•  |
  •  |
  • END

La tarde del 15 de diciembre de 1980, recibí una llamada de parte del Viceministro del Interior, comandante José Valdivia. Nunca pregunté cómo supo mi paradero. Me encontraba en la Casa de Gobierno en una reunión, discutiendo los contenidos de lo que sería el primer número de Ventana, el Suplemento Cultural del diario Barricada. Valdivia me dijo que el Comandante Borge deseaba hablar conmigo. Dejé la reunión para atender el llamado de la figura más carismática del directorio sandinista. Eran las cinco de la tarde cuando la asistente del poderoso Ministro del Interior, María Isabel Aramburú, me introdujo en su despacho.

Borge fue al grano. Me planteó que debido al arreciamiento de la ofensiva contrarrevolucionaria, la Dirección General de Medios de Comunicación, a partir de enero sería trasladada al Ministerio del Interior. A mí me había correspondido crearla y dirigirla mientras estuvo en el Ministerio de Cultura. A los veinte días de estar trabajando con Edgard Tijerino, en la redefinición del organigrama del Instituto de Deportes, Carlos Fernando Chamorro me llamó al Ministerio de Cultura. Mi primera tarea fue contribuir en el diseño de lo que sería un Ministerio sin precedentes en la historia del país. En esas andaba cuando me pidió que fundara una instancia para regular el funcionamiento de los medios de comunicación.

Durante mi viaje a México el 21 de julio de 1979, había comprado una maleta de libros, entre los que venían varios títulos sobre el tema de la comunicación. Danilo Aguirre, me dijo que estaba preparando el anteproyecto del texto que serviría para regular el ejercicio del periodismo y el funcionamiento de los medios. Me acordé que entre los textos había uno sobre leyes de radio y televisión en América Latina. Se lo entregué a Danilo, prestado. Con el ánimo de hacer mejor mi trabajo, pedí a Uriel Cerna Barquero, compartiera conmigo la responsabilidad de redactar el reglamento de la Ley General Provisional de Medios de Comunicación. El desfile de dueños de medios y publicistas en la hacienda El Retiro era interminable. Con justa razón querían conocer sus alcances y contenidos.

Una de las sabias decisiones del directorio revolucionario, fue crear un organismo en nada parecido a la Jefatura de Radio y Televisión, que funcionó bajo la tutela de la Guardia Nacional. Alejada de los cuarteles, la Dirección General de Medios de Comunicación, tenía un sello diametralmente opuesto. La nueva ley no contemplaba censuras ni cierres. Para la fundación de la Dirección de Medios me inspiré en el modelo francés. Los medios forman parte del entramado cultural de la sociedad y contribuyen al desarrollo socioeconómico de la nación. En esas premisas fundamenté mi trabajo. Los franceses ya habían acuñado el concepto de telemática, como denominan al maridaje de las telecomunicaciones y las computadoras.

Una tarde, durante su visita al Ministerio de Cultura, el comandante Bayardo Arce me exhortó a graduarme en el tema de los medios antes que cantara el gallo. El Ministro de Cultura, poeta Ernesto Cardenal, abría las compuertas para facilitar mi labor. Don Carlos Cuadra Cardenal y don Manuel Arana Valle se convirtieron en asiduos visitantes en mi despacho. El primero llamándome la atención acerca del destino precario que se avecinaba para las agencias publicitarias, ante la prohibición expresa contenida en la ley de medios de anunciar rones y cigarrillos. Arana Valle, solicitando mis oficios para que dejaran entrar en la aduana unos repuestos para su emisora, advirtiéndome además el frenazo negativo que significaba para las radioemisoras la exclusión de estos anuncios. Todas las peticiones fueron satisfechas.

No me resultó difícil convencer a Sergio Ramírez, acerca de la necesidad de incluir en el reglamento de la ley de medios, el patrocinio de rones y cigarrillos. Con su venia satisfice las demandas de Cuadra Cardenal y Arana Valle. Mientras en Nicaragua se vivía una luna de miel con los medios, en el mundo se arreciaba la batalla por un Nuevo Orden Internacional de la Información, (NOII). La Unesco era escenario de esta disputa encarnizada. Estados Unidos sentía que su influencia escapaba en un organismo dócil en acatar sus demandas. Los dirigentes del Pentágono consideraban que los medios debían funcionar sin limitaciones de ninguna naturaleza. Constituían la avanzadilla para imponer sus intereses económicos y militares por todo el planeta. La doctrina de la libre circulación de la información era innegociable.

