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Instituido por la Asamblea General de Naciones Unidas en Estocolmo (1972), la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente en 2009 estuvo dedicada a la sensibilización sobre el cambio climático. De ahí el lema de este año: “¡Tu planeta te necesita! Unidos contra el cambio climático”. La próxima cita es en diciembre, en Copenhague, donde tendrá lugar la 15va. Conferencia de las Partes (COP15) sobre el Cambio Climático.

Muchas veces los ciudadanos solemos pensar que los asuntos del medio ambiente y sus acuciantes problemas globales como el cambio climático, el deterioro de la capa de ozono, la contaminación oceánica, los contaminantes orgánicos persistentes y el agotamiento de la diversidad biológica, son eslabones sueltos de asuntos del primer mundo, cosas de ambientalistas que no nos incumben. Nada más errado. Somos precisamente los habitantes del Tercer Mundo los más afectados, los más vulnerables, los más propensos a ser impactados por los efectos negativos del deterioro ambiental global y local.

El cambio climático particularmente ya está incidiendo en el deterioro del nivel y condiciones de vida de millones de seres humanos en todo el mundo, entre los cuales estamos los nicaragüenses. Cada vez que las inundaciones o las sequías --como ahora sucede con El Niño-- se ensañan con nuestros campos de cultivo, cuando nos golpea un huracán como el Félix en 2007 o cuando clamamos por la escasez de agua en los hogares y por el encarecimiento en el precio de los alimentos, ineludiblemente debemos remitirnos a las fichas de un mismo efecto dominó, cuyo hilo conductor lleva indefectiblemente al calentamiento climático global al que todos contribuimos diariamente, pero más, muchísimo más, los países industrializados.

Aterrizando en la realidad nacional, como se ha referido en diversos foros y programas recientes, como los organizados por Cruz Roja Nicaragüense, el cambio climático más que una posibilidad es una realidad y no nos queda otro camino que la adaptación. No tenemos más opción que adaptar nuestra economía y nuestro entramado social para sobrevivir a condiciones ambientales hostiles que apenas estamos comenzando a experimentar, por las cuales no ha pasado ninguna civilización humana y que están llegando para quedarse durante generaciones.

Cabe referir que en el último lustro se ha venido trabajando bastante en la elaboración de escenarios nacionales y locales a fin de determinar las acciones a seguir. Incluso durante 2008, con la participación de diferentes sectores, quedó preparado un borrador bastante avanzado de estrategia nacional para la adaptación al cambio climático (particularmente me ha correspondido representar a la UNAN-Managua en ese proceso). La Ley No.647, vigente desde el año pasado, mandata también la elaboración y puesta en práctica de una política nacional de adaptación al cambio climático, pero todavía los tomadores de decisiones parecen dormitar y no comprender la gravedad de la situación –que es como para ponernos los pelos de punta-- y la urgencia de proceder lo más pronto posible a tomar las prevenciones del caso.

El cambio climático no es una situación que ha llegado y desaparecerá de un día para otro. El acumulado de impactos que iniciaron con la Revolución Industrial de mediados del Siglo XIX, más los que adicionamos en el Siglo XX y los que agregamos a diario, irán teniendo un efecto in crescendo que no podremos revertir durante las próximas décadas y acaso centurias. Medidas de mitigación como las del Protocolo de Kyoto, no pasan de ser paliativos que están muy lejos siquiera de equiparar los niveles de emisión de los gases de efecto invernadero (GEI) con los niveles de fijación de carbono.

Mientras los mayores responsables del cambio climático, encabezados por Estados Unidos y China no asuman compromisos serios para reducir las emisiones (el Presidente Obama ha anunciado que sí lo haría, esperemos que cumpla prontamente), y mientras también países pequeños como el nuestro abandonen las filas de los países receptores de GEI para convertirse en emisores, el panorama no es ni será nada bueno en ningún escenario. De ahí la preocupación de Naciones Unidas y su interés especial en sensibilizar sobre el cambio climático, como ha sido el tema central de la recién pasada Conferencia Mundial de la ONU en Nueva York.

El próximo mes de diciembre tendrá lugar en Copenhague la 15va. Conferencia de las Partes (COP15) donde se reúnen los países signatarios de la Convención Mundial sobre el Cambio Climático. Naciones Unidas ha lanzado la campaña “Seal the Deal” (Sella el Trato), en la base de la cual se demanda la participación para demandar de los líderes mundiales la adopción de un acuerdo efectivo para proteger a las personas y al planeta de los impactos del cambio climático. La expectativa es que en Copenhague se pueda alcanzar lo que no se logró en la reciente conferencia mundial de septiembre en Nueva York.

En lo que compete a nuestro país, para ser consecuentes con ese gran movimiento mundial, como ha referido el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, es menester instar al Gobierno de Nicaragua a que también selle el trato en Copenhague. De paso también instarle a que emprenda iniciativas para retomar el liderazgo que alguna vez tuvo Nicaragua en la gestión ambiental en el contexto regional centroamericano, y que dé luz verde sin más dilaciones a la aprobación de la Estrategia Nacional y de la Política Nacional para la adaptación al cambio climático. El Niño y la sequía que se enseñorean actualmente en nuestros campos es sólo una entre muchas campanadas de alerta que han comenzado a avisarnos para que luego no estemos lamentándonos por lo que dejamos de hacer hoy.


Darwinjj2007@gmail.com