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La intervención yanqui no creó en Nicaragua un ejército para una familia, sin embargo, en el corto período de diez años, lo que nació como La Constabularia y terminó como Guardia Nacional de Nicaragua (GN), pasó bajo el dominio absoluto de Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía, y luego de sus hijos, de acuerdo con un estudio del Capitán GN Justiniano Pérez en su libro “Semper Fidelis”. Si diez años tardó “Tacho Viejo” en controlar a la GN, el Presidente Daniel Ortega podría llevarse el mismo tiempo, o menos, para someter al Ejército de Nicaragua, si eso fuera posible. Es decir, la otra opción es que ni en cien años. Los militares sabrán qué hacer.

Ya van tres años de gobierno y seguramente el Comandante Ortega habrá avanzado en sus no ocultos propósitos de subordinar al Ejército de Nicaragua. No le ha importado disimular. En cada acto oficial de la institución castrense, finaliza con una consigna partidaria, ante la sonrisa cómplice de varios de los altos oficiales y cierta seriedad de los más recatados o más conscientes de la importancia estratégica para la Nación, de que las fuerzas armadas mantengan y desarrollen su profesionalismo e independencia de los partidos políticos y de cualquier otro grupo de poder.

Recientemente, en el programa televisivo IV Poder, en el que varios periodistas discuten sobre los principales temas noticiosos de la semana, recordé que el proyecto político autoritario y excluyente de la cúpula de familiares y amigos que controla al Frente Sandinista, fue expuesto de manera rotunda y transparente en la televisión cubana por el propio Presidente Daniel Ortega, cuando se explayó en argumentar las bondades del sistema de partido único. Entonces el colega Adolfo Pastrán dijo que en ese mismo programa habían discutido ese tema y que llegaron a la conclusión de que una dictadura partidaria era imposible de instaurarse en Nicaragua.

También podríamos creer imposible, de no haber sucedido, la operación clandestina, cuasimilitar, en la que magistrados judiciales subordinados al Presidente de la República, a salto de mata, envueltos en banderas rojinegras, dieron un golpe de mano a la Constitución, y en dos días, a una velocidad de vértigo, eludiendo a sus pares liberales, recibieron un cuestionado Recurso de Amparo, le dieron trámite, lo estudiaron, convocaron a las partes, y emitieron una nefasta resolución que como por engendro del Diablo o por milagro de Dios, en un instante cambió la Constitución Política de Nicaragua, haciendo realidad el sueño del Comandante Daniel Ortega de poder correr por sexta vez como aspirante a la Presidencia, y si consigue los votos, o se los apropia, ejercer por tercera vez la primera magistratura de la Nación.

No hay nada imposible. Como Somoza con la Constabularia, también el Comandante Ortega, podría lograr el control del Ejército, y quizás no necesite diez años, como el tirano al que está emulando, lo cual sería el jaque mate para que una nueva dictadura se enseñoree sobre la apabullada Nicaragua. Ya tiene casi subordinada a la Policía Nacional, donde quedan algunos reductos de digna resistencia, encabezados por su actual Jefa, la Comisionada Aminta Granera. ¿Pero después de ella?

Ya ven lo que ocurre con quienes intentan manifestarse en las calles. Los garrotean ante la pasiva presencia cómplice de la autoridad policial que debería protegerlos. Después, las denuncias se pierden en prefabricados abismos bucrocráticos, y los culpables vistos en videos y fotografías, siguen impunes, y actuando, como el cobrador de la Alcaldía de Managua, “El Gato”, que con dos esbirros más, persiguió a una activista de la Coordinadora Civil, la amenazaron, la golpearon cobardemente y le fracturaron un brazo. Él había estado en los predios de la Catedral agrediendo, entre otros, al colega Mario Sánchez.

Aunque no tenemos un reinado o monarquía, el Poder Ejecutivo es poderoso, y el Comandante Ortega sabe usar las herramientas de que dispone, como lo ha demostrado fehacientemente para controlar todos los poderes del Estado, incluso aquellos con mayoría o participación igualitaria de liberales --herencia del desdichado pacto con Arnoldo Alemán--. Hasta la Asamblea Nacional, con mayoría “opositora”, es presidida por el Frente. ¿Cómo es posible? Se las han ingeniado para tener siempre la mayoría en las votaciones. ¿Cómo hacen? ¿Cuál es la magia? A punta de corrupción. Comprando y comprando. En esto también emulan a la dictadura somocista.

Un desafío al periodismo nacional no oficialista, por supuesto, sería develar la presencia en cargos gubernamentales, incluyendo los diplomáticos, y en las empresas de la nueva oligarquía, de familiares de los supuestos opositores que están en los diferentes poderes del Estado ¿Cuántos parientes de diputados liberales están en el gobierno, o de magistrados liberales de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo Supremo Electoral, de la Contraloría, de la Fiscalía, etcétera? Aquí se reparte a diestra y siniestra para comprar voluntades. La misma “P”, de plata, que usaba Somoza para disuadir y atraer a sus adversarios. Y también usan la misma “P” de palo: “Tacho Viejo” y Tacho Hijo”, con las hordas nicolasianas, y el Comandante Ortega, con sus fuerzas de choque de empleados públicos, ex combatientes y pandilleros pagados.

Los voceros del grupo que controla al Frente justifican con varios argumentos, todos bajo un mismo sentido: el cinismo. Pareciera que no les importara nada. Actúan como Atila, dejando a su paso un reguero de cadáveres, columnas de humo, llanto y devastación. No les preocupa ser percibidos como violadores de la ley. Ya no hay recato ni vergüenza. No importa atropellar. No interesan las reacciones locales ni del exterior. Lo que vale es avanzar, a como sea, en la instauración del modelo autoritario y excluyente, ésa es la lógica. Las otras voces no cuentan. ¿Democracia? ¿Para qué?

Las ansias de poder del Presidente Ortega están desbordadas, no reconoce límites, y donde los hubiera, como en el artículo 147 de la Constitución, serán eliminados. Dos veces ha sido Presidente, y antes era parte de la Dirección Nacional que dirigió de manera colegiada los primeros años de la Revolución Sandinista. Antes de su última elección, decía que quería una nueva oportunidad para demostrar que él podía hacer un buen gobierno, porque en la primera, la guerra se lo impidió. Ya lleva tres años en su segundo mandato, pero quiere más. ¿Por qué quiere seguir mandando?

La personalidad autoritaria no reconoce la capacidad de los demás, incluso de su propio círculo de poder partidario, lo cual explica, en parte, esas ansias de continuidad del Comandante Ortega. Y aunque tenga a leales que pudieran ejercer el cargo bajo su supervisión, su desconfianza lo ciega, y prefiere estar él a la cabeza, aunque una opción sea su propia esposa. No admite que haya otras generaciones de líderes en el partido que sean capaces de asumir el relevo histórico. Se sacrifica a los cuadros, a las promesas, al futuro. El somocismo va tomando cuerpo en lo que se suponía era su antítesis.

Los Somoza también hicieron fraude y robo electoral. La cúpula que dirige el Frente también tiene su propio expediente en este sentido: primero, dos veces le robó las elecciones internas a varios de sus propios militantes. Candidatos con cientos y hasta miles de votos de ventaja, en pocas horas vieron cómo se trucaron los números a favor de los ungidos por los de arriba. Varios de ellos se salieron del Frente, humillados y decepcionados. Después, no pudieron garantizar comicios municipales honestos, y candidatos ganadores en las actas de los comités municipales de Jinotega y Masaya, por ejemplo, al día siguiente fueron despojados en el nivel departamental. Antes ya habían hecho fraude en Granada.

Con estos antecedentes, si ya sabemos que este gobierno no puede garantizar que los votos sean contados correctamente, y, por otro lado, de manera arbitraria le da paso a la candidatura del Comandante Ortega, entonces, como dos más dos es cuatro, ya sabemos cuál será el resultado de los próximos comicios: el actual Presidente será reelecto. Y se consolida la nueva dictadura. Quizás después sigan su esposa o sus hijos. Hay un oleoducto de petrodólares para financiarlos, mientras no pase a control estatal la cooperación venezolana, como debería ser. Estas son las razones por las cuales debemos tomar muy en serio lo que está ocurriendo en Nicaragua.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com