrollado su emporio de telecomunicaciones en una de las regiones del mundo con mayores disparidades socioeconómicas, donde la brecha entre los más pobres y los más ricos es gigantesca.

A mediados de la década pasada Nicaragua recién superaba los estragos provocados por la última guerra civil (1983-1989) que destruyó su infraestructura socioeconómica, pero la apertura económica propiciada por el gobierno permitió la entrada de inversionistas nacionales y extranjeros en el mercado de las telecomunicaciones.

En 2002 surgió la Asociación Internet de Nicaragua (AIN) -que aglutina a los principales operadores de nodos de internet como Cablenet, Amnet Datos, Datatex, Enitel, IBW, Movistar y cuatro universidades estatales, entre otros- para promover y difundir las TIC.

Al inicio de 2007, Slim -propietario de América Móvil- se reunió en Managua con representantes de los principales grupos empresariales y el presidente Daniel Ortega Saavedra y anunció millonarias inversiones: “Nuestro propósito es (…) impulsar el desarrollo de la banda ancha y ampliar el uso de las computadoras a un mayor número de habitantes del país”, reveló.

Ahora, Nicaragua dispone de más de 5,000 kilómetros de fibra óptica, más de 400,000 líneas de cobre para llevar servicios de banda ancha a través de la tecnología ADSL, más de 400,000 viviendas con acceso a la red de televisión por suscripción que permite llevar servicios de banda ancha a través de cable módem, tres salidas internacionales de fibra óptica dentro del territorio nicaragüense y cuatro salidas alternas adicionales a través de la red Claro en Centroamérica, cobertura en todo el territorio nacional a través de la red móvil de Claro para llevar acceso a internet móvil de banda ancha a través de las tecnologías 3G, EDGE y MPLS, y servicios de doble, triple y cuádruple play a través de la red de telefonía celular Claro, que cubre unos 1,500 kilómetros de carreteras y en 149 (97%) de los 153 municipios de Nicaragua.

Promesa y oportunidad

En este contexto existe la promesa y la oportunidad que procesos educativos auxiliados por las TIC contribuyan a elevar el nivel socioeducativo y cultural de las y los nicaragüenses y se empiece a romper la tendencia histórica de pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos.

Pese a que Nicaragua se ubica en el sitio 120 del ranking de tecnologías de la información y la comunicación del Foro Económico Mundial, tiene la oportunidad de propiciar y desarrollar procesos educativos que permitan a miles de personas incrementar sus conocimientos, adquirir nuevas competencias profesionales genéricas y específicas, mejorar su competitividad laboral y -consecuentemente- mejorar su calidad de vida.

Uno de los esfuerzos pioneros en materia de tecnología educativa fue UNI On Line (UOL), desarrollado por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) a partir de una propuesta de la experta Marisela Quintana. Sin embargo, esta plataforma educativa es subutilizada y sus resultados han sido poco meritorios debido a diversos factores, entre ellos la falta de interés de las autoridades universitarias por propiciar nuevos espacios educativos.

El Ministerio de Educación también propició hace varios años la Telesecundaria, proyecto que pretendía desarrollarse en zonas rurales alejadas de los principales centros urbanos, donde existía un alto porcentaje de personas jóvenes y adultas que debido a la guerra no pudieron continuar sus estudios de bachillerato en ciencias y letras (educación secundaria).

No obstante, el cambio de gobierno y de paradigmas educativos ocurridos a partir del 2007 generó desinterés de las autoridades en este proyecto, una de las razones fue que los contenidos educativos eran de origen mexicano y no fueron adaptados a la realidad nicaragüense.

En las universidades nicaragüenses la mayoría de los estudiantes de grado tienen edades que oscilan entre los 17 y los 21 años, son una generación que creció íntimamente ligada a los avances de las TIC: internet, celular, correo electrónico, Ipod y Blackberry. Para ellos las clases tradicionales son procesos aburridos y el desinterés que generan incide en el bajo rendimiento académico, la deserción masiva y la poca eficiencia terminal de las instituciones de educación superior, que según un estudio del Consejo Nacional de Universidades (CNU) realizado hace pocos años ronda el 7%.

Esto es preocupante, pues la inversión estatal en educación superior asciende al 6% del Presupuesto General de la República, que se distribuye a diez universidades. Por otra parte están otras 44 universidades privadas a cuyas aulas acuden unos 80,000 estudiantes. La inversión promedio mensual de la familia clase media por cada hijo o hija en la universidad ronda los 125 dólares, es decir que las familias nicaragüenses invierten cada año al menos 120 millones de dólares en educación universitaria privada.

Lo peor es que la mayoría de las 54 universidades nicaragüenses no vislumbran cambios sustanciales para adecuarse a los nuevos paradigmas de la educación y eso podría generar enormes problemas educativos en la generación que deberá gobernar el país en unas dos o tres décadas.

Ahora todas las personas que estamos involucradas en la educación formal del país debemos respondernos: ¿Qué quieren aprender los jóvenes? ¿Cuáles son los mejores mecanismos de enseñanza-aprendizaje en el contexto tecnológico actual? Con base en las respuestas a esas interrogantes debemos reflexionar para empezar a transformar instituciones, procesos y ofertas educativas.


*El autor es docente universitario y estudiante de la Maestría en Tecnología Educativa de la UNED.