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Hoy que el mundo se encuentra en una disyuntiva de reformulación de postulados de política exterior, de seguridad e inclusive de ideologías, vemos cómo en nuestro hemisferio se mira envuelto en una dinámica que podría desembocar en mortales enfrentamientos por cualquier invocación de razón de seguridad o de prevención, ante los alarmantes niveles de compras de armas de guerra por países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, Chile y Bolivia, todos éstos vecinos.

Los gastos en compras de armas son gigantescos, teniendo porcentajes altos del PIB en países como Chile, que lidera el gasto, seguidos de Colombia y Ecuador. Sin dejar de lado, a Venezuela que se está rearmando por el supuesto peligro que representarán las bases militares estadounidenses en Colombia.

Dicha carrera armamentista pone en peligro los avances que se han realizado para la convivencia pacífica y el desarrollo socioeconómico de estas naciones y de las que comparten fronteras con dichos países. Siendo totalmente objetable los hechos que suponen la necesidad de rearmarse, es que suenan los tambores de viejos conflictos que habían sido olvidados, y que tienen la capacidad de regresar a los escenarios internacionales.

Sea que una de las partes diga que lo hace por temor a que su vecino lo está haciendo o viceversa, la problemática que esto origina tiende a no tener en cuenta los funestos resultados en que se podría finalizar. Los deseos de muchos de estos países de saltar a la palestra mundial como potencia regional o por lo menos aspirante a potencia, hace que los demás países encuentren su justificación; otros por su parte aducen peligros “foráneos” para su integridad territorial.

Al final, no podemos caer en el reduccionismo de un enfrentamiento entre las fuerzas chavistas y Estados Unidos, aunque muchos así lo piensen e incluso lo deseen, para demostrar en primer lugar que Venezuela puede ser un contrapeso a las políticas estadounidenses en la región, en segundo lugar, que Estados Unidos utiliza a países como Colombia, como punta de lanza para reducir el espacio de influencia de Chávez.

Igualmente, tenemos que tomar en cuenta en este nuevo panorama a Brasil, que está en pleno proceso de transformación hacia tener mayor peso en la política regional y que se erige actualmente como el verdadero contrapeso o equilibrio en las relaciones de América Latina con Estados Unidos e inclusive con la Unión Europea. Dando pasos firmes y seguros, Brasil ha ido escalando poco a poco en su condición de potencia, tanto en los ámbitos políticos y económicos.

Por eso, no es necesario tal rearme de estos países, ya con los avances en sus procesos de integración, uno de ellos Unasur, se pueden resolver los problemas que puedan tener entre ellos, sin necesidad de caer en el juego de quien tenga más armas, tendrá más poder y será la potencia dominante en esa parte del hemisferio.

Por eso, lo mejor es buscar soluciones a los ingentes problemas de pobreza, desempleo, carestía de la vida, inseguridad y migración que existen en sus sociedades, dando con eso un salto cualitativo en la calidad de vida que ofrezcan a sus ciudadanos y de paso crear una zona de desarrollo igualitario.

* Msc. en Relaciones Internacionales