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A fines de la década del 90 e inicios de 2000, Estados Unidos ideó una estrategia para combatir el narcotráfico en las áreas de producción de cocaína en Sudamérica y escogió como socio en esta empresa a Colombia. El propósito de esta estrategia denominada Plan Colombia era erradicar el narcotráfico y a la vez combatir a los grupos insurgentes. A 10 años y después de haber gastado más 7 mil 558 millones de dólares cabe la interrogante de si se ha logrado el propósito principal de dicho plan.

Las paradojas de las estrategias antidrogas desplegadas en la dirección suramericana se muestran en los resultados alcanzados, los que son disonantes con la proporción de recursos invertidos.

* Actualmente, en Colombia se siembran 144,000 hectáreas de coca, contrario a las 81,000 de la década del 90, e irónicamente, la proporción de drogas consideradas en tránsito hacia los mercados de consumo en 1999, cuando comienza el Plan Colombia, era de 600 toneladas anuales, hoy en día (2009) es más del doble (1,450 toneladas), de la que se abastecen unos 30 millones de consumidores norteamericanos.

* Inicialmente, el Plan Colombia era un importante elemento de las negociaciones de paz y formaba parte de los acuerdos entre las FARC y el Gobierno. Pero Estados Unidos, interesado no en la paz de la región sino en el supuesto combate a las drogas intervino, argumentó participación de la guerrilla en la industria de las drogas y logró negociar un nuevo Plan Colombia, sin el consentimiento ni la consulta al Congreso Colombiano. Washington le dio el perfil de una estrategia de guerra, con lo cual consiguió hacer descarrilar el proceso de paz.

* Un informe de 1999 -(http://www.tni.org/detail_page.phtml?page=archives_tblick_biowar) acogido por el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID) y el Ministerio de Medioambiente Colombiano- criticó abiertamente que las fumigaciones aéreas con el herbicida glifosato (también conocido como Roundup, producido por Monsanto) causaba un gran impacto social y ecológico en las zonas de la fumigación de cultivos ilícitos en Colombia.

* El mismo informe puso en tela de juicio la eficacia y las repercusiones de los programas estadounidenses de interdicción aérea y naval en los países productores en América Latina.

* El precio de la cocaína en EU, uno de los principales consumidores del alcaloide latinoamericano, cayó hasta en 36% en 2007. Según John Walsh, jefe de la sección sobre política de drogas de la Oficina en Washington para América Latina las “evidencias disponibles indican que los precios en baja y la pureza en alta de la cocaína son provocados por una oferta robusta y continua del alcaloide y no por un colapso en la demanda”.

* A través de la base de Manta, Ecuador, (2002 -2009 con inversión de 80 millones de dólares) se empleó tecnología de avanzada como aviones de exploración estratégica “E3 Awacs” y “Orion P3”, los cuales realizaron unas 500 misiones al año de intercepción de comunicaciones, identificación de barcos y aviones por sistemas satelitales, obteniendo como resultados la incautación de 80 toneladas de cocaína, contrario a las 1,758 toneladas que en este mismo período incautaron unos (12) países latinoamericanos que no contaban con la capacidad instalada en Ecuador.

* La lucha antidrogas desarrollada por México entre 2007 y 2008, sin contar con el Plan Mérida financiado por los EU, logró incautar a los carteles de la droga, según informe de la Procuraduría General de la República de agosto-09, 52 mil armas, de las cuales 32 mil 760 del tipo AK-47 y AR-15, siendo cinco veces más del total de armas capturadas a las FARC en 2008 a través del Plan Colombia.

* Las políticas contra los estupefacientes formuladas desde una perspectiva de “guerra contra las drogas” también han afectado a las instituciones democráticas y los derechos humanos.

* El fracaso de la política de drogas de Washington, es evidente. La región muestra serios retrocesos y una dinámica de afectación creciente de la gobernabilidad e incremento en los niveles de corrupción. Esta situación se presenta por igual tanto en regímenes que le han apostado a una aplicación rigurosa de la estrategia de Washington (Colombia), como en gobiernos que han manifestado retóricamente estar en contra de la implementación de la estrategia de Washington.