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A finales de 1991, la atmósfera experimentó un hecho insólito. Del 28 de octubre al 2 de noviembre, tres entidades meteorológicas confluyeron frente a la costa de Massachusetts (Estados Unidos) dando lugar a lo que hoy se conoce como “la tormenta perfecta”. La primera entidad meteorológica fue un sistema de baja presión que se formó sobre los Grandes Lagos, y se dirigió de oeste a este, pasando por Chicago, Maine y Nueva Escocia. La segunda fue un sistema de alta presión, que se encontró con el sistema de baja presión a la altura de Nueva Escocia, impidiéndole llegar a la costa y transformándolo en una colosal tormenta. Dos días después, avanzando de sur a norte, se les unió el huracán Grace.

En el primer semestre del año 2009, la situación macroeconómica internacional fue similar a la historia de máximo peligro que se vivía en la película “La tormenta perfecta”, en la que un barco pesquero se enfrenta en medio del mar a un fenómeno de violencia extrema: un huracán y dos frentes tormentosos coincidían y daban lugar a la mayor tormenta de la historia. Utilizo el símil de esa película para explicar que las condiciones adversas de la economía mundial son parecidas a las de la mayor tormenta de la historia. La economía mundial está en medio de la recesión más profunda y sincronizada de nuestras vidas, causada por una crisis financiera mundial y agravada por un colapso del comercio mundial. Un día de euforia; otro de depresión. Nada salva a los mercados financieros mundiales de los bruscos vaivenes que sufren desde que comenzó la crisis. Ni siquiera los multimillonarios rescates financieros implementados por las principales potencias del mundo, cuyo peso, se sabe, cae sobre las espaldas de los contribuyentes.

Esta crisis dejó en la calle a decenas de miles de modestos deudores hipotecarios propietarios de viviendas en Estados Unidos. Por ejemplo, en septiembre de 2008 el gobierno norteamericano decidió invertir US$ 200.000 millones de dólares de los contribuyentes para salvar al capital financiero concentrado en Fannie Mae y Freddie Mac. La lógica del gobierno fue socorrer con los dineros del pueblo al gran capital en dificultades. O dicho más precisamente, tapar los agujeros dejados por el capital privado como resultado de sus fechorías.

Las crisis económicas destruyen la riqueza de una sociedad. La política económica también y, además, lo puede hacer en forma crónica, con larga duración. En esta crisis se han perdido producción, consumo e inversión, y se ha ampliado el déficit fiscal. Así, se ha reducido la riqueza y también la capacidad de generarla. Esto se suma a lo largo del período, que se prevé, de lento crecimiento de la economía global. El proceso “recuperación económica” va a durar mucho tiempo. En mi opinión, la economía mundial no volverá a encontrar el nivel de prosperidad que tenía antes de la crisis hasta 2013-2015. Y el camino está lleno de baches.

El Fondo Monetario Internacional anunció, en su informe económico titulado Panorama económico mundial (WEO, por sus siglas en inglés), correspondiente al año 2009, que la crisis financiera internacional podría afectar el crecimiento durante los próximos 7 años. Según el análisis del organismo crediticio, la crisis mundial ha afectado duramente a la inversión, el empleo y la capacidad productiva de los países alcanzados por la explosión de la burbuja financiera en los Estados Unidos.

La crisis internacional, originada en Wall Street, es una crisis del sistema financiero que ha destruido los recursos propios de una buena parte de las instituciones financieras americanas y europeas, dejándolas sin capital y sin liquidez. Algunas han quebrado y la mayoría han sido o están siendo recapitalizadas con dinero público. La mayoría de los países europeos deberán resolver la crisis de sus instituciones financieras y deberán reemprender entonces ritmos moderados de crecimiento, volviendo a crear empleo, en una línea no muy diferente de la de hace tres años. La tasa de desempleo es el principal escollo de las economías.

En Estados Unidos alcanzó en septiembre el 9,8% (la mayor desde 1987); en la zona euro está al 9,5%, mientras que el crédito continúa estancado y la necesidad de desapalancamiento es muy elevada en países como Estados Unidos, Reino Unido y España. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) de Estados Unidos calcula que el déficit de 2009 llegue al 11,2% del PIB. Detrás del crecimiento de los déficits están los planes de ayuda de los Gobiernos a fin de estimular las economías. A esto se le llama recuperación. Hay que ver si la economía real va a poder seguir creciendo por sí sola una vez que los estímulos fiscales se retiren.

Las tristemente célebres subprime o hipotecas basura están en el origen de la crisis financiera mundial, pero les ha salido un serio competidor en la lista de grandes problemas a los que se enfrenta la economía de Estados Unidos y, por extensión, la del resto del mundo. En efecto, con el sector inmobiliario en caída libre, el impago de hipotecas de primera categoría, aquellas asumidas por personas de plena solvencia, está aumentando a medida que lo hace el desempleo. Según Economy.com, portal especializado dirigido por Moody’s, en el 2009 el 60% de los embargos va a tener como primera causa el desempleo, frente al 29% de 2008. Es decir, el impacto de la pérdida de empleo está forzando a muchas familias a dejar su vivienda.

A partir de julio 2009 se ha informado de una reanudación del crecimiento económico en varios países de Europa y Asia. Pero esto se debe a los programas de estímulo fiscal, cuyos efectos son temporales. Por lo tanto, podría haber una “recuperación económica” con altibajos: la economía baja, se recupera, y luego vuelve a bajar. Gráficamente, como una “W”.