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La Pastoral Penitenciaria, integrada por más de 500 personas a nivel nacional y liderada por Monseñor Amado Peña, tiene 19 años de trabajar con los privados de libertad de los nueve Centros Penitenciarios que existen en Nicaragua. Este grupo realiza su encomiable labor de evangelización por medio de la Eucaristía, las prédicas de la palabra, y la Jornada Anual de los Sacramentos, ofreciendo consejerías, orientaciones y apoyo a estos hombres y mujeres, contando con el compromiso y apoyo de las autoridades del Ministerio de Gobernación y del Sistema Penitenciario, elemento que ha sido crucial para lograr el objetivo central de la Pastoral de llevar la Palabra de Dios a los privados de libertad.

A los seis años de haberse iniciado esta Pastoral, fue organizado el primer Campeonato Deportivo del Sistema Penitenciaria, utilizándose las instalaciones del Centro Juvenil Don Bosco, de los Padres Salesianos. Esta idea fue considerada riesgosa por ciertas personas, sin embargo, los primeros años de evangelización, ya habían comenzado a dar sus frutos. Según Monseñor Peña, estas Competencias Deportivas en Centros Penitenciarios es exclusiva de nuestro país, ya que ni los países de La Confraternidad Carcelaria Internacional, ni los de La Pastoral Penitenciaria de Latinoamérica, reportan eventos similares.

Siempre había tenido la concepción de que en cualquier lugar del mundo, estar privado de libertad es una condición física y emocional enajenante y difícil de aceptar. Sin embargo, en estos últimos 18 meses he aprendido muchísimo visitando el Centro Penitenciario de Mujeres “La Esperanza”, acompañándolas los sábados en la Eucaristía y otras festividades que celebra la Pastoral (miércoles de ceniza, día de las madres, la Purísima, Navidad, etc.). He aprendido que las privadas de libertad siempre tienen un comportamiento digno y ejemplar; que son capaces de disfrutar los eventos, ríen, cantan, bailan, cuentan chistes, declaman poemas, se disfrazan, lloran, y sí que lloran, y su dolor sólo ellas lo conocen. En la Eucaristía, piden y ofrecen el perdón, se dan la paz con amor y júbilo, rezan, cantan con un coro maravilloso, y estoy seguro que, cada sábado, el Señor espera con gran agrado esta hermosa ofrenda de amor que le envían las mujeres de “La Esperanza”. Sus rostros, cargados de sinsabores acumulados y tropiezos de la vida, pareciera que se transforman antes, durante y después de la Eucaristía, y se les abre un cielo de felicidad y esperanzas, que las alimenta y las fortalece para otra semana en confinamiento.

¿Cómo es posible esto, si están privadas de libertad, separadas de sus niños, esposos y familiares, en condiciones físicas incómodas, condenadas injusta o justamente, sin recursos financieros, olvidadas a veces por sus familiares, la sociedad, y el sistema judicial? Mi conclusión es que estos acontecimientos ocurren por el fruto de la evangelización, la presencia del Señor, su Divina Misericordia y su Bondad Infinita.

Monseñor Peña me invitó al “XIII Campeonato Deportivo Nacional de Internos del Sistema Penitenciario Nacional”. El viernes 25 de septiembre, a las ocho de la mañana, estaba en la garita del Centro Penitenciario de Tipitapa-Cárcel Modelo. Desde la entrada se percibía el ambiente festivo de Olimpíadas, el movimiento de los competidores, las barras, los familiares, la música, los colores, los encargados de vigilar el evento, y la presencia de autoridades del Ministerio de Gobernación, del Sistema Penitenciario, periodistas e invitados.

Presidido por una banda musical de un colegio vecino, el desfile inició puntualmente, luego desfilaron los competidores, las respectivas reinas de cada Centro, las barras, y varias bandas de chicheros. Después del desfile nos trasladamos a un campo deportivo para iniciar las competencias. El acto fue simple, pero de un rito especial, propio de estos eventos: se entonó el Himno Nacional, luego los anfitriones dieron las palabras de bienvenida, se invocó al Altísimo, se Juramentó a los participantes, y con el lanzamiento de la “primera bola” se dio por inaugurado el evento.

Los competidores, con sus uniformes, mantas y música, estaban listos para concursar con el mejor de sus espíritus deportivos y, eventualmente, ganar medallas y trofeos. Lucían sus frentes en alto, dignos de su papel. Fueron 514 atletas y 331 barras, procedentes de: “La Esperanza”, Bluefields, Chinandega, León, Estelí, Granada, Juigalpa, Matagalpa, Tipitapa-Modelo. Además, estaban invitados 950 familiares. Se compitió en 10 deportes: béisbol, fútbol, basquetbol, volibol, ajedrez, ping-pong, boxeo, handball, laberinto-no te enojes y carreras de velocidad de 100 metros planos.

Algunas competencias fueron en los predios del Sistema, otras, afuera. Me impactó de manera positiva el orden con que abordaron los buses. Difícilmente se observa en Managua (donde supuestamente estamos libres), tal organización, y no por que estuviesen baja la presión de una vigilancia férrea, al contrario, la única indicación que escuché por los altoparlantes fue que los buses estaban listos para partir al sitio de los juegos. Al regresar a Managua, me detuve frente a una cancha de futbol, donde el juego se desarrollaba con toda normalidad, uno, enterado de quiénes eran los jugadores, podía observar en la lejanía a las personas que vigilaban con una particular discreción a los privados de libertad y sus barras, que con gallardía de atletas y con la energía y entusiasmo que produce el deporte, ofrecían al público lo mejor de ellos.

El día terminó con el reconocimiento de los atletas ganadores, quienes recibieron medallas, trofeos y muchos aplausos, iluminados por muchas caras contentas y felices por sus logros, y aunque había manifestaciones de cansancio, propias de esta jornada bajo un intenso sol tropical, no había caras largas por falta de premio. Este tipo de competencias les da una excelente oportunidad de comunicarse, competir sanamente, acercarse a sus compañeros, que aún teniendo una “lucha de gladiadores”, les daba la oportunidad de conocerse a través del lenguaje universal del deporte y la hermandad en Cristo.

Este año, el Sistema Penitenciario Nacional cumplió 30 años, aniversario que cada 24 de septiembre es celebrado con la Jornada de Sacramentos, este Campeonato Deportivo y otras actividades. También es el día de Nuestra Señora de la Merced, patrona de los privados de libertad, celebrada desde el siglo XIII, época que, en su nombre, fue fundada la Orden Religiosa de los Mercedarios.

Un pasaje de la Biblia y unas reflexiones, para compartir con mis amigos privados de libertad y los que estamos supuestamente libres y hemos optado o por ser esclavos de las demandas frívolas del mundo o por estar en la gracia del Señor: Cristo nos liberó para ser libres. Manténganse, pues, firmes y no se sometan al yugo de la esclavitud (Gálatas 5:1). Así el evangelio de Cristo ofrece liberación de todas las presiones, de todo pecado, de todo temor, derrota y esclavitud, de los opresores, de las enfermedades, de la pobreza, del sufrimiento.


*CPA y Maestría en Administración Pública
arnoldormartinezr@hotmail.com