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Muchos líderes de América Latina, incluyendo el presidente venezolano, Hugo Chávez, han considerado que Colombia será el nuevo Israel de América. Pero, ¿cuáles son las premisas para llegar a esta conclusión?, ¿en qué basan sus argumentos?, ¿será que la presencia militar estadounidense incluyendo su política imperialista logré desestabilizar Latinoamérica tal como lo ha hecho en Medio Oriente desde Israel?
Veamos, la política de Estados Unidos hacia América Latina está marcada por dos temas esenciales, el petróleo y la relación con Colombia, de igual manera que en Medio Oriente (Petróleo e Israel).

Israel en el Medio Oriente se ha convertido en una plataforma de agresión en su entorno, volviéndola en un riesgo inminente hacia sus vecinos que no comulgan con EU. Igual percepción regional se hace de Colombia y más aún, las nuevas las bases militares gringas irradian una estrategia de diplomacia disuasiva contra gobiernos de izquierda y las posesiona próximas a recursos o fuentes naturales estratégicas a las cuales pretende mantener bajo dominio o control absoluto.

Israel juega un papel importante en la estrategia estadounidense en el Medio Oriente, es su principal aliado y recibe de manera preferencial armamento y tecnología sofisticada; recursos financieros hasta de 2,8 mil millones de dólares al año y el apoyo incondicional en caso de guerra y la garantía del veto de EU en contra de cualquier resolución de la ONU. Este esquema también podemos trasladarlo a Colombia: principal socio en América Latina en materia militar, recibe armamento sofisticado, tecnología militar e información de “Inteligencia en tiempo real” y transferencias anuales US$540 millones de dólares, y el compromiso estadounidense de asistirlo militarmente ante cualquier eventualidad.

Israel es una herramienta de Estados Unidos para minar el nacionalismo árabe y frenar el fundamentalismo islámico. Bogotá tiene como eje fundamental el supuesto combate al narcotráfico y al “terrorismo” de las FARC y lo hace aún violando la soberanía de otros Estados como el caso reciente de Ecuador. Además, desde Colombia Estados Unidos pretende frenar los movimientos populares emergentes en América Latina, y lo vemos en los constantes ataques político-diplomáticos contra Venezuela, Ecuador y Nicaragua, de los que dice son protectores de la guerrilla.

En materia de negociaciones de paz, cuando comienzan a concretarse pasos en Medio Oriente, Israel provoca movimientos bélicos que anulan las negociaciones. Este elemento operativo es similar al utilizado por Colombia cuando el presidente Chávez lideraba la liberación de secuestrados en manos de las FARC y mediante acciones ofensivas militares Bogotá dio al traste no sólo con la liberación, sino que también mató las negociaciones de paz que estaban surgiendo.

El nacionalismo árabe en contra de la presencia norteamericana en Medio Oriente lo veremos reflejado en el fundamentalismo marxista de las guerrillas colombianas, las cuales tendrán un motivo extra -la lucha contra el “yanqui invasor”- para permanecer armados, y no es de descartar que traten de hacerlos blancos en cualquier parte del continente.

Israel es incumplidor de las resoluciones de la ONU que han dicho en su mayoría que deplora, advierte, censura, exige y condena acciones como las constantes violaciones a los derechos humanos y políticos, adquisición de territorio mediante la guerra, su crecimiento militar y el empleo de bombas de fragmentación contra objetivos civiles. Tal situación la vemos también en Colombia criticada por su desesperada carrera armamentista (80 helicópteros Black Hawk, 25 aviones Super Tucano, transferencia de tecnología para la fabricación de 35 millones de cartuchos para fusil y ametralladora, tanques de guerra AMX 30, adquisición de aviones caza, suministro de bombas de alto poder, vehículos para vigilancia en carreteras, cursos para entrenamiento de personal y capacitación en sistemas de defensa y mucha más logística bélica adquirida en los últimos dos años), así como su ejército de casi medio millón de hombres armas con un presupuesto militar que supera el 6% de su PIB (22 mil millones de dólares anuales).

Ya no digamos de las constantes violaciones a las normas internacionales de derecho, que incluye la reciente invasión y ataque con bombas inteligentes a territorio ecuatoriano y la negativa de retirar sus buques militares del meridiano 82, en nuestro mar territorial, como lo manda la Corte Internacional de Justicia.

Pero por sobre todo, Colombia se ha adoctrinado de la política antiterrorista israelí, además de ser socios en temas de información de inteligencia y asesoramiento militar. Es su primer socio comercial en Medio Oriente, desde hace 20 años es uno de los países que más armamento le suministra y mantienen una constante evolución en cuanto a las relaciones políticas, tecnológicas, comerciales y militares.

La obsesión con la lucha antiterrorista, la queja del resto de países latinoamericanos de que Colombia está desestabilizando la región por su carrera armamentista, el irrespeto al ordenamiento jurídico internacional, la destrucción de la confianza mutua entre los Estados y la necesidad irracional del uso de la fuerza en contra de sus vecinos hacen que se acerque el día en el que Colombia cambie su nombre por el de “Israel de América”.