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En esta columna “Me queda la palabra” casi no me quedan palabras con las que referirme a lo que ocurre en Nicaragua: El lunes 19 de octubre la moral fue declarada “ilegal, ilícita e inexistente”. Monarcas y lacayos se han acostumbrado a hacer de nosotros los que le viene en gana. Desde el primer día de su entronización el monarca confirmó su despotismo, y pese a las críticas se quedó despachando en la oficina de su palacio-partido, llámese secretaría o residencia. Antes y después un rosario de arbitrariedades habían anunciado el nuevo estilo de oprimir. Herty Lewites fue tildado de traidor, por sus aspiraciones democráticas a la presidencia de la República, hasta el inaceptable final de su vida. Después de la asunción de los monarcas, sacralizaron rotondas e hicieron de la fe de los creyentes una pantomima. Los nuevos Reyes Católicos encontraron en el cardenal Obando su Cristóbal Colón, y se dieron a la tarea de evangelizarnos según el evangelio de Judas, quien esta vez entregó a Jesús con el beso de la reelección. Por eso nosotros los salvajes continuamos en el plan de colonizarnos, domesticarnos y salvar nuestras almas según el cristiano-socialismo que profesan los monarcas. Caupolicán es oligarca e imperialistas Diriangén y los caciques de la vieja casta. O nos convertimos o no seremos merecedores de conocer su cielo.

La extremaunción para los jubilados es la más novedosa expresión de la bondad de los monarcas: Se gravarán sus pensiones para que pasen más rápidamente a mejor vida. Ése es el premio de la pareja real al tiempo trabajado por quienes aspiraron retirarse con un mínimo de dignidad. La que les falta a Payo Solís, cómplice de la barbarie cometida, haciéndose el dormido, mientras Chicón Rosales lee el parto reeleccionista. Las fotos vuelven a hablar y ojalá que las conserven y hereden a su descendencia para que jamás olviden la clase de sátrapas que fueron sus progenitores. Todos los magistrados, sin excepción, son unos cínicos. El que crea no lo es, que lo demuestre renunciando a la ignominia que representa su cargo. Son cargos inmundos y nauseabundos en los que ya pasaron a la historia de la infamia. Es cierto que este descomunal golpe contra la Constitución de la República ya se veía venir y había sido denunciado, pero uno siempre alberga una esperanza sin fundamento. La esperanza de la no involución, en una oposición con agallas o en un milagro imposible. ¡Todo se ha consumado! En las fotos se ven los rostros de los magistrados que celebran la reelección que hicieron posible. ¿Se habrán dado cuenta que también celebran el regreso al infierno?
Herty Lewites, como muchos de nosotros, tuvo también esperanzas y sueños. Dijo que había nacido en una dictadura y no quería morir en otra. El destino, llamemosle hoy así a la tiranía en aquel momento en ciernes, se lo impidió. Pero la verdad es que somos muchos los que habiendo nacido en una dictadura nos resistimos a morir en otra. Pero nos vamos muriendo y la dictadura acaba de conseguir su reelección. Los magistrados acaban de consolidar la estirpe de la codicia. Peor estirpe que la sangrienta de los Somoza, porque ésta no aprendió nada de la historia y se convirtió en su sucesora.

Las Cortes de Nicaragua y la Asamblea son las afanadoras al servicio del pacto. Friegan y friegan el piso del país y por más que lo friegan siempre está sucio, porque mientras creen lampacearlo hacia adelante, lo van ensuciando por detrás. ¿Cómo van a poder limpiar si han asesinado la pulcritud? Ciento nueve alcaldes cortesanos son tan reelegibles como el propio monarca. Desde ahora en adelante en sus majestades tienen el ejemplo a seguir. El 17 de julio de 1979, porque Anastasio Somoza Debayle huyó del país, fue proclamado como Día de la Alegría. Ya son cada vez menos quienes recuerdan ese pedacito de historia, y si nos atenemos a la felicidad reflejada en los rostros de los magistrados, el nuevo Día de la Alegría es el 19 de octubre de 2009, en el que se acaba de proclamar el retorno de Somoza reencarnado en Daniel Ortega. El jolgorio de los Somoza comenzó cuando Anastasio Somoza García asesinó a Sandino. El lunes 19 de octubre volvieron a asesinarlo. Las afanadoras de la dictadura quieren borrar su sangre, confundida con la de Rigoberto, del piso. A nosotros nos tratan como lampazos. Nos creen lampazos. ¿Lo somos? ¿Nos llamamos lampazos?

luisrochaurtecho@yahoo.com