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Uno de los militares patriotas más sobresalientes en la lucha por la libertad de Nicaragua en los años 50, fue sin duda el comandante Julio Alonso Leclaire (1910-1961), quien luchó contra la dictadura de los Somoza, en una época en que la única opción para el cambio era la lucha armada.

El legendario Julio Alonso, como le llama Chuno Blandón, inicia su trayectoria de patriota tras el golpe militar de Somoza en el 47. A partir de entonces figurará en los distintos movimientos armados que se levantaron contra Somoza y en el entramado de muchas conspiraciones que se tejieron en el exilio: la Legión del Caribe, los sucesos el 4 de abril y la conspiración de Rigoberto López Pérez; luego tomará las armas al lado del Gral. Ramón Raudales y a la muerte de éste, pasará a convertirse en el principal continuador de su lucha, dirigiendo uno de los movimientos guerrilleros más exitosos de su tiempo: El Frente Revolucionario Nicaragüense (FRN) y la “Columna 15 de Septiembre”, nombrada así en homenaje a la fecha de la independencia centroamericana.

Una de las operaciones militares más exitosas del movimiento de Julio Alonso fue la invasión armada que dirigió a mediados de octubre de 1959 -“la invasión de los barbudos”- y que penetró hasta la profundidad del territorio segoviano, tomándose exitosamente tres poblados: Santa Clara, Susucayán y Quilalí, una verdadera proeza guerrillera para la época ya que hasta entonces ningún movimiento rebelde lo había logrado. Como sabemos, las incursiones del Gral. Raudales (Septiembre 58) no alcanzaron llegar hasta ningún poblado y los intentos de Lepaguare (abril 58) y El Chaparral (junio 59) fueron abortados en el mismo territorio hondureño.

La columna “15 de septiembre”, al mando de Alonso, compuesta por unos 50 hombres bien armados, entre ellos una decena de internacionalistas cubanos, tomó Santa Clara el 19 de octubre, de ahí avanzó, a bordo de varias vehículos, hasta Susucayán; en el trayecto secuestraron al norteamericano Jack Kirschner; una vez tomado Susucayán el 21 de octubre, la columna continuó su rápido avance y tomó la ciudad de Quilalí el 22 de octubre, un hecho que no volvería a repetirse sino hasta los sucesos de Jinotepe y Diriamba (1960).

Para tener una idea de la envergadura de las acciones, basta citar que la Guardia Nacional lanzó en su persecución una tropa de 200 hombres del Batallón de Combate Gral. Somoza y desplegó un escuadrón de seis aviones de combate, Mustang y T-33 de la FAN, los que bombardearon el Cerro Chachagua, por donde se retiraron los rebeldes.

En total, la columna sólo tuvo cerca de diez bajas entre muertos y heridos. Los muertos en acción fueron cinco aproximadamente: Gregorio Iglesias, Celso Vásquez Martínez “Mexicano”, Lorenzo Punzet (cubanos), Salvador Castro y William McCoy. Hasta donde se sabe, sólo hubo un herido, Simón López y seis capturados vivos, de los cuales sólo a cuatro –los capturados por el capitán Félix Roberto Guillén- se les respetó la vida para presentarlos a una Comisión de la OEA, ellos son: Capitán Alberto Blanco Gomariz, Ricardo Mendoza Bello, Sergio Martínez Montipierre (cubanos) y Gustavo A. Espinoza (hondureño).

Los otros dos capturados fueron José Santos Rodríguez (1941-1959), de Ocotal, y el poeta José Juárez Espinoza (1926-1959), de Estelí, a quienes pasaron por las armas de la manera más criminal y cobarde. José Santos fue ejecutado el 28 de octubre en el sitio Las Ángeles, Murra, y el poeta José Juárez, capturado en Las Congojas, luego de torturarlo y golpearlo con saña inaudita, lo llevaron por más de cien kilómetros, exhibiéndolo amarrado a la llanta de un “jeepón” para disuadir y atemorizar a la gente de la zona, para que no apoyara a los rebeldes, y por último, al cabo de diez días de martirio, lo fusilaron en Loma Chata, El Corozo, jurisdicción de Jalapa, el 3 de noviembre del 59.

La lucha contra la dictadura fue abonada con la sangre de varias generaciones de patriotas como la de Julio Alonso, que en su respectivo momento supieron estar a la altura del momento histórico que les tocó vivir.

No hay forma posible de aprender a valorar y defender la libertad, si no es conociendo lo que costó conquistarla. A 50 años de aquella gesta del 59, el ejemplo y el legado de Julio Alonso y de los patriotas que dieron su vida por la libertad y la democracia en Nicaragua, sigue presente e imborrable en la memoria de su pueblo.


*Historiador nicaragüense.

E-mail orientbolivar@hotmail.com