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Antes de que Cervantes escribiera El Quijote, el vocablo novela, de origen italiano, significaba hasta entonces mentira, burla, engaño, suceso o acaecimiento y hasta sinónimo de cuento. Y las obras que circulaban como tales eran serviles imitaciones de la novela italiana. “Yo soy el primero que ha novelado en lengua castellana”, nos dice en el prólogo. A Cervantes, pues, se le debe el mérito de haber introducido el término y haber creado el género en nuestra lengua. “El parodiar el género viejo heroico – nos dice Ángel Valbuena Prat, en su Historia de la literatura española- y poner al héroe en contacto con su realidad, crea la novela moderna”. Y no sólo eso, porque el Quijote, además, engloba en sus relatos episódicos todos los tipos de la novela anterior, porque Cervantes los asimiló y los incorporó en su obra.

Por su estilo y su lenguaje, el Quijote es una obra maestra en la que su autor refleja su profunda y fervorosa conciencia de escritor de hermoso pensamiento y belleza de estilo. “La sintaxis –afirma don Ramón Menéndez Pidal - es la de la lengua familiar, que sigue con ligereza al pensamiento sin preocuparse de aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los lentos pasos de la lógica gramatical”.

Valor psicológico

Salvador de Maradiaga, en su Guía del lector del Quijote, analiza con mucha lucidez el proceso psicológico de la novela, cuyos personajes centrales -don Quijote y Sancho- se entrecruzan a lo largo de la obra, en una asimilación mutua de caracteres: la sanchificación de don Quijote y la quijotización de Sancho. Porque cada uno contiene al otro: don Quijote, con algo de Sancho en su final de cordura; Sancho, contagiado del quijotismo esencial de su señor cuando lo siente morir.

Ilusión y realidad constituyen el contraste psicológico de la obra. Y la segunda parte evidencia la evolución espiritual de sus protagonistas. Don Quijote, todo idealismo, va creciendo en locura discursiva cuando la ilusión entra en choque con la realidad. En la aventura del Carro de las Cortes de la Muerte, don Quijote evidencia su sanchificación. Se muestra pasivo y temeroso. No embiste, reflexiona. Razona, no contradice: “Es menester tocar las apariencias con la mano – le advierte a Sancho- para dar lugar al desengaño”.

Paralelamente al descenso de don Quijote, advertimos en Sancho un proceso de quijotización. Dice Maradiaga: “El poder es para Sancho lo que la gloria para don Quijote, la “nsula materializa el poder para Sancho. Y así, como don Quijote tiene que creer en Dulcinea, a fuerza de creer en sí mismo, Sancho tiene que creer en don Quijote para creer en la “nsula”.

Sancho cree y no cree en don Quijote, pero el amor a la “nsula lo obliga a creer en gigantes y ejércitos los molinos de viento y las manadas de carneros. Es la de Sancho fe viva y verdadera. “Fe que se alimenta de dudas -afirma Unamuno en su Vida de don Quijote y Sancho- porque sólo los que dudan creen de verdad”.

Sancho gana la “nsula, pero la abandona y sigue a don Quijote. Ya no es ambición terrena la que mueve el alma del criado. Es la fe en el hidalgo. No es el amor a la “nsula, es el ansia de inmortalidad.

El final es dramático y cruel. Don Quijote, llevado por su criado, regresa a su aldea desengañado. Sancho, en cambio, viene alegre y optimista. Era famoso. Había sido gobernador y, cuando columbra la casa, dice muy ufano: “Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza”. Y luego agrega: “Recibe también a tu hijo don Quijote… que viene vencedor de sí mismo”. Y don Quijote, desalentado por las frustraciones de la vida, contesta: “Déjate de esas sandeces”.

El valor psicológico de la novela de Cervantes, en suma, estriba en que sus protagonistas sintetizan dos modos de ser en los que viene a resumirse, sin posibilidades de evasión, toda actitud humana.

Valor filosófico

Cervantes puso en su obra toda su vasta experiencia del mundo y del alma humana. Sólo la Comedia humana de Balzac se asemeja, aunque de manera diferente, en ofrecer una visión completa y panorámica de la vida del hombre. Pero el Quijote le aventaja en intención y en el carácter simbólico de sus protagonistas. En efecto, don Quijote y Sancho son figuras históricas, reales y concretas. A lo largo de la novela, viven y sienten los problemas existenciales de la vida humana. Don Quijote simboliza el ideal, y su escudero, la ambición material. Uno busca la gloria; el otro ansia la fama. El caballero ve gigantes donde el criado molinos de viento. El alma ruda y metalizada no puede ver lo que los ojos soñadores del hidalgo.

Don Quijote embiste a los “gigantes” y pierde su lanza, pero no su espíritu. Pierdes las armas de la lucha, pero no las del corazón. Endereza “entuertos” por el amor a Dulcinea, que encarna el ideal del caballero.

El hombre, el luchador incansable, no conoce la gloria, pero toda su lucha la encamina a su consecución. Dice don Quijote: “Los santos pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de su brazo, y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos”.

El hombre ignora a veces lo que busca el ideal de sus empeños. No sabe a dónde se encamina el sacrificio de su lucha. Pero don Quijote da la pauta: “Cada uno es hijo de sus obras”.

El Ama, ya en la aldea, recomienda a don Quijote la confesión. “La vida y la obra -sentencia Unamuno- son ya una confesión perpetua”.

Don Quijote cae enfermo, recobra el juicio y muere. Pero el Ama, la Sobrina y Sancho Panza seguían comiendo y viviendo y regocijándose. Ángel del Río agrega: “Cae el telón, pero la vida, la representación, el equívoco no se acaba y cada cual seguirá viviendo entre verdades y mentiras según su naturaleza”.

El Quijote es una obra que enseña al hombre a vivir… y a morir. Don Quijote se educa a sí mismo y educa también a Sancho. “Y el libro entero – nos dice don Marcelino Menéndez y Pelayo- es una pedagogía en acción, la más sorprendente y original de las pedagogías, la conquista del ideal por un loco y por un rústico, la locura aleccionando y corrigiendo a la prudencia mundana, el sentido común ennoblecido por su contacto con el ascua viva y sagrada de lo ideal”.


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