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La periodista y dirigente del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM), Patricia Orozco, fue golpeada, esposada, lanzada a la tina de una camioneta y encarcelada algunas horas por agentes de policía el viernes pasado, en León, y como ella afirma: no es la primera ni será la última opositora a Daniel Ortega que es ultrajada.

Quienes la conocemos, estamos convencidos de que jamás va a doblegarse ante los atropellos. A sus cincuenta y dos años, enferma por diabetes y lupus, sigue firme como cuando adolescente lideró el movimiento universitario, se integró a la guerrilla sandinista urbana a luchar contra la dictadura somocista, luego a defender la revolución, y hace veinte años al movimiento feminista.

El MAM, del cual Patricia es una de sus fundadoras, fue la organización que respaldó a Zoilamérica Narváez en su denuncia por violación sexual contra Ortega, y ha mantenido una sistemática campaña a favor de la restitución del aborto terapéutico en el país, acto que fue criminalizado de común acuerdo entre diputados liberales y danielistas para congraciarse con las autoridades católicas.

El vejamen a la dirigente feminista es un caso más de transgresión a los derechos humanos por oficiales de la Policía Nacional, institución que poco a poco ha desechado los principios por los cuales fue concebida a raíz de la derrota de la dictadura somocista.

Sin embargo, silencio o respuestas nada convincentes ha sido la actitud de la Jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera Sacasa, ante los reclamos de una parte de la sociedad por la actuación incorrecta de la institución en las controversias por asuntos políticos, parcializándose a favor de los violentos partidarios de Daniel Ortega.

¿Ortega presiona a Jefa Policial?

Aminta ha deteriorado su prestigio desde que Ortega asumió la presidencia del país, pues ha sido incapaz de abordar con valentía y claridad los hechos que ponen en entredicho la alta estima con la cual la sociedad le valoró su desempeño.

En este país, altamente politizado, la mayoría de la sociedad consideró a la Primera Comisionada una de las personas con más credibilidad y popularidad, aventajando a Rosario Murillo, primera dama, quien lucha por alcanzar el más alto nivel de aceptación usando su poder omnipresente.

Podría ser conjetura, pero tal y como es la política, no extrañaría que la rectitud y notoriedad de Granera haya causado malestar al matrimonio Ortega Murillo, al resultar Aminta como favorita en el supuesto de que se presentara una campaña electoral compitiendo con Rosario por la presidencia del país.

Antes de que Ortega lograra certeza de disputar de nuevo la presidencia, pues la Constitución prohíbe la reelección continua, se mencionaba a su esposa como la próxima candidata del FSLN, de tal manera que Aminta sería, de darse el caso, contrincante de cuidado.

Además, a Daniel le conviene controlar y dominar al mando policial, pues el presidente no supera su estilo absolutista, confrontador y vertical, y así garantiza la inmunidad e impunidad de sus seguidores que agreden en las calles a los opositores.

Por tal razón, Ortega ascendió de cargo a varios jefes policiales que le obedecen, entre ellos al suegro de su hijo, aumentando su influencia en el máximo órgano de dirección policial; con el mismo propósito han decidido el retiro de varios altos mandos que fueron guerrilleros sandinistas, pero no comparten el caudillaje del presidente.

También, de esa manera, Ortega sujeta las investigaciones policiales por delitos económicos, para proteger a funcionarios que aprovechando el presupuesto público financian las actividades partidarias y aumentan sus cuentas personales como premio por su lealtad al danielismo.

La inoperancia de la Policía Nacional no se debe a deficiencia técnica o a que carezca de capacidad operativa, es producto de una voluntad política sujeta al presidente Ortega. Él, públicamente, orientó a la jefatura policial no intervenir en los enfrentamientos políticos callejeros, donde sus partidarios agreden a los oponentes.

Entonces, la Policía en el episodio no detiene a los danielistas que apedrean, patean, acuchillan, roban, a quienes manifiestan su rechazo al mandatario, y tampoco los investiga aun cuando las pruebas de las víctimas incluyen filmaciones y fotografías, con nombres y direcciones de victimarios.

Igualmente alrededor de una decena de periodistas han sido violentados por manifestantes danielistas, sin que la Policía haya detenido o investigado a los culpables.

Ella debe cuidar su prestigio

La posición de Aminta Granera es muy delicada, reconocemos debe ser prudente, y comprendemos las presiones a las cuales es sometida; sin embargo, su obligación es reflexionar sobre el rumbo que la Policía puede tomar si continúan sus miembros parcializados a favor de Daniel Ortega.

Es incorrecta la represión policial, pues promueve la rebeldía de quienes sufren maltrato o injusticia. La sublevación contra la Guardia Nacional y las políticas excluyentes e impositivas, durante los años ochenta, son ejemplos recientes de mucho cuidado.

La sociedad nicaragüense debería haber aprendido a debatir política, con argumentos y manifestaciones pacíficas, pero continúan los “líderes” vociferando discursos que promueven batallas sangrientas, creyendo que no les podrá afectar la violencia.

Si la Jefa de la Policía Nacional no se pronuncia ni corrige, ella fortalece actuaciones individuales y colectivas de oficiales que consideran deben ser activos o cómplices represores de adversarios al presidente Ortega, volviendo a convertir la institución en un apéndice político del mandatario.

En todo caso, si Aminta Granera se ve imposibilitada de mandar como debe, su opción digna es renunciar, contribuiría a la reflexión nacional, de lo contrario, además del daño que hará al país y a la institución, su prestigio será más empañado de lo que está ahora.

Ella puede aportar a variar el ciclo de las sublevaciones que destruyen más a Nicaragua, así como lo hizo en los poblados Las Maderas y La Paz Centro con su presencia ante la población enardecida a quienes les respondió como debió: responsable y convincente; y ganó considerable admiración y respeto.

La Jefa de Policía ocupa una importante posición, no solo por el cargo, sino por lo que la población espera de ella, para bien de este país y no de unos pocos políticos que se convierten en millonarios promoviendo la miseria y la barbarie.

Esperemos a escuchar qué dice.

*Director Centro de Comunicación y Estudios Sociales (CESOS)
http://sergiosimpson.ysublog.com