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En el Palacio Real yacen apilados por doquier sendos sacos repletos de medallas y órdenes reales con que los monarcas gustan de premiar y atraer a sus cortesanos. En el rincón que en el inodoro queda cerca de donde está enrollada higiénicamente la Constitución de la República, queda un saquito semivacío con una etiqueta que dice: “Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío”. Tal fue la repartidera de esa orden que prácticamente se agotó y los monarcas se vieron en la necesidad de inventar otras, como la “Renán Montero”. La verdad es que quienes no reciban órdenes de los monarcas, pasarán a la posteridad con ese mérito. En cambio, quienes las hayan recibido o reciban en el futuro, llegará el día en que avergonzados tendrán que repudiarlas. No entiendo ni quiero entender cómo estos monarcas compradores de dignidades, no se percatan de que la orden definitiva la otorga el destino: “Orden Máxima de la Mortalidad Inevitable”.

Con sólo lo que llevo escrito me doy cuenta de que a mí, salvo ésta última, nadie en Nicaragua me otorgará ninguna orden. Mejor, porque nunca me ha gustado que me den órdenes. Aprovecho la ocasión para con orgullo hacer constar que jamás he recibido reconocimiento alguno de ningún gobierno de mi patria, y que quiero morir con tan enaltecedora pulcritud. Con la excepción del de la Violeta, han sido tan malos, peores y pésimos todos los gobiernos que me ha tocado padecer, que he llegado a imaginarme que si hay cielo e infierno, el peso de tales medallas no sólo impediría, por la liviandad del ser, una tranquila ascensión, sino que al contrario, como un lastre punitivo, facilitaría un precipitado descenso. Desde luego, parto de la idea generalizada de que el cielo está arriba y el infierno abajo, aunque para algunos, según el cristal con que se mire, ambos lugares son asignados hoy en el Palacio Real de los monarcas, con la innovación de que sus excelsas majestades mandan al infierno a quienes se comportan dignamente y al cielo a los indignos. Cielos e infiernos muy Socialismo del Siglo XXI y propiedad de los monarcas al mejor estilo del ALBA, del INSS, del Hotel Seminole, de la Asamblea Nacional, de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo Supremo Electoral y de cuanto sobre la tierra produzca dividendos políticos o económicos. Todas éstas son pequeñas escalas técnicas para llegar al cielo de la reelección. Porque la celestial de los monarcas es una dimensión aparte, mientras a Nicaragua entera le toca la del infierno.

Entonces es cuando siento olor a azufre y que me estoy quemando, y sigo sin entender cómo es que seis magistrados de la Sala Constitucional emitieron el Día de la Alegría la “Sentencia 504”, que reforma la Constitución para obsequiarle al monarca su ascenso a la perpetuidad vía reelección. Pero menos entiendo cómo es que los magistrados liberales alegan inocencia en dicha resolución, al punto que el propio Presidente de la CSJ, en un alarde de “honestidad”, la tilde de lo que es: “Una aberración jurídica”; en mi ignorancia, igual al pacto que amarra a danielistas y alemanistas al ejercicio de la política como antípoda de la ética. ¿Si los magistrados liberales fueron sorprendidos por la perversidad de sus colegas y hermanos danielistas, por qué no estremecen ese nido de ratas anulando la atrocidad de esa resolución? No entiendo por qué, si en realidad son dignos, no pueden hacer una maniobra igual a la que les hicieron. Ni quiero entender, si es que no pueden anular dicha resolución, por qué no han renunciado a sus cargos en señal de protesta por haber sido engañados, burlados, sorprendidos o como quieran llamar a ese hecho bochornoso que hoy los obliga a querernos vender la mentira de su dignidad.

No tan mentirosos son los danielistas, pues ya superaron esa etapa y están en la del cinismo. Se saben culpables y corruptos, y les pasa la de los chompipes que cuando levantan con soberbia su plumaje, enseñan el culo. Como siempre que actúan mal, antes de que nadie dijera pío, como en el caso de la reelección para el monarca, ya habían llenado las rotondas del descaro con los humillados de la tierra. No entiendo cómo pasaron por alto que con aquellas acciones amedrentadoras, estaban reconociendo que las inhibiciones del ciudadano Presidente para ser reelecto Presidente y la vulneración de sus derechos de monarca, según ellos “recuperados” con aquella resolución atroz “escrita en piedra”, eran una solemne mentira que sólo puede mantenerse con una represión tan perpetua como sea la dictadura de sus altezas. La represión que ya cuenta con un “Plan de Terror” y víctimas que demuestran su existencia. El plan que nos está diciendo que la Policía, como seguridad y protección del ciudadano, agoniza y está siendo suplantada por la Gestapo de la dictadura. El plan de los humillados de la tierra amenazados con perder sus trabajos en el Estado si no amenazan o agraden a sus hermanos nicaragüenses. El plan de la discordia y el odio. No entiendo ni quiero entender cómo podremos tolerar todo esto sin que exploten nuestras conciencias.

luisrochaurtecho@yahoo.com