Desde que me dijo si quería hacerme cargo de la Dirección de Relaciones Públicas del Ministerio del Interior acepté la propuesta. Con su antesala repleta, me pidió regresara a las nueve de la noche para seguir conversando. La consigna de que los hombres tienen derecho a cansarse, pero no pueden formar parte de la vanguardia, era asumida en todas sus letras por la dirigencia revolucionaria nicaragüense. Una prédica que el Che asumió hasta el resto de sus días. La película donde Binicio del Toro, interpreta la figura revolucionaria más emblemática del Tercer Mundo, se encarga de mostrar su consecuencia más allá de toda adversidad. Como valora Ryszard Kapuscinski en Cristo con el fusil al hombro (1975), el Che estaba consciente que podía morir en las selvas bolivianas, “pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias”.

A mi regreso a la Casa de Gobierno me sumé al trabajo de Ventana. Nadie preguntó el motivo de la llamada de Valdivia. La poeta Rosario Murillo se multiplicó. Desde su oficina en el cuarto piso de la Casa de Gobierno, como asistente del comandante Daniel Ortega, presentó un artículo solicitado a Sergio Ramírez en su condición de fundador del Frente Ventana; el testimonio de Jacinto Suárez, En la cárcel diciembre era una jornada combativa y nunca supe cómo consiguió el texto de Omar Cabezas, El niño Dios tiene que andar en la montaña, un fragmento de lo que sería después La montaña es más que una inmensa estepa verde, (1982). El Frente Ventana nació en León como respuesta a la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959. Veinte años después, el sábado 20 de diciembre de 1980, salió el primer número de Ventana en su nueva época.

El Consejo de Dirección estuvo integrado inicialmente por Rosario Murillo, Gioconda Belli, Francisco de Asís Fernández, Guillermo Rothschuh Tablada, Ignacio Briones Torres y Guillermo Rothschuh Villanueva. La comandante Dora María Téllez, en su condición de responsable política de Managua, asistía puntual a las reuniones. El día 17 de octubre de 1979, el director de La Prensa, Xavier Chamorro Cardenal, intervino durante la XXXV Asamblea General Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). En una carta publicada en Barricada, elogié su posición en ese cónclave, que marcó el inicio de las hostilidades de algunos miembros de La Prensa, en contra de la revolución nicaragüense. No sé cuánto influyó en el ánimo del Ministro del Interior que destacara una cita suya contenida en el informe presentado por Chamorro Cardenal: “Si no comían crimen se morían de hambre”.

Regresé a la cita de las nueve. Borge me hizo entrar a su oficina. Antes que comenzara a hablar me dijo: Te conozco por tus escritos. Veo que ya pasé por el colador de los servicios de inteligencia, repliqué para mis adentros. Después del triunfo revolucionario había continuado escribiendo con la obsesividad y pasión de siempre. Silvio Mora, me había dicho entre risas, en la oficina de mi padre en el Ministerio de Educación, que cagaba artículos. Cuando la revolución cumplió tres meses en el poder, solicité al responsable de Barricada, Luis F. Guzmán, El Chiri, un espacio para publicar “Balance preliminar a 90 días de la revolución sandinista”. Con una condición, tiene que ir con mi firma. El Chiri me respondió que iba a consultar. En ese momento ningún periodista firmaba los artículos que escribían como miembros del staff de Barricada.

El escrito apareció con mi firma el 19 de octubre de 1979. Para darle cabida abrieron una columna bautizada con el nombre de Aportes y Opiniones. Una entradilla advertía que “las posiciones vertidas aquí no expresan el criterio de nuestro Órgano Oficial Barricada”. Como coordinador de la Dirección de Medios en el Ministerio de Cultura, el año 1980 resultó prolífico. Publiqué La mentira: arma del imperialismo contra Nicaragua, en coautoría con Miguel Ángel Rosales, Renato Julio Ruiz y Mary Ann Jackman, también El problema de la Comunicación en un Estado en transición. En agosto de ese mismo año, Distribuidora Cultural editó mi ensayo Cuba por dentro, con prólogo de Danilo Aguirre.

Un ministro condescendiente abrió espacio para que planteara mis inquietudes. No quiero renunciar como profesor universitario en la UCA, me parece bien, respondió. Con cierta timidez adelanté que deseaba continuar como miembro del directorio de Ventana, lo veo justo, agregó. Creo que un año basta para completar la tarea que me pide, no hay problema, añadió. Una última cosa. En este ministerio hay francotiradores, zapadores, expertos en emboscadas... ¿Qué me querés decir con eso? Conozco el trabajo que voy a realizar, no me gustaría que me vinieran órdenes de todos lados. Con rapidez afirmó: “Rectorea esa dirección, para eso te traigo aquí”. La noche del 15 de diciembre de 1980 dormí tranquilo. La luna de miel de los medios con la revolución había terminado. El trabajo que esperaba a quien me sucediera sería durísimo.