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Cuando recibí la invitación para asistir al Concierto La insurrección de las voces, no pude dejar de recordar aquel tiempo en que los muchachos y muchachas de extracción pequeño burguesa, proletaria, y burguesa, sin importarles la raza y el estatus social, juntos, se dieron a la tarea de enfrentar el hambre, la amenaza constante, la represión en todos los niveles, la posible reelección del Presidente Anastasio Somoza que encarnaba la perpetuidad de un imperio familiar en Nicaragua.

La insurrección de las voces es la sobrevivencia de una historia más allá de cualquier discurso. Este concierto aviva evocaciones de la capacidad efectiva de un bloque conjunto de personas, que se fue creando en medio del repudio popular, y que dio como respuesta legítima el alzamiento de un pueblo.

En ese marco, el Grupo Pancasán empieza a cobrar cuerpo; fue entre finales de 1974 y mediados del 75 que afloró la fuerza de estos universitarios agrupados en la música y la poesía, tiempo en que comienzan a delatar a través de su canto, el carácter de la lucha de una población desesperada por desarticular el caudillaje familiar del gobierno.

Una leyenda viviente vuelve a la arena para festejar sus 35 años; el Grupo Pancasán regresa con la profundidad de sus voces y sonidos de guitarras. La insurrección de las voces nos llevará como hace tres décadas atrás, a la energía y dinámica de tres hombres y una mujer que viven y sienten en su interior una reseña de muchas noches sin tiempo.

Marcando otra época, es un cántico que hace el llamado a cambios de actitudes frente a la represión, al enriquecimiento ilícito, a la amenaza constante, el hambre y la sobrevivencia de un imperio familiar. La insurrección de las voces es una verdadera colección de temas que nos acercan a la experiencia real de mujeres y hombres que manifiestan las imposiciones de una dictadura, canciones que se entonaron en las protestas, y que rememoran cómo cambiamos el catastrófico rumbo que llevaba a Nicaragua al caos, pero también son canciones que reflejan las imágenes de un mundo de sueños, de cambios, canciones que sienta las bases para afirmar que con el tiempo y en el tiempo no han perdido vigencia y son baluartes de la música nacional.

Los comienzos del grupo representan una transición, varios músicos formaron parte de la vivencia de Pancasán, todos ligados a las actividades del movimiento estudiantil a través del FER: entre los que recuerdo, Salvador Baltodano, Martha Sandoval, Laura Amanda Cuadra (muerta en un accidente en 1980), Danny Montenegro, Freddy Aguirre (caído en el Frente Sur en el 79), Patricia Mulligan (fallecida hace unos años) y Bertha Rosa Guerra, hasta que se establecen como fundadores, con voces potentes y guitarras al frente, conceptos, composición y arreglos: Marlene Álvarez, Agustín Sequeira, Martín Fonseca y Pancho Cedeño, que más allá del nombre y mi cariño por él, un excelso pianista con calidad de exportación; los cuatro son los que grabaron en 1978 el primer disco que cuenta, entre otros, con poemas musicalizados como La Hora 0, de Ernesto Cardenal, Pancasán letra y música de David Mcfield, y Estas mismas manos, de Pancho Cedeño.

El reencuentro con La insurrección de las voces es el 7 y 8 de noviembre, en el Teatro Nacional Rubén Darío, a la 7 pm., para recordar siempre, y para nunca olvidar.


*Escritora y poeta