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“Yo me haré morir
con los pocos que me acompañan,
porque es preferible
hacernos morir como rebeldes
y no vivir como esclavos”

Augusto Calderón Sandino

Yo pecadora, me confieso ante ustedes, porque aun siendo quien soy y viniendo de donde vengo, juro que ningún dios sobre esta tierra me obligará jamás a aceptar la sumisión como estricta forma de vida. ¿De dónde salieron las banderas Roja y Negra aquella mañana de Octubre? ¿Quién dijo que fue necesario agitar nuestras banderas para convencer a la gente de que aquella era también nuestra lucha?

Nunca fue necesario presenciar en la “Tarima de Babel” aquella malograda coreografía de diversidades políticas y protagonismos ridículos. Allí lo único que se percibió fue la desesperación por confesarse culpables ante las consecuencias de las absurdas negociaciones políticas, donde los últimos en ser tomados en cuenta son los perjudicados, en este caso, la educación pública superior.

Nunca me he sentido tan orgullosa de trabajar en una universidad pública como ese caluroso 29 de octubre. Ahora es cuando empiezo a recoger los frutos de mi esfuerzo. Ahora es cuando puedo ver por vez primera los resultados de haber trabajado durante toda la vida, con la más efectiva de las armas: La razón.

Durante los años 90 fue diferente. Éramos la oposición y luchamos contra un enemigo antagónico desde tiempos inmemoriales: la derecha. Hoy, en la plenitud de este triste 2009, cuando llevamos ya tres años sin disfrutar tantas bondades del gobierno que con tanto esfuerzo y sacrificio hemos colocado de nuevo en el poder. No podemos permitirnos que se vuelvan a cometer los mismos errores. Vamos a gritarlo una y otra vez. Vamos a gritarlo bien duro, como decía Leonel Rugama. Vamos a gritarlo en esas aulas insurrectas y rebeldes donde se ha incubado este gobierno y el gobierno de los años 80, y seguramente todos lo gobiernos que debamos buscar para encontrar la justicia social que tanto reclama este pueblo sufrido.

¡Gracias a la vida que nos ha dado tanto! Nos dio el pensamiento y nos sigue dando el canto. Nos dio este par de ojos para distinguir a la perfección el negro del blanco. Nos dio la razón para entender claramente el más amplio significado del Rojo y el Negro, ahora, mañana y siempre. No subestime la inteligencia Daniel, presidente de los pobres. Lo admiro, todavía respeto su inmensa capacidad política.

Algunas veces hasta he llegado a entender que usted ha sido el más hábil en jugar este ajedrez de la política nacional. Por favor, el jaque no es para el peón. No intente con esa jugada.

Qué lástima, de verdad, me dio ver a Edwin Castro recibir tremendo bolsazo (por cierto, el francotirador que le acertó estaba justo a mi lado), sin embargo, no puedo negar que aun le quedan sus huevos al hombre. Recordé a su padre sin haberlo conocido, allí se mantuvo firme con su discurso encendido, llamando a la unidad, jurando por “todos los santos” que la bancada sandinista apoyaría el veto del presidente. Todavía te queda Edwin, el temple del estudiante revolucionario que un día fuiste, igual que el chavalo que te acertó el bolsazo en tus lentes de lujo.

Celebré, lo confieso, aunque al leer este escrito Edwin Castro me maldiga junto con toda mi casta. Lo celebré, brinqué, bailé, ay, ay, ay ay, ay, ay ay… porque un sistema de violencia con violencia se derriba... Que nunca se te olvide Edwin Castro.

Ya no recuerdo cuantas veces entonamos esa canción en los años 80. Una mezcla extraña de sentimientos confundió mis sentidos a la hora del bolsazo. Recordé a Andrés Castro, recordé al emblemático guerrillero lanzando aquel Molotov durante las cruentas batallas insurreccionales. Volví a recordar al padre de Edwin y me volvió a dar lastima del ridículo al que fue expuesto, y volví a sentir orgullo por su inquebrantable serenidad.

Espero que algún día leas este artículo, y espero que la pensés varias veces a la hora de negociar con esos cabrones carroñeros de la educación superior, en este pobre país, donde las universidades como la de Mario Valle solo sirven para enriquecer los bolsillos de sus dueños, cuyos emisarios se plantan cada año a las puertas de nuestras universidades, para ofrecer a quienes no logran clasificar, el ingreso sin el incomodo examen de admisión por un módico precio. Por favor Edwin Castro, no permitas que tus relevos te vuelvan a dejar con los labios como de “Perrozompopo”.