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“Han dejado de usar la inteligencia”. Esta frase del padre Arríen hizo salpicón la estrategia orteguista. El espantajo legal y la violencia de sus turbas son expresiones de una ortodoxia política que apela descaradamente al encefalograma plano. Estamos ante un FSLN que bajo las tinieblas de la codicia ha perdido el intelecto. Lejos de la luz de Sandino y del resplandor de su artífice principal, Carlos Fonseca Amador.

La inteligencia, la ética, la superioridad moral, el sacrificio o la modestia fueron virtudes predicadas con el ejemplo por el creador del Frente Sandinista. Su compromiso con Nicaragua le permitió algo que sus compañeros no captaron: medir con una “sensatez elemental” el poder de Estados Unidos para no practicar, según sus propias palabras, “un antiimperialismo ciego, sino un antiimperialismo responsable”.

Precisamente, la insensatez y la aplicación de un antiimperialismo ciego que condenaba a la Casa Blanca, pero alababa al Kremlin, fue lo que propició en parte la guerra en los años 80. Es polémico, pero estoy seguro de que Carlos Fonseca jamás hubiera permitido aquel enfrentamiento irresponsable, que destruyó Nicaragua y sacrificó inútilmente su preciosa juventud.

El fundador del FSLN predicaba el marxismo-leninismo como herramienta política, pero proclamaba que la revolución nicaragüense debía encontrar su propia identidad en una mezcla de doctrinas. Algo debió notar en el bloque socialista que le hizo insistir en que las relaciones con estos países deberían ser discretas, que permitieran “sin caer en diatribas, dar a conocer nuestra opinión sobre cuestiones que no aprobamos”.

Leer sus escritos hoy, sobre la Nicaragua de hace 40 años y la dictadura que la martirizaba, produce un raro efecto Déjà Vu. Fustigó el dogmatismo y la jactancia revolucionaria izquierdista. Definió como vicios del somocismo el enriquecimiento ilícito, el empleo de parientes y el ascenso de los incapaces. Dijo que el terror como sistema lo emplean solamente las fuerzas reaccionarias y que las riquezas del país no deberían ser un botín de pandillas explotadoras nacionales.

El ejemplo de Carlos Fonseca inspiró a hombres cuyo valor fue decisivo para forjar la victoria en 1979, patriotas de la estatura de Eduardo Contreras, Ricardo Morales o Leonel Rugama, gente con brillo, coraje y prestancia intelectual. Esa fue la categoría de las personas que moldearon el prestigio y el respeto por el Frente sandinista. Ellos nunca calcularon cuánto se merecían por ser héroes.

Muy pocas cosas en la vida son tan cercanas al cero como la comparación entre aquel Frente Sandinista y la pesadilla de hoy. Un cotejo indispensable si se toma en cuenta que los actuales dueños del FSLN se consideran los relevos de aquella generación, que según su fundador desafiaban en la clandestinidad el más despiadado terror, para crear una nueva Nicaragua donde la justicia y la libertad alcanzaran su pleno florecimiento.

¿Daniel Ortega es el relevo de Carlos Fonseca? ¿Se puede comparar a Wálmaro Gutiérrez con Eduardo Contreras? ¿A Leonel Rugama con Bayardo Arce? ¿Es René Núñez otro Ricardo Morales y Edwin Castro otro Julio Buitrago? ¿Humberto Ortega carga la mística de Germán Pomares y Rosario Murillo la de Arlen Siu? De acuerdo con la evidencia histórica, ¿con quién es comparable toda esta gente?

Daniel Ortega y su cúpula convirtieron el Frente Sandinista en la pesadilla de Carlos Fonseca. El orteguismo es un sistema parasitario y corrupto que no solamente se parece al somocismo, sino que lo supera. Todo es más grande y más numeroso. La corrupción, el robo, los rótulos, las mentiras, las mansiones, los autos (aunque sean Mercedes Benz), la ostentación, la maldad y la pobreza.

A 33 años del ruido de pájaros que predijo su muerte, como le cantan los versos de Luis Enrique. De que su sangre dulce floreciera en los malinches, lo llorara la montaña y el pájaro león, y que el lucero de la aurora sembrara el sudor de su frente para que el amor creciera en Zinica. Seguramente los usurpadores bajarán de sus lujosos autos hacia su desvencijada tumba para profanar de nuevo su nombre.

Desde allí también parece alzarse de nuevo su voz para acusar esta nueva dictadura y hacer las mismas preguntas. “Yo acuso a los cabecillas del gobierno somocista de asaltar a lo largo de treinta años al sufrido pueblo de Nicaragua para acumular millares de millones de córdobas”. Pero esta vez no va a preguntar de dónde han salido los barcos de la Mamenic, los aviones de La Nica, Montelimar, La fundadora, las diez mil casas y los trescientos latifundios, basta con que ahora pregunte de dónde salió Albanisa.