Guillermo Rothschuh Villanueva
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A Camoapa regresé por el camino del afecto. También con el ánimo de saciar una curiosidad. Durante cinco años consecutivos en los pasillos de la universidad, en los recesos de la tarde y en las tertulias de la noche, oí nombrarle, evocarla, adorarla con veneración parecida a la que los promesantes tienen por San Francisco de Asís, su Santo Patrono. Camoapa única e irrepetible. Territorio libre de Nicaragua. Ni de Boaco ni de Chontales. En primer año de universidad me topé con Uriel Cerna Barquero, oriundo de Camoapa con quien hicimos migas desde nuestra primera conversación. Mi compañero de banca proclamaba a grandes voces que Camoapa tenía el perfil de una diosa enamorada y el corazón virgen de princesa. Nació una amistad que creció más alto que las Torres Gemelas. Éramos dos pueblerinos metidos en la capital. Él de Camoapa y yo de Juigalpa.

Uriel situaba Camoapa en un mundo aparte. Llamarle boaqueño era como mentarle la madre. Después me percaté de que la mayoría de las personas de Camoapa no se sienten identificadas con Boaco. Su localismo me seducía. ¿Mi filiación con Juigalpa sería más intensa que la suya? En 1990 hice un giro en mi vida motivado por mi profunda identificación con la provincia ganadera. A quienes me quieren escuchar siempre les recuerdo que soy de Juigalpa, y más todavía de la Calle Palo Solo, un sitio tan especial que cuanto terminé de leer El Callejón de los milagros, del egipcio Naguib Mahfuz, mi hermano Jorge Eliécer se empecinó en demostrarme que en las cuatro cuadras de nuestra calle habita un universo de familias con maneras de ser más ricas, complejas y variadas que las descritas por Mahfuz. No sé qué espera para dar a luz Tierra de Caracoles, donde ratifica lo dicho. La prueba que certifica su visión de este mundo encantado y encantador.

Cuando Alfonso Malespín me planteó que Wendy Quintero y Juan Carlos Duarte querían fundar una radioemisora en Camoapa, contaron con mi complicidad. El proyecto se convirtió en una empresa sólida debido al empeño de sus gestores, identificados con los valores trascendentes de la comunidad. Una radio cuyo liderazgo se aprecia mejor a través de la confianza depositada por la ciudadanía. Los datos sobre abigeato dados a conocer por la Policía Nacional, 35 durante el primer semestre de este año, no se corresponden con las cifras registradas por Camoapa Estéreo (98.5), que llegan a 92. ¿Qué tipo de alianza ha generado entre los ganaderos esta emisora como para confiarle los números exactos de la peor plaga que azota a una de las zonas ganaderas más importantes del país? Su proximidad y cercanía les hace sentir que vela por sus intereses más sensibles.

En este cambio de época, cuando las tecnologías de la información redefinen las formas de vincularse, las cartas continúan siendo el lazo más fuerte de relación. La telefonía móvil sigue creciendo en la zona y se ubica en segundo lugar, en tercero las visitas a la radio y en último renglón la mensajería de textos. Es probable que la existencia de una red de comunicadores dispersos por las comarcas de Monte Verde, La Calera, San Antonio, Platanar, Las Lajas, Mombachito y Masigüe, permita una aproximación que se traduce en una audiencia que mira a la radio ejerciendo una intermediación fluida para mantenerles al tanto de lo que ocurre en cada uno de estos lugares.

Desde un principio dije a Juan Carlos que deseaba saber si el Morir Soñando tuvo su origen en Camoapa. Contrario a lo que afirman los chontaleños que el Morir Soñando es de su invención, en Camoapa nadie da crédito a estas palabras. La genealogía de este licor se remonta hasta finales de los años cuarenta. En una discusión por separado, que duró toda una mañana, con Róger Díaz y Andrés Mendoza, no hubo manera de convencerles de que la fórmula del Morir Soñando era una creación genuinamente juigalpina. El primer corte fue de Andrés Mendoza. Con la reputación ganada como el principal estudioso de la cultura local, me explicó que el brebaje se consumía en Camoapa desde 1948. En Juigalpa su aparición es reciente y la fórmula diferente.

¿Se trata de un dato histórico irrefutable? En Juigalpa empezaron a hablar del Morir Soñando a principios de los ochenta, para entonces nosotros ya teníamos cuarenta años de estar libando esta delicatessen. Lo de ustedes es copia, una mala copia. Nada parecida a nuestra fabricación casera. La base del Morir Soñando que nosotros preparamos es de maíz, ustedes lo hacen de caña. Nosotros jamás hemos utilizado guarón. Mucho menos Coca Cola o Kola Shaler. Seríamos incapaces de echar a perder algo tan exquisito. Agregó que tenía que corregir el dato que aparece en mi libro Asalto a la memoria (1998). Tu afirmación de que Demetrio el cantinero no fue su creador es una verdad a medias. Demetrio mejoró la fórmula de don Servio Tulio Báez. De modo que es su heredero y continuador.

Demetrio tuvo el acierto de introducirle otras sustancias que lo tornaron más gustoso y más apetecible. La base del Morir Soñando es la cususa. Demetrio la metía en cántaros de barro, le agregaba canela y unos clavitos de olor, luego la tapaba y enterraba. ¿Guaro añejo? Sabía a vino. Un vino especial. Una bebida digna de los dioses. A Baco le encantaría. No crean que se parece al Cóndor, ese vino, ¿vino? El Morir Soñando de Camoapa es una ricura. Nada que ver con el veneno que preparan en Juigalpa. Las autoridades de Salud ya debieron haber intervenido. Es peor que El Caballito o el Ron Campeón. Con decirte que le echan diazepám. ¡Atenta contra la salud de unos pobres ingenuos!

¿Quién heredó las gracias de Demetrio? Papiro, me respondió Róger. Con eso no me decís nada. ¿Cómo se llama? Pancho Papiro. Me dejás peor. Con eso te lo digo todo. Preguntá por Papiro y verás qué fácil vas a dar con su casa. ¿Su apellido?, reclamé. En ese momento nadie supo dármelo. Eliseo Fernández, gentilmente me condujo a su hogar al día siguiente. Cuando me presenté preguntando por él, salió a mi encuentro una joven morena, recia, de mirada coqueta. ¿Qué quiere con él? Entrevistarle. Yo respondo. Soy su heredera y representante. Pase adelante. Papiro, ¿cuándo comenzaste a fabricar el Morir Soñando? La joven le dijo que no tenía porqué responderme. Aclaré que solo quería algunos datos porque en Juigalpa dicen que el Morir Soñando se debe a Manuel Miranda, aunque Goyo Mena afirma que él es copartícipe de este fantástico logro etílico.

Nada tiene que responderle. Sólo voy a escribir... Yo tengo seis escritores si quisiera que escribieran sobre él. Soy médico, especialista en alimentos y nada tenemos que decirle. Deseo que me responda unas preguntas, no quiero la fórmula. ¡Si quisiera que lo entrevistaran, aquí estaría Univisión, Telemundo, Canal 2 o Canal 10! Papiro, ¿es verdad que Demetrio te enseñó? La joven interpuso su cuerpo para evitar que Papiro me respondiera. ¡Nada tienes que decirle! ¡Nada! ¡Nada! Luego dio vueltas hacia mí y me pidió que saliera de la casa. Papiro desdentado y divertido, mascaba sus labios. Demetrio no me enseñó. Nada aprendí de él. Más bien era un envidioso. Nunca me dejaba acercarme a ver cómo lo hacía.

En eso la joven hizo una llamada a través de su celular y dijo en voz alta: Danilo, ¿está Dennis Schwartz? ¿No está en la radio? ¿Dónde está? Decile que me urge hablar con él. Que se comunique urgentemente conmigo. ¿Anda donde Rafael? ¿No sabés? Imperturbable pregunté de nuevo a Papiro dónde había nacido. En Cerro Alegre, me dijo, hace setenta años. Cada semana preparo de cinco a seis galones. La cususa me la vende doña Chila González, me la trae de Matamba. Hoy quedan pocas cususeras. El Morir Soñando que yo preparo nada tiene que ver con lo que hacía Demetrio. Este le echaba un tinte verde y no queda igual. Le añado clavo de olor y raíces de limón indio. ¡Pero no te digo más! Aquí vienen de toda Nicaragua a comprarme. Los dueños de “La Colombina” vinieron a pedirme que fuera con ellos a su restaurante en Boaco. Pero no. Aquí estoy bien.

Al despedirme, la joven médica me dijo que se llamaba Jacqueline Guadamuz Somoza. Se disculpó y me sugirió que cualquier cosa que quisiera saber tendría que hablar con ella. El Morir Soñando había sido registrado legalmente, era dueña de la patente y en fecha próxima comenzarían a producirlo en grandes cantidades. Tenían la mirada puesta en el extranjero. Esperaban exportarlo. Jacqueline ya había realizado todos los trámites correspondientes. ¿Fue un milagro que no me enjuiciara? Cuando me amenazó afirmó que disponía de ocho abogados. Para suerte mía todo terminó bien. Si llegué a buscar a Francisco Mejía Marenco, mejor conocido como Papiro, en el mundo de la farándula lugareña, fue para aclarar ante la historia quién es el artífice del Morir Soñando, el licor más renombrado de estas tierras.

Aunque quien acuñó su nombre, don Servio Tulio Báez, llegó a Camoapa de Juigalpa. Lástima que no estaba Uriel en Camoapa para que me echara segunda. A Juan Carlos recomiendo acercarse a la joven emprendedora, para que cuando esté listo el primer embarque de exportación de Morir Soñando, sea a través de su radio que se dé a conocer al mundo esta noticia que convertiría a Camoapa en territorio libre y soberano como lo sueñan sus gentes. ¿Qué pensarán los Pellas?