Onofre Guevara López
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Con un tono legalista casi candoroso, pero distinto al discurso violento a que nos tienen habituados los propagandistas de la reelección presidencial de Daniel Ortega, el profesor Alberto Valdez Rodríguez (*) –sospecha de ingenuidad aparte—, quiere abrirnos los ojos ante algo que nunca ha estado oculto: que si bien la reelección está constitucionalmente prohibida (artículo 147), tiene posibles salidas por medio de reformas igualmente constitucionales (artículos 191 y 192).

Al señalar esa “salida” constitucional, el señor Valdez finge no estar enterado de que no sólo se exige el respeto a la prohibición establecida en el artículo 147, sino también que no se reformen los artículos 191 y 192, que facultan a la Asamblea Nacional conocer de la petición de reformas, y señalan los procedimientos para hacerlas, respectivamente. A la par, se condena la pretensión de hacer las reformas utilizando chantajes políticos, sobornos y otras truculencias para burlar la prohibición del 147.

Situado el conflicto en lo meramente jurídico, donde se metió el señor Valdez con su artículo, invita a sus lectores a seguir el juego con una candidez nada creíble en un ilustrado profesor universitario. Incluso, y queriendo darle un fundamento razonable a su deseo de ver reelegido a su presidente, Valdez ofrece la anciana novedad de que el “comandante Daniel Ortega, en entrevista con David Forst, en su programa “Forst over the Word” que presenta en la cadena árabe Al Jazera, expresó su interés en reelegirse en el siguiente período presidencial “si las condiciones lo permiten…”

No fue la primera vez que Ortega expresó su deseo continuista. Pero, fíjense, que Ortega no toma en cuenta la prohibición constitucional, sólo se limita a ver “si las condiciones lo permiten”. Y para que se lo permitan, ha puesto en movimiento a todos sus agentes en el poder estatal y fuera de él, para crear las condiciones y poder burlar la Constitución. Es lo que ha hecho todo el tiempo que tiene de haber regresado a la Presidencia, y lo hace ahora también recurriendo a la fórmula-Arias: que la CSJ declare inconstitucional la no reelección. El señor Valdez ya no tuvo tiempo de apoyar esta nueva maniobra.

Pese a que en su artículo trató de parecer más jurista que político, hace su aporte a la campaña pro reelección, tratando de limar su peligrosidad al suponer que los sectores que la combaten la ven como “un tema prohibido, controversial y diabólico” cuando, según él, apenas se trata de “un derecho democrático al que puede aspirar el presidente de la República, compañero Daniel Ortega Saavedra”.

El señor Valdez, inicia y termina su artículo, dándole un cariz ingenuo al “derecho” continuista, como si desde este momento hacia atrás de nuestra historia las reelecciones presidenciales hubiesen ocurrido dentro de las más normales y democráticas condiciones a que un país puede aspirar. Para conciliarnos con esa falsa realidad, él ve al orteguismo “dispuesto a discutir el tema”, como si nadie supiera que hace rato está tratando de imponerlo. Y redondea su oferta, con el “inocente” argumento de que, para lograr las reformas, el orteguismo “tiende a incluir concesiones que limitan el poder presidencial, lo que mitigaría los temores sobre el supuesto peligro de que la reelección presidencial se transforme en una tiranía presidencial, que es a lo que supuestamente le temen”. (¿?)

Si tales “límites” van a ser como los que tiene el proceso de privatización de la cooperación venezolana, seguro que el señor Valdez tendría toda la razón del mundo al suponer que los opositores a la reelección sólo temen y no sienten los pasos de una dictadura. Máxime que su “compañero” Daniel Ortega, apenas está probando el poder desde hace treinta años. ¡Cuánta candidez!

Para convencer de su sincera ingenuidad, el profesor Valdez informa –por si nadie lo sabía— que “reelección es volver a elegir (y) no significa imposición”... ¡Qué va, para nada! Su “compañero” Daniel sólo lleva en su mochila nueve años de presidencia y veintiún años gobernando “desde abajo”, imponiendo su voluntad. Además –sueña el señor Valdez— “La reelección presidencial tiene la ventaja de prolongar una gestión gubernamental dentro de un período prolongado, asegurándose así su exitosa implementación”.

Ya he aplicado a los argumentos del señor Valdez, tres de los sinónimos de lo candoroso, y sólo me resta aplicarles dos: sencillo y simple. Se los vamos a dejar todos. Más adelante buscaré otro adjetivo.

¿Cómo calificar los siguientes argumentos pro reelección del profesor Valdez? Vamos a ver: él nos da la buena nueva, acerca de que si los magistrados y los diputados pueden reelegirse indefinidamente, y no puede hacerlo el Presidente, se viola el sagrado derecho de la igualdad ante la ley. Sólo puedo pensar que se trata de algo que podría calificarse como un simple olvido.

El profesor Valdez olvidó que ni los magistrados ni los diputados tienen ni una mínima cuota de poder parecida a la del más mediocre de los presidentes que pudiera haber existido en nuestro país. También olvidó que ninguno de los magistrados orteguistas de la CSJ –dejó en el “tintero”: el resto de magistrados de los demás Tribunales— ha sido nombrado, reelegido ni piensa en reeligirse si no es por la gracia y la voluntad de su “compañero” Daniel Ortega y Saavedra.

Y si desea ayuda para explicarse cómo funciona la “igualdad ante la ley”, aquí tiene algunos nombres: Herty Lewites, Alejandro Martínez Cuenca, Vilma Núñez, sin mencionar a otros que quisieron hacer uso de esa igualdad. ¿No le recuerda cómo Daniel ha marginado a Nicho Marenco, por creer en la “igualdad” de opinar en defensa de la ley?

Los recursos constitucionalistas que al profesor Valdez le parecen ideales para instalar una ideal democracia, como son las elecciones, el referendo, el plebiscito y el “espíritu” de las leyes, están en los textos jurídicos. Cuando les hacen salir de su cárcel legal, y apenas las acercan a su aplicación práctica, les sale un Consejo Supremo Electoral que les niega legitimidad y les hace huir por la ruta del fraude.

El señor Valdez, recuerda algo, y nos pide no olvidarlo: hay países que permiten la reelección, unos en forma indefinida y otros de forma salteadita. Olvidó decirnos cuántos países tienen algo en común con Nicaragua; qué parecido tienen en su respectivo desarrollo histórico –en lo económico, político y cultural— para justificar que lo bueno para ellos es bueno para el nuestro.

En Nicaragua, los argumentos legalistas, cargados de sospechosa inocencia, igual que las vulgares campañas pro reelección, valen infinitamente menos que una sola gota de sangre derramada en nuestra historia por culpa del continuismo.

(*) El Nuevo Diario, 1 de octubre de 2009.