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Oigo decir que los chinos tienen planeado su desarrollo para los próximos cien años. Tienen metas a cumplir y van haciendo ajustes conforme avanza el tiempo para enfrentar las vicisitudes que se presentan. Ha de ser difícil hacer planes a tan largo plazo, pero viendo los espectaculares avances chinos no queda duda de que van cumpliendo metas en base a estrategias bien planeadas. También queda claro que en nuestro país planificar es una mala palabra fuera de las estrategias del gobierno.

Podrán decir que aquí cada año hacen un presupuesto que ya han modificado 4 veces con metas a cumplir, pero todos sabemos que esos grandes volúmenes que publican con bombo y platillo son para la foto y casi nada de lo que planifican se cumple. No puede ser de otra manera por la forma en que conducen la política nacional.

Para empezar, ningún partido tiene un proyecto de nación tras el cual programar estrategias que permitan hacer avanzar al país hacia la construcción de mejoras sustantivas y de largo plazo para la población. Quizás si los partidos políticos tuvieran la visión de generar auténticos proyectos de nación, podrían tomarse el tiempo de analizar en qué coinciden y en qué difieren. A partir de las coincidencias, podrían avanzar y generar acuerdos para que se puedan implementar algunos cambios que de seguro generarían beneficios al país. Ahí donde las visiones difieren se podrían tener debates de altura para lograr, finalmente, hacer coincidir las estrategias de Estado que se requieren para hacer un país más competitivo y soberano.

Habrá muchos desacuerdos y tendrán que repensar cosas, pero existirán posibilidades de acuerdos. Lo más importante es que los partidos tendrían sus agendas y sus planes de nación para impulsar como partidos, con lo cual lograrían, con certeza, generar una buena cantidad de planes a largo plazo. Sin embargo, es penoso observar la ausencia casi absoluta de cohesión interna en los partidos tras estrategias de desarrollo nacional. Y eso se debe a que no hay proyecto. Lo único que realmente se observa es la constante búsqueda de puestos y alianzas entre particulares o grupos para generar el poder necesario para mantenerse en el gobierno y en el peor de los casos, para mantener la chamba o el negocio. Es vergonzoso ver cómo diferentes actores de la política nacional se mueven de un partido a otro, con la única finalidad de mantener el hueso. Qué filiación política se le puede adscribir a alguien que un día es de un partido y al otro es de otro o se declara independiente. Qué confianza le puede uno tener a un personaje que solo se representa a sí mismo con el único objetivo de no quedarse fuera de la nómina.

El vacío de ideas, la falta de creatividad, el ayuno de solidaridad, la incapacidad de trabajar en grupo, pero sobre todo el irrespeto a la población marginada, es lo que caracteriza a la enorme mayoría de los políticos de nuestro país. Para muestra, sus sueldos para lo poco que hacen son realmente escandalosos. No será posible que algún día los “líderes” se sienten a trabajar para generar el proyecto de nación que, según sus tendencias políticas tendría su partido y que luego de una discusión amplia, analítica, democrática, señalar que ése es el proyecto que todos los miembros de su partido tendrán que apoyar y luchar por alcanzar. Los acuerdos que se logren sobre las propuestas de cada partido con otros, que sean de conveniencia para el país, será un acuerdo obligado para todos los miembros de esos partidos.

Concedo que es una utopía difícil. Pero, ¿no podríamos impulsar a la gente que la demande? Vale la pena cambiar de estrategia, pues la que ha imperado solo ha servido para hacer al país más miserable, poco competitivo e incapaz de enfrentar con dignidad el futuro. Futuro que sólo puede darse con políticas de Estado que rebasen los periodos de gobierno y que se planifiquen con una visión siquiera de 10 años.