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Cuenta la historia que un oficial nazi decía que cuando escuchaba la palabra cultura, se llevaba la mano a la pistola.

Bien podríamos decir ahora que quienes ejercen algún poder político en Nicaragua, cuando escuchan la palabra crítica o democracia, hacen casi lo mismo. Activan sus reflejos como si un peligro letal les amenazara. Y activados los reflejos, ejercen su poder grande o chiquito, para reprimir, amenazar y actuar como perdona vidas.

Vean dos casos: El abogado Roberto Larios, que preside actualmente la Unión de Periodistas de Nicaragua, prohibió que se realizara en la Casa “Alvaro Montoya”, la presentación de un libro de memorias juveniles del periodista Juan Ramón Huerta. Las razones: dice Larios que Juan Ramón no es afiliado a la UPN, pero además sin ambages -uso sus palabras- por diferencias políticas.

El licenciado Larios tiene todo el derecho de pertenecer al partido, secta, logia o equipo que quiera. A lo que no tiene derecho es a manipular una organización gremial, por sí misma plural. Y menos aún, a impedir en nombre de la democracia y de diferencias políticas, un acto cultural.

¿Qué sigue? Que un día de estos, Larios y demás, hagan una pira con los textos que critican al régimen? No me extrañaría.

Otra joya. Un señor que es el Presidente de la UNEN, en unas declaraciones alusivas a una guerrita que tiene con otros miembros de su partido, anunció que en las próximas elecciones de la UNEN, no podrán participar quienes en meses pasados agredieron el local de la UNEN en la Colonia Miguel Bonilla, y tampoco aquellos estudiantes que trabajen con la Coordinadora Civil . ¡Qué tal! Un oscuro, cuestionado e impopular dirigente amenaza violentar un sagrado derecho constitucional.

Desde la cúpula de una de las entidades gremiales  de los periodistas y desde la cimera posición de la organización de estudiantes universitarios, se activan “las pistolas” de estos señores.

Y si digo pistolas, es en sentido figurado, porque morteros sí han usado los camaradas de Pérez y Larios.