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El Kurdistán es una Región del Asia occidental, su extensión territorial es de más de 300 mil kilómetros cuadrados, habitada por el pueblo kurdo compuesto por más de 45 millones de personas que se encuentran disgregados en Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia (ex-Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

Pocas personas saben que se trata de la nación más numerosa del planeta sin Estado. El pueblo kurdo lleva más de 4000 años asentados en el corazón del Oriente-Medio y desde el albor de los tiempos lucha con tesón para no ser aniquilado por vecinos potentes y expansionistas.

El problema kurdo sigue siendo muy complejo, incluso a veces contradictorio, ya que como cualquier problema político es complejo y mucho más si sus actores están repartidos en muchos Estados.

Dinámicas sociales y políticas cambiantes modelan constantemente el accionar político de los actores a lo largo y ancho de esos Estados. Tienen como vecinos a armenios, turcos, persas y árabes siendo de origen ario lo mismo que los persas y a diferencia de los árabes semitas y de los turcos uralo-altaicos.

La diáspora se encuentra dispersa en Europa, con una población de más de 2 millones de kurdos, por lo que el problema se convierte en un problema europeo. La causa kurda tiene una “dimensión internacional con implicaciones para la paz, seguridad y estabilidad de Europa” (Resolución del Parlamento Europeo).

Por medio del Tratado de Sèvres (ciudad próxima a París, Francia), que fue firmado entre Turquía y los aliados, el 10 de agosto de 1920, se repartieron los residuos del Imperio Otomano entre: británicos, franceses e italianos.

En la Conferencia de Lausana (Suiza) del 24 de julio de 1923, se revisó el Tratado de Sèvres y las potencias europeas repartieron el Kurdistán en cinco partes, entre Turquía, Siria, Irak, Irán y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El primer ministro de Gran Bretaña de esa época (John Balfour), había prometido un “hogar nacional” al pueblo judío en la Palestina recién liberada y al kurdo un territorio para que construyesen su Kurdistán, pero sólo cumplieron con su primera promesa; al interior de sus respectivos países existían fuertes grupos de presión judíos económicamente poderosos y políticamente organizados, mientras que los kurdos no tenían quienes los defendieran.

Turquía ha practicado una sistemática política de genocidio en contra del pueblo kurdo, como lo hizo antes con el pueblo armenio (anterior al realizado por Hitler con los judíos), más de 50 mil kurdos han sido masacrados en los últimos tiempos por el ejército y la policía turca, ante la insensibilidad que se observa en los Estados Unidos y las potencias europeas, que cierran los ojos porque Turquía es un aliado poderoso de la OTAN, y compra armamento a EU, Alemania, Reino Unido, España y otros países de la región.

En este caso los intereses estratégicos y económicos están encima de la protección de los Derechos Humanos. Las potencias hegemónicas utilizan la duplicidad e hipocresía doble rasero que les ha caracterizado en sus relaciones internacionales. Los intereses estratégicos de las grandes potencias están representados, como en todos los países de Medio Oriente, por el petróleo.

El Kurdistán, con más de 45 billones de barriles de reserva, está situado como la sexta potencia mundial de petróleo crudo. “¡Pobres kurdos! Un pueblo desgraciado que vive encima de un océano de petróleo”. Lo que lo ha convertido en objeto de discordia y persecución de parte de países vecinos con poder y con ansias de despojarlo de su bien económico al que tiene derecho y que de hecho les pertenece.

Estas palabras reflejan las dificultades de unas tribus ubicadas en los confines del cuadrilátero compuesto por Irak, Irán, Siria y Turquía, una de las regiones más ricas de Asia menor. Perseguidos por turno por la casi totalidad de los Gobiernos de los Estados antes mencionados, los kurdos tuvieron que armarse de paciencia para defender su causa, también suscribir una ideología para poder afrontar la persecución política y las campañas de limpieza étnica llevadas a cabo por Ankara, Bagdad, Damasco y Teherán, utilizando el problema de los kurdos en beneficio propio.

Según opiniones de los analistas de política internacional, el único aspecto positivo de la presencia militar estadounidense en Irak estriba en el reconocimiento de la identidad nacional de los kurdos. Por otra parte, conviene señalar que el actual estado modifica las reglas del juego en la zona.

Sin embargo, Turquía persiste en resolverlo por medio de la represión indiscriminada y el genocidio, al igual que lo hizo con los armenios, sin que las naciones que se autollaman “civilizadas” hicieran nada por impedirlo. Turquía no renuncia ha emplear la presa Ataturk como arma política de represalia contra Siria. Presionando a este país a retirar su apoyo a los kurdos; contener el flujo del Eufrates, lo que es otra forma de genocidio ambiental.

La solución para la cuestión kurda es política, y debería implicar el reconocimiento de los derechos civiles y culturales de los kurdos en todos los países de la región en donde se encuentran dispersos y la creación posterior de la República de Kurdistán.

Surge una incógnita: ¿Por qué la OTAN no ha bombardeado Turquía por practicar sistemáticamente la limpieza étnica y el genocidio contra el pueblo Kurdo, y sí estuvo presta a hacerlo en Serbia por la cuestión kosovar? La respuesta es simple, porque Turquía es aliada de la OTAN y su territorio sirvió para estacionar cohetes de corto y medio alcance en contra de la ex-URSS; porque es parte de la estrategia ofensiva de la OTAN dominada por los anglosajones y liderada por los Estados Unidos de América.

Turquía, lo mismo que Irak, ha hecho caso omiso a los tratados internacionales sobre Derechos Humanos y ha exterminado a los kurdos en un silencio cómplice de la comunidad internacional. La causa kurda ha sido manejada por las potencias imperialistas con un oportunismo cínico, apoyándola y utilizándola de acuerdo a las circunstancias del momento, a su propia conveniencia.

La OTAN se ha convertido en una Alianza ofensiva, con pretensiones de policía universal, que aplica sus principios selectivamente y de acuerdo a sus intereses hegemónicos. Los intereses estratégicos de las grandes potencias están representados, como en todos los países de Medio Oriente, por el petróleo.

Por otra parte, la plana mayor del ejército turco, partidaria de la intervención militar sistemática en el Kurdistán, ha modificado recientemente su estrategia, por oportunismo. Sin embargo, ello constituye un paso adelante hacia la normalización de las relaciones entre el establishment de Ankara y la etnia demonizada durante más de tres décadas.

Los turcos parecen dispuestos a aprovechar el boom económico de esta región fronteriza, donde la construcción inmobiliaria está en pleno auge, al igual que la ampliación del comercio de bienes de consumo.

Fuera del ámbito meramente local, cabe destacar la presencia en el Kurdistán iraquí de universidades norteamericanas y libanesas, representaciones de grandes empresas israelíes y alemanas o de grupos franceses y españoles. Todo ello, merced a la bonanza derivada de la industria petrolífera. Al final, la maldición de vivir encima de un océano de petróleo se podría convertir en una ventaja.


*Diplomático, jurista y politólogo